Que me perdonen los críticos y los eruditos y las redes, pero el cine tiene licencias y un lenguaje propio, el cine es cine, y la literatura es literatura. Ese matrimonio se enriquece mutuamente y este filme lo demuestra.

No es la primera vez que se produce cinematográficamente una adaptación de una obra literaria y esta es «la Odisea de Nolan».

El poema homérico tuvo varias versiones: Odisea (1911), Ulises (1954), The Odyssey (1987) y la versión actual. Por otra parte, se han producido más de 33 películas vinculadas al tema de Ulises y la guerra de Troya.

¿Por qué ese interés?

Porque la Odisea junto con la Ilíada, son relatos de la historia de la antigüedad clásica, cuyo autor pudo haber sido Homero, y cuyo texto bucea en los orígenes de nuestra civilización, pero también nos revela aspectos profundos del ser humano. No es una aventura histórica, es un compendio de la existencia humana en la tierra.

Critican que la Odisea de Nolan es «woke», es una mezcla de épocas, una aberración histórica, un festival de violencia y una burla hollywoodense, pero bate récords de taquilla porque es «cine, literatura más tecnología audiovisual actual».

El filme atrapa, conmueve porque la Odisea de Homero, ese texto milenario, según la versión de Nolan, sigue vivo a través de generaciones. Emociona porque narra nuestra propia odisea, los avatares del hombre en el viaje de su vida.

O sea, puedes quedarte con la anécdota, pero aparece el móvil del relato, lo que impulsa la narración y esos aspectos se develan a través de símbolos. La Odisea es una revelación. Nos enfrenta al tema de la destrucción, la paz, la traición, la fidelidad, la culpa, el amor, el viaje, el poder y el liderazgo, los dioses y nuestra condición humana.

Este filme es una de las muchas «traducciones» que se hizo de este libro (casi bíblico) de la humanidad y el éxito abrumador es porque Homero revivió en Nolan y Ulises somos nosotros.

Christopher Nolan regresó la gente al cine, al «hogar de la imagen», sacude al espectador con su propia versión de la Odisea. Nolan es director de imágenes y de héroes, hombres que buscan su destino, cuestiones filosóficas, interrogantes y dudas; y crea estructuras escénicas matemáticas y tecnologías de avanzada para expresarse.

Filmografia

A los siete años, Nolan hacia cine, es uno de los directores más premiados de la cinematografía y para colmo es mezcla de inglés y norteamericano, tradición y cambio, humanismo y renovación. Como inglés conoce la historia, como americano nada lo detiene, cada paso es un crecimiento.

Recordemos su filmografía: Following (1998) un escritor obsesionado, Memento (2000) donde rompe el tiempo fílmico con flashback, luego llega Insomnia (2002) con Al Pacino, filme psicológico-neo-noir, vuelve a buscar un héroe en la trilogía de Batman (2006) donde experimenta nuevas tecnologías. The Prestige, es un duelo de magos, Incepcion (El origen) el robo de sueños con Leonardo Di Caprio, un tema arriesgado y una de las películas más taquilleras de Hollywood, obtuvo el Oscar 2010. En 2014, estrena Interestelar, ciencia-ficción en un futuro distópico donde la humanidad esta amenazada, con innovadores efectos especiales. Dunkerque (2017) inspirada en una historia real, la operación Dinamo de la Segunda Guerra Mundial. Llega Tenet (2019) espionaje y ciencia ficción con nominaciones al Oscar en efectos visuales y banda sonora. Estrena Oppenheimer en el 2023, Nolan con su madurez y su gran experiencia fílmica enfoca al hombre-héroe contemporáneo, luz y sombra, genialidad y destrucción, basada en un libro que adapta para mostrarnos un ser desgarrado entre el bien y el mal.

La literatura le da el aliento creativo y filosófico. Y así como el filme Lawrence de Arabia (1962) con siete Oscar, redefinió el cine épico, Nolan trae la epopeya a la contemporaneidad.

En el 2026 estrena Odisea, basada en el relato de Homero, donde el héroe va envejeciendo y después de la traumática guerra de Troya desea regresar a Ítaca, su hogar, abrazar a su mujer y su hijo, la pertenencia.

Nolan da su interpretación del poema homérico, rescata el gran viaje de la vida, las peripecias y luchas para conseguir el objetivo.

Coloca la literatura en primer plano, sin el relato no hay filme, pero con Nolan, la Odisea Homérica, vuelve a vivir.

