El director de la Organización Mundial de la Salud en Europa, Hans Kluge, señala que el crecimiento exponencial de casos de COVID-19 en el continente es «muy preocupante» y conlleva medidas restrictivas «absolutamente necesarias» para frenar la pandemia, dado que en estos momentos se registran dos o tres veces más casos al día con respecto al pico de la curva de abril, aunque el número de muertes es cinco veces menor.

Europa ha registrado la mayor incidencia semanal de casos de COVID-19 desde el inicio de la pandemia, con casi 700 mil casos notificados. Actualmente, el coronavirus es la quinta causa principal de muerte en Europa y se han registrado hasta mil muertes en un día.

Los casos confirmados ahora superan los siete millones, pasando de seis a siete millones de casos en solo diez días.

«El virus no ha cambiado; no se ha vuelto ni más ni menos peligroso. Existen razones técnicas para observar tasas más altas, una de ellas es sin duda la cantidad de pruebas realizadas, con tasas de pruebas aún más altas entre las edades más jóvenes. Y hay razones para una menor mortalidad, que incluyen la mayor proporción de transmisión entre los jóvenes menos vulnerables», afirmó Kluge.

El jefe de la OMS en Europa advirtió que, aunque haya menos muertes aún existe el potencial realista de que la situación empeore drásticamente si la enfermedad se propaga de nuevo entre personas mayores después de contactos sociales con otras generaciones.

Los modelos epidemiológicos

«Las proyecciones de los modelos epidemiológicos fiables no son optimistas. Estos indican que las políticas de relajación prolongadas podrían impulsar, para enero de 2021, que mortalidad diaria alcance niveles de cuatro a cinco veces más altos que los registrados en abril», expresó.

Kluge pidió a los gobiernos y sus ciudadanos que sean «inflexibles» en sus intentos de controlar la propagación del virus que está ocurriendo en las casas, espacios cerrados y comunidades que no cumplen con las medidas de protección.

«Cualquier nueva escalada de medidas sería el resultado del incumplimiento de las anteriores, por lo que nos corresponde a nosotros aceptarlas mientras aún son relativamente fáciles de seguir en lugar de retomar el camino de medidas muy severas que muchos trágicamente sufrieron desde la primavera pasada», sostuvo.

Kluge citó modelos epidemiológicos que sugieren que, si el 95 por ciento de las personas usan mascarilla y se aplican otras medidas de distanciamiento social, como el control estricto de reuniones sociales, Europa podría evitar unas 281 mil muertes para febrero.

Agregó que las proyecciones no hacen más que confirmar lo que siempre han dicho: «la pandemia no revertirá su curso por sí sola, tenemos que hacerlo nosotros».

Respuestas proporcionales y específicas

Kluge aseguró que las medidas se están endureciendo en muchos países de Europa, lo que calificó como respuestas adecuadas y necesarias a lo que dicen los datos: la transmisión y las fuentes de contaminación ocurren en los hogares y lugares públicos cerrados, y dentro de las comunidades que cumplen deficientemente con las medidas de autoprotección.

El experto explicó que, sin embargo, al hablar de medidas restrictivas la OMS no habla de imponer un confinamiento estricto como sucedió en marzo, donde todos los rincones de la sociedad y la economía se detuvieron: sin negocios en funcionamiento, sin excursiones, sin escuelas, sin movimiento y con todas las fronteras cerradas.

«En marzo, el bloqueo fue la opción predeterminada porque nos tomaron desprevenidos. Hoy en día, el bloqueo significa algo muy diferente. Significa una escalada gradual de medidas proporcionadas, específicas y de duración limitada. Medidas en las que todos estamos comprometidos como individuos y como sociedad en conjunto para minimizar los daños colaterales a nuestra salud, nuestra economía y nuestra sociedad», explicó.

Kluge aseguró que cualquier decisión de los Gobiernos debe considerar los riesgos directos de los daños colaterales que eso pueda llevar en cuanto a la salud mental, el acceso a servicios básicos, la violencia de género, la educación, y la economía.

«Todos estos riesgos deben ser monitoreados de cerca. Hacemos un llamado a los gobiernos y a las personas para que expresen empatía y entablen un diálogo social con los más afectados por las medidas restrictivas para que prevalezca la esperanza, el compromiso y la confianza entre ellos», concluyó.

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