Jules Román en 1923 estrenó en París su sátira: El Dr. Knock o el triunfo de la medicina; procuraba demostrar cierta manipulación médica, anunciaba que la hora de la medicina había llegado, y dejaba entrever que un hombre sano, en realidad, es un paciente insuficientemente estudiado…

En 1984, la Organización Mundial de la Salud incorporó a su definición de salud la dimensión espiritual. Sucesos que despiertan la reflexión. Mi maestro de historia de la medicina, Pedro Laín Entralgo, consideraba que el médico que desconoce la historia de la profesión no sabe dónde está parado.

Hoy, en casi todas partes, la salud de la población es considerada por los Estados un gasto, no una inversión, y en los hechos, no se la considera un derecho. En efecto, no parece ser algo prioritario, pues, los dineros de los contribuyentes se destinan a otras áreas, que a menudo causan gastos prescindibles.

Es cierto que la investigación, la tecnología y la industria farmacéutica han encarecido sobremanera la asistencia médica, y que con la última pandemia por la COVID-19, se demostró que ningún país estaba preparado para afrontarla.

En Argentina, los problemas, conflictos y dilemas que vivimos en el sistema de salud llevan décadas, y ahora se han profundizado, al extremo que los vicios ya están naturalizados y adquieren visibilidad a través de las redes sociales y los medios.

En un país con gran inflación, niveles inéditos de pobreza e inseguridad alimentaria, entre otros riesgos, el «derecho a la salud» no puede admitir respuestas gélidas o exposiciones retóricas. No solo se trata del libre mercado en el negocio de la salud, que difiere de la venta de paquetes turísticos o de electrodomésticos. ..

Ramón Carrillo, primer ministro de salud (1949-1954), sostuvo: «Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas».

Y Arturo Oñativia, ministro entre 1963 y 1966, estableció una ley dónde los medicamentos eran un bien social y no una mercancía. Estamos muy lejos del pensamiento y acción de estos profesionales, insignes, de distinto color político.

Salvo contadas excepciones, el déficit del sistema es total (público y privado). Se necesitan medidas sensatas, aplicadas con coherencia y sensibilidad humana, más una ética del cuidado. En efecto, cuidar a los pacientes, los médicos, el equipo de salud.

La realidad social adquiere ribetes trágicos y, no tiene sentido pelearse con la verdad. Los médicos con conciencia moral, sabemos que la situación da lugar a una carga o deber que implica un «imperativo categórico», por encima de cualquier ideología o teoría de gabinete.

Ante un panorama existencial desdichado, urge abordarlo con decisión e inteligencia, porque la salud es un pilar de la sociedad, y es útil mantener vínculos con instituciones internacionales que contribuyan al bienestar humano, ya que la interdependencia no siempre es una vulnerabilidad estratégica, pero evitando que medien ideologías, etnias o creencias.

La OMS es tan necesaria en salud como la UNESCO en educación, y más allá de fallas y corrupciones denunciadas, las instituciones no se destruyen, en todo caso se sanean.

La salud como valor social necesita de su fomento y protección, y hace a la moral de una sociedad, siendo la accesibilidad la clave.

El concepto de «una sola salud» implica: salud humana, salud animal y salud medioambiental. Desconocer las zoonosis (un virus salta de un animal a un humano y produce una pandemia) o la salud del planeta (calentamiento global y contaminación ambiental antropogénicos, o desastres naturales que eliminan poblaciones), revela ignorancia supina, en algunos casos crueldad.

Los gérmenes no conocen fronteras e incluso viajan en avión. La naturaleza no es enemiga del ser humano, por el contrario, pero la «depredación» por intereses crematísticos, no puede tolerarse.

En la fragilidad inciden la pobreza, la nutrición, la vivienda, el trabajo, entre otros factores socioculturales, con hermenéuticas divergentes. Una inequidad distributiva de salud y enfermedad.

Los médicos necesitamos vivir con dignidad. Un médico laboralmente agotado, con stress por el pluriempleo, angustiado por el mantenimiento de su familia, no está en condiciones existenciales para ejercer una tarea de responsabilidad ética, legal y social.

Como sucede en la descompresión de un avión, si el médico no se pone primero la máscara de oxígeno, por lógica no podrá ayudar a los demás…

Los avances científicos y tecnológicos deben estar al alcance de toda la población, y es fundamental el cuidado integral de los médicos, pues, sin ellos no hay Medicina posible.

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