La UE cede y creará un fondo de desempleo europeo

La UE destina 93 mil millones de euros al fondo de desempleo europeo. Cede así, parcialmente, a las demandas de los países del sur

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Néstor Ortiz

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anuncia su apoyo a la creación de un fondo de desempleo europeo que el presidente Sánchez, con la conformidad de Italia y Francia, entre otros, viene solicitando desde hace 22 meses, cuando llegó a la Moncloa y se propuso acabar con la época de la austeridad en Europa, una meta que solo el Covid-19 parece hacer incierta.

Cambio de paradigma

El fondo de desempleo europeo, denominado SURE, se crearía de cara a luchar contra la crisis económica que deja la Covid-19. Se presenta como una respuesta común de la UE para evitar el desempleo. El SURE daría apoyo económico a los estados con más problemas y necesidades para encarar la crisis del coronavirus.

Su finalidad es que ese dinero acabe en manos de las empresas europeas, a cambio de que mantuviesen contratados a sus trabajadores. No importaría que, a causa de la crisis, los empleados no tuviesen trabajo que hacer. Lo importante es que mantengan sus puestos de trabajo.

Con este fondo de desempleo europeo se pretende evitar la pérdida de poder adquisitivo de los europeos. El objetivo es mantener la economía en movimiento, que las familias puedan seguir gastando durante la crisis para que las empresas puedan seguir teniendo ingresos. La ayuda gubernamental evitaría una intervención directa del estado en la economía. Su actuación sería indirecta: en lugar de regular el mercado, facilitarían la capacidad de gasto de los europeos.

Valdis Dombrovskis, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea, ya ha anunciado la movilización de 93 mil millones de euros para la gestión de la crisis. Se desviarán de los planes de cohesión y de diversos fondos, en colaboración con el BCE.

Se esperan otras medidas, pero aún no se han especificado, y hay un gran debate. Por el momento, parece que los países con problemas por la Covid-19 podrían demandar la ayuda del SURE sin necesitar someterse a las duras condiciones financieras ni fiscales que supone el actual MEDE.

El MEDE fue creado en 2010, en la crisis del euro que siguió a la del 2008, con una lógica distinta al SURE: es mucho más duro en su control de los Estados que se acogen a su ayuda. La creación de este fondo de desempleo europeo es casi una realidad, aunque aún queda por cerrar algunos acuerdos. Que sea una realidad parece casi un milagro después de los grandes enfrentamientos que la gestión de la Covid-19 ha generado en Europa en estas últimas semanas.

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Alternativa a los coronabonos

En palabras de Von der Leyen, el fondo de desempleo europeo es «solidaridad europea en acción». Así presenta la presidenta de la Comisión este plan, que no es sino una alternativa de consenso a las fracasadas medidas debatidas en el tenso Consejo Europeo del pasado jueves 27. Allí, Alemania y Holanda rechazaron crear los llamados coronabonos, la propuesta estrella de los países del sur.

La oferta consistía en emitir una serie de bonos avalados por los 27 países de la Unión, que saldrían a mercado para financiar a los países más afectados por la Covid-19. Significaba la mancomunación de las deudas europeas: compartir los gastos de la crisis en beneficio de los países más afectados (que percibirían más ayudas).

Angela Merkel y Mark Rutte, dirigentes de Alemania y Países Bajos, han sido los principales opositores a este plan. Su contrapropuesta era recurrir al antes mencionado Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Sin embargo, Pedro Sánchez y Giuseppe Conte, dirigentes de España e Italia, rechazaron esta propuesta e insistieron en la estrategia de los coronabonos, que ellos mismos habían puesto sobre la mesa.

Ambos países han sufrido la crudeza de las políticas de austeridad de los últimos diez años, y no están dispuestos a volver a esa senda. El conflicto llegó a tal punto que, en sus declaraciones del pasado sábado 29 de marzo, Pedro Sánchez dijo lo siguiente:

«Esta vez Europa no puede fallar. Hasta los países y Gobiernos más europeístas, como España, necesitamos pruebas del compromiso real. Necesitamos comprobar que la UE escucha y actúa. Necesitamos contundencia y solidaridad. Si Europa quiere, Europa puede»

Los dos gobernantes de los países más afectados por la Covid-19 contaban con el apoyo de Francia, Bélgica, Grecia, Irlanda, Portugal, Eslovenia y Luxemburgo en su demanda de una respuesta solidaria a esta crisis, en la que no se pueden buscar culpables.

