
En tiempos remotos y a punto de caer en el olvido, cuando los hombres tenían prohibido llorar, cuando un padre de Albacete le gritaba a su hijo en pijama que «el color azul es cosa de maricones», cuando un viaje en tren Madrid-Granada era más una odisea que una aventura, hasta el punto de que se consideraba casi una obligación despedir al viajero en la estación de Atocha.
En los tiempos en que el golpista General Queipo de Llano lanzaba desde Sevilla soflamas incendiarias llamando a los salvapatrias a liberarla «de granujas e invertidos», Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca –poeta, prosista, dramaturgo y director teatral, una de la grandes personalidades de la «Generación del 27», creador del grupo de teatro universitario La barraca- con treinta y ocho años, un pié en el andén y el otro en el primer escalón del tren, recordaba a Juan Ramírez de Lucas, su amante de diecinueve años, que el 18 de julio era su onomástica y no debía olvidarse de escribirle: «No llores. Dos meses pasan pronto».
Era el 16 de julio de 1936, ni Federico ni Juan tenían la más mínima idea de lo que el destino había reservado para dos días más tarde; a ninguno de los dos les preocupaba en ese momento –tampoco al grupo de amigos que despedía en Atocha al autor de Yerma, Bodas de sangre, Poeta en Nueva York, Sonetos del amor oscuro o El poema del cante jondo– la existencia del general Quéipo de Llano, «el carnicero de Andalucía», que avanzaba desde África al frente de unos soldados con la sagrada misión de limpiar el mapa de España de masones, anarquistas, comunistas, gitanos y homosexuales.
Los guardiaciviles que acudieron a casa del poeta Luis Rosales, donde se había refugiado Federico, le secuestraron, le encerraron en la localidad de Viznar, le acusaron de espionaje y traición, de ser masón, homosexual y socialista, y se supone que le fusilaron en la madrugada del día de su santo. Después, se supone que arrojaron su cadáver a una fosa común. A día de hoy, siguen sin aparecer sus restos a pesar de los muchos intentos efectuados, en aplicación de la Ley de Memoria Democrática, por equipos de investigadores y grupos más o menos oficiales.
En septiembre de 1936, un periódico de Albacete desveló el posible asesinato de Federico García Lorca. Inmediatamente, reprodujeron la noticia el resto de diarios nacionales y llegó a la prensa internacional. En octubre, un intelectual como H.G. Wells pedía noticias de Lorca a los mandos del ejército franquista. Le respondió un oficial asegurando que no tenía ninguna noticia. La única vez que el dictador Franco se refirió al poeta fue en declaraciones a un diario argentino: reconoció que le habían matado y dijo que eran cosas que pasan en las guerras.
Después, Juan Ramírez de Lucas se unió al ejército republicano, junto a su hermano Otoniel, médico. Hay constancia de que una vez recitó para los «camaradas» el poema de Antoñito el Camborio, «el que murió de perfil».
En Albacete donde le conocían como «el rubio», y en Madrid hasta 2010 cuando falleció, ejerció de periodista en el diario ABC al tiempo que guardaba celosamente el secreto de aquel amor que mantuvo vivo en los papeles, en los folios, hojas de cuadernos y revés de anuncios que Federico había llenado con dibujos surrealistas, poemas y cartas de apretada y torcida escritura.
Entre Salvador Dalí –dicen que el primero- y Ramírez de Lucas -el último- Federico García Lorca mantuvo relación con varios hombres, alguno de los cuales –también el último- acabaron integrándose en el «régimen franquista».
Noventa años después del asesinato de Federico García Lorca, La voz quebrada, el documental de Manuel Menchón (Palabras para un fin del mundo) que revela su último amor, presentada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, reconstruye la historia de amor entre Lorca y Juan Ramírez de Lucas y se adentra en la dimensión íntima de Federico García Lorca, documentada a través de materiales excepcionales, invitando al espectador a un viaje emocional al corazón de una historia que permaneció silenciada durante más de siete décadas.
El asesinato de Federico García Lorca en 1936 convirtió al poeta y dramaturgo en un mito universal. Pero durante décadas permanecieron ocultos un nombre, una relación de amor y un plan de huida a México que podrían haber cambiado el destino de los dos. La voz quebrada reconstruye la relación entre Lorca y Juan Ramírez de Lucas, considerado por los investigadores su último amor, a partir de un extraordinario conjunto de materiales inéditos conservados durante décadas: cartas, poemas y recuerdos. Juan dejó escrito que, tras su muerte, todo debía saberse.
En La voz quebrada[1], el actor y dramaturgo Álvaro Morte (La casa de papel) interpreta con su voz a Federico García Lorca, junto a Francesco Carril, Joaquín Notario, Pedro Casablanc, Verónica Sánchez, Víctor Clavijo, María Galiana y Alberto San Juan, quienes también participan con sus voces en la película.
- La voz quebrada llega a los cines de Madrid este viernes 16 de octubre 2026.



