La Policía Nacional ha comunicado la detención de cuatro personas acusadas de explotar a repartidores de paquetería a pie, conocidos como «andarines», en Fuenlabrada. Según la investigación policial, las víctimas trabajaban hasta catorce horas diarias, seis días por semana, y recibían setenta céntimos por paquete entregado.

Los arrestados, tres hombres y una mujer, han sido puestos a disposición de la autoridad judicial como presuntos responsables de delitos de pertenencia a organización criminal, explotación laboral y favorecimiento de la inmigración ilegal, según la nota difundida este 9 de octubre de 2026 por la Jefatura Superior de Policía de Madrid.

La investigación se centró en una supuesta red que captaba a personas en situación administrativa irregular para el reparto de última milla: el tramo final del recorrido de un paquete hasta su destinatario. Los investigadores sostienen que los responsables aprovechaban la vulnerabilidad de estos trabajadores para imponerles las condiciones descritas.

Las ofertas circulaban por redes sociales, aplicaciones de mensajería instantánea y contactos personales, incluido el boca a boca entre feligreses de parroquias. Las personas interesadas contactaban por teléfono y después acudían a una entrevista en la que se les ofrecía repartir paquetes a pie.

Según la Policía, esas ofertas incluían falsas promesas de contratos laborales y de ayuda para regularizar su situación en España. Las pesquisas también apuntan a la contratación de menores de edad y al ofrecimiento de puestos de conductor de furgoneta a personas sin permiso de conducir.

Carros de paquetes y jornadas de hasta catorce horas

Una vez aceptadas las condiciones, los trabajadores eran citados en un punto de encuentro. Allí los recogían en las mismas furgonetas utilizadas para transportar la paquetería y los trasladaban a descampados, donde les asignaban carros de grandes dimensiones cargados con los bultos que debían entregar.

El reparto exigía recorrer largas distancias a pie y empujar los carros con independencia de las condiciones meteorológicas. Los trabajadores tenían que regresar hasta dos veces al punto de encuentro para recoger más paquetes, de acuerdo con el relato policial.

La distribución de tareas incluía a un integrante acreditado para acceder a los centros de distribución. Esta persona recogía los paquetes y cargaba las furgonetas a la entrada de las instalaciones; otros miembros de la presunta organización, que carecían de acreditación para entrar, conducían los vehículos.

Los investigadores señalan que los responsables facilitaban sus propias claves de acceso a las aplicaciones de entrega. Así, cobraban los ingresos generados por el trabajo de los «andarines» y les abonaban una parte, fijada en setenta céntimos por paquete entregado.

La comunicación policial no precisa cuántas personas estaban afectadas cuándo se practicaron las detenciones ni qué medidas adoptó la autoridad judicial tras recibir a los arrestados. Tampoco identifica a las empresas de paquetería o las aplicaciones utilizadas.

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