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La lógica del norte

Todos estos países (junto a otros miembros del este de Europa) llevan meses trabajando en impulsar una alternativa al modelo de austeridad impuesto desde el norte de Europa desde la crisis del 2008. En esa época, los países que demandaron la ayudas tuvieron que hacerlo a raíz de malas prácticas. Esta vez, no son problemas de gestión los que llevan a demandar ayuda económica: el coronavirus ha pillado a todo el planeta desprevenido; no se pueden buscar culpables a esta crisis.

En 2010 (cuando el riesgo hizo temblar al euro) la europa protestante, moralmente defensora del trabajo duro y el ahorro, no podía aceptar una ayuda a cualquier precio a quienes no habían ahorrado y ahora tenían problemas. Ese mismo argumento, que acusaba de despilfarro, se ha vuelto a escuchar en los debates europeos de estas semanas.

Es por esto que el MEDE fue creado bajo una cierta lógica de castigo: castiga el pecado del despilfarro mediante la privación. El MEDE demanda a los países beneficiarios unas determinadas condiciones de déficit. Mantenenerlas requiere de políticas de reducción del gasto público, que afectaron a la inversión en sanidad, educación e investigación, entre otras.

Esta lógica ha regido desde entonces Europa y ha sido encarnada por la canciller alemana Angela Merkel. Ella es el núcleo duro de un bloque en el que se encuentran países como Holanda y Austria, entre otros estados del norte de Europa. Ellos han sido los principales promotores de lo que ya se llama la época de la austeridad, en la que el déficit público primaba ante las políticas sociales. Ha sido una época marcada por las tesis neoliberales, las cuales han lastrado la función redistributiva de un Estado cada vez más pequeño y con menos recursos para hacer políticas sociales y de casi cualquier tipo.

Una pelea con recorrido

Desde que llegó al Gobierno, el presidente Pedro Sánchez ha mantenido un pulso con Merkel. El motivo era crear un mecanismo automático que estabilizase el ciclo económico en la Unión Europea. La idea era que hubiese un fondo al que los países con problemas económicos pudiesen acogerse en momentos de crisis, sin ser estigmatizados.

Su lógica sería más próxima a la solidaridad que a un pensamiento bancario, regido por una moral de ahorro y privación. Ello permitiría que los Estados recibiesen apoyo de la UE sin someterse al control financiero y fiscal de Bruselas. Más de la mitad de los 27, entre ellos varias de las economías más grandes de Europa (como Francia, Italia y España) se unieron a España en una misma batalla: acabar con la austeridad.

Sin embargo, la batalla no ha dado resultados hasta ahora. Alemania, Holanda y Austria han frenado estas iniciativas hasta la semana pasada. Sin embargo, parece que el coronavirus ha vuelto a mostrar la función protectora del Estado, y también que ella es prioritaria frente a su estabilidad económica.

Covid-19 destruye la austeridad

La crisis de la Covid-19 ha exhibido los problemas resultantes de la época de la austeridad. Los países europeos más afectados por el coronavirus son España e Italia, dos de los principales marcados por las políticas de austeridad. No parece raro ahora que sus sistemas sanitarios se encuentren desbordados: llevan diez años siendo atacados.

El resultado de esas políticas es evidente: en términos macroeconómicos, las economías han crecido, pero al mismo tiempo, se ha intensificado la desigualdad. Han crecido los precios, especialmente en ámbitos especulativos como el alquiler o la vivienda, pero los salarios no han engordado de forma acorde. Sin embargo, las grandes fortunas no han dejado de hinchar sus dividendos.

Vivimos en un contexto en que muchos países han sufrido el auge de los fascismos. Los países más afectados por la austeridad son los que presentan más repunte en ideologías extremistas. Luchar contra todos estos problemas requiere de un cambio de rumbo, y el coronavirus lo evidencia de una vez por todas.

Es necesario que el Estado gaste dinero en proteger a sus ciudadanos, en cuidar la vida; porque sin vida, no hay economía posible. Y es que, hasta el ministro de Finanzas y vicecanciller alemán, Olaf Scholz, se ha mostrado a favor de ayudar a los países más vulnerables. Hasta la propia canciller alemana ha tenido que olvidarse de mantener su política del déficit cero, y eso ya es un hecho.

La semana pasada no sonaban voces de tanto peso en el bloque de la austeridad. Tampoco había un posicionamiento de la presidenta de la Comisión. Parece que tenemos motivos para creer que a lo largo de la semana que viene habrá un cambio de rumbo en la política económica europea. Al menos, por el momento, Europa tendrá que olvidarse de la austeridad.

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