¿Qué es la pobreza? Según la ONU es la condición caracterizada por una privación severa de necesidades humanas básicas. Para la Real Academia Española (RAE) es escasez de lo básico pero es a su vez, falta de magnanimidad, gallardía, valores, nobleza de ánimo.

Hay también diferentes tipos de pobreza: extrema, rural, urbana, mental, física, material, económica, social, afectiva, espiritual, asociada siempre a carencias, privación, desigualdad, desesperanza, resentimiento. Es algo negativo y doloroso. Los griegos, partiendo de Aristóteles, concebían la vida como la posibilidad de desarrollar la capacidad de la naturaleza humana, del  desarrollo humano, o sea lo contrario de la privación y de la imposibilidad.

Según las estadísticas de la ONU desde 1990 la pobreza extrema disminuyó hasta un 15 por ciento en 2015; la pandemia ha puesto en riesgo los años de progreso. Más de setecientos millones de personas viven en situación de extrema de pobreza, sin  alimentación, salud, educación, vivienda, trabajo, especialmente en Asia Meridional y África, y debido al impacto climático, se suma parte de Latinoamérica y el Caribe. 

La pobreza es tan antigua como el mundo, una «enfermedad endémica» que atraviesa siglos y continentes.

El concepto de pobreza aparece en el libro sagrado de los mayas: el Popol Vuh, en relación  a las cosechas y al agua. En la Biblia, son diversas las asociaciones con la pobreza: los pobres, los menesterosos, los que necesitan ayuda. El evangelio de Cristo se apoya en el concepto de pobreza, de misericordia, caridad y ayuda. Jesús es un personaje emblemático para los pobres, es el primer líder socialista, dador de esperanza. 

El arte greco-romano enfatizó el esplendor del cuerpo, la belleza y la armonía, los temas mitológicos y la exaltación de los gobernantes, pero solo aparecen algunas escenas de menesterosos.

Es en la iconografía medieval donde los mendicantes se hacen más visibles, en frisos de iglesias, en estampas o en detalles pictóricos. No faltaron artistas que tuvieron una mirada hacia esos seres sin privilegios. Jeronimus Bosch, el Bosco (1450-1516) dejó testimonio de personajes desvalidos en sus visiones pictóricas. 

Pedro Bruegel, el viejo (1525-1569), con sus cuadros costumbristas, anecdóticos, pinta seres humildes. Además de ser uno de los primeros artistas en pintar paisajes tomados de la realidad, se inspiró en los seres desposeídos de «La parábola de los ciegos». Brueghel, el joven, continúo esta temática con escenas populares de gente precaria.

El tema de la pobreza no fue atractivo para los mecenas del Renacimiento, aparecen seres mendicantes pero en relación con temas religiosos, bíblicos o alegóricos. 

La mirada crítica, denunciante de la pobreza tarda en llegar, algunos pintores barrocos la utilizan como símbolo de la pobreza del hombre, la banalidad de la vida. Velázquez (1599-1660) con sus enanos, viejos y pordioseros nos muestra la otra cara de «Las Meninas» palaciegas. Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), formado en el naturalismo, retoma la pintura de los flamencos, enfoca el costumbrismo en «Dos niños comiendo melón y uvas», y nos presenta «Joven mendigo» o «El niño espulgándose» (1650), aludiendo a la pobreza. Es una de las primeras miradas «social» en la pintura barroca, y se entronca con la literatura picaresca, «El Lazarillo de Tormes» (1554), las novelas ejemplares de Cervantes, y la tendencia realista española. Algunos expertos consideran que la obra de Murillo fue de encargo, de todos modos, es una mirada directa al tema de la pobreza, intensificada en el cuadro con el claroscuro a la manera de Caravaggio y la gama cromática de pardos y negruzcos.   

Es en el Siglo diecinueve, con la Revolución Industrial, cuando la mirada hacia la pobreza se impone en la literatura. Dickens (1812-1870) narra un Londres hambriento y de necesitados en sus novelas, Emile Zola (1840-1902) nos sacude con el realismo social, igualmente lo hace Víctor Hugo en «Los Miserables», donde refleja los cambios sociales, el éxodo rural, el crecimiento demográfico de las urbes, el progreso técnico, y la falta de trabajo. Balzac en su obra «La Comedia Humana» y los artistas plásticos del Realismo y Naturalismo, retrataron estas visiones de desigualdad, carencias y dolor.

Goya (1746-1828) dio un salto alucinante mostrando los horrores de la guerra, la degradación humana, la miseria, y Van Gogh (1853-1890), no desconoció a los pobres en «Los comedores de patatas». 

En el siglo veinte, escritores españoles como Delibes describieron el cerco de la pobreza, tampoco se calló Cela, ni Cercas, pero no es un tema comercial, la «literatura light» o «pobreza de estilo», en general, obvia el tema. 

En Latinoamérica, «Martín Fierro» de José Hernández (1834-1886) denunció la pobreza del gaucho, Brasil impacta con las obras «El Sertao» y «Los Canudos» de Euclides da Cunha (1866- 1909), y las descripciones realistas de Machado de Assis (1839-1908). Jorge Amado nos revela el Brasil del cacao y las «fazendas» y Juan Rulfo nos muestra un México profundo de esfuerzo y soledad.

Entre los artistas visuales latinoamericanos hay reclamos de justicia social. En el  Postimpresionismo argentino encontramos a Ernesto de la Cárcova (1866-1927) con su cuadro «Sin pan y sin trabajo», en el siglo veinte, Antonio Berni continua la denuncia de la pobreza en su serie «Juanito Laguna».

El muralismo mexicano resaltó la lucha popular con los artistas Diego Rivera, Clemente Orozco y David Siqueiros, y el artista brasileño Cándido Portinari pintó los campesinos de los cafetales y los niños de la calle. 

En la época de la globalización, la pobreza convive con la abundancia y la indiferencia, con la corrupción y el egoísmo. La pobreza habita también en nosotros, en nuestra impotencia, miedos y  frustraciones, en nuestra pobreza espiritual, en la incapacidad de ser mejores y mejorar nuestro entorno.   

El artista Christo (1935-2000) envuelve el Arco de Triunfo, mostrándonos una metáfora de la pobreza: nos quita la visión del objeto, nos priva de la mirada, nos niega el monumento, nos muestra que la pobreza es negación. Negación de la vida, de la creación, del ser.  

En esta Navidad, recordar la pobreza, es mirar la carencia propia y ajena y es una manera de rescatar el amor, la imperiosa necesidad de: «Amarnos los unos a los otros». 

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