Su filme se estructura como un arquetipo de una civilización donde incluye negros, orientales, moros, diversos estilos, barcas fenicias o vikingas, podía haber reproducido las barcas griegas porque hay exhaustiva documentación, pero no lo hizo porque lo que importa no es una restauración arqueología académica sino revivir arquetipos y símbolos, que convierten a la Odisea en una gran metáfora de la humanidad.

  • «Las que tuvo que pasar Ulises para regresar a su hogar»- comenta una joven en el cine y la otra le contesta: «Eso es el argumento, pero todo lo que sufre, la nostalgia, el amor, la fidelidad, la traición. Ulises quiere regresar a su tierra, ¿entiendes?».

Son jóvenes estudiantes latinas, que crecieron y estudian en America, hablan inglés y español.

  • «La peli está tan bien hecha que uno se mete.» dice otra.

Las provoco: «Ulises es líder, pero no un dictador, busca la solución para todos, es noble.»

  • «Los héroes no son dictadores- me dice la más seria- son hombres que nos ayudan, más allá de ellos mismos. Pienso que no es fácil ser héroe…»

Nos reímos, me convidan con pochoclo.

– ¿Entonces…les gustó?

  • ¡Siii! – me dicen a coro- Nos emocionó, nos dejó pensando, vale la pena leer a Homero…y se despiden riendo.

La Odisea escrita en el siglo octavo antes de Cristo está con nosotros, ya no son aquellos versos hexámetros dactílicos, que leímos en las clases de griego, versos recitados por los aedos, en transmisión oral, son imágenes que se agolpan ante nuestros ojos, con un sonido que nos envuelve. El mensaje nos toca, el poema está vivo, vivo como literatura y como cine.

Estilo Nolan

Nolan nos devuelve la Odisea desde una nueva perspectiva. Y aquí se proyecta el estilo cinematográfico de Nolan, ese estilo que se fue perfeccionando a través de su carrera. Busca el gran formato, la pantalla abrazadora, usa cámara en mano, iluminación de grandes áreas, nos enfrenta al plano, a veces tangencial, oblicuo, salta de la panorámica al detalle, de la secuencia dialogada a imágenes catastróficas. Incita al espectador con flashback, raccontos que son golpes de recuerdos, experiencias subjetivas, hurga en nuestra mente.

Ama la fotografía simbólica, creando atmósferas de realidad irreal, fotografías pictóricas, visualmente bellas o impresionantes. Es uno de los pocos directores que usa la paleta de colores, en este caso paleta baja, sus encuadres son obras pictóricas.

Sus personajes y el paisaje se entrelazan en un toque de subjetivismo romántico. Trabajó casi todo el filme en exteriores. Los campos, las montañas, el mar son también «personajes».

Hacer exteriores es agobiante, lo recuerdo bien en mi filme «La niña del gato», filmando en Buenos Aires, las pantallas lumínicas, la tensión entre toma y toma. Imagino los parajes de las islas griegas, el movimiento de los equipos técnicos, sonido, luces, vestuario. Tiene razón el actor Matt Damon cuando dijo que no volvería a filmar en esos parajes.

Los diálogos íntimos se enmarcan en primeros planos con poca profundidad de campo, el sonido se concentra en el diálogo, ese momento intimista se rompe con un salto a una panorámica o a un estallido de olas de la banda sonora, el espectador no puede ser indiferente, los sobresaltos llegan como en la vida.

Sus personajes son seres con dudas y temores, su héroe: Ulises, líder y estratega, magistralmente interpretado por Matt Damon, pasa por difíciles circunstancias, pero no pierde su objetivo y cuando parece perderlo, sus súbitos se lo recuerdan.

Matt es un actor particular en el mundo de Hollywood, no es histriónico, no es «galán», es un actor con carisma, «ángel» que conecta con el público. No es actor estrella que repite siempre su papel, es actor de concentración. Lleva el peso de la acción, nos trasmite la lucha por regresar, sabiendo que no es el mismo que se fue, siente el trauma de la guerra, la culpa y el ansia de paz y amor. Una actuación memorable.

Nolan sabe quebrar tiempos, sabe trabajar los efectos sonoros y visuales, los cortes elípticos y la mezcla de estilos y formas. Como el gran Fellini, maestro de la emoción, o como el gran Bergman que oscilaba entre la imagen y la palabra, Nolan absorbe todo y lo reorganiza en un delirio vital que se convierte en película.

Todos somos Ulises, este relato milenario es nuestra vida, el ansia de llegar a nuestra verdad, sentir al ser amado, después de conquistas y perdidas, volver al amor, a nuestra tierra y nuestro cielo, a nosotros mismos, a nuestra esencia. ¡Gracias Homero! ¡Gracias Nolan! ¡Y gracias equipo artístico y técnico!

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre