Marta Cruz Andrés

Javier es un madrileño que, en estos momentos, está atrapado en Nueva Zelanda, a veinte mil kilómetros de su casa, debido al fuerte control de las fronteras y al confinamiento obligatorio declarado en el país anglosajón, como consecuencia de la crisis de COVID-19.

Javier es un veinteañero que, al terminar sus estudios universitarios en Comunicación Audiovisual, decidió trabajar, durante un tiempo, con una visa en Nueva Zelanda. Pero, mientras, también viaja por este país y así descubre las islas del Pacífico. A finales del pasado mes de marzo de 2020, se encontraba por la isla norte de Nueva Zelanda. Un país isleño situado al suroeste de Australia, en Oceanía.

Mapa de las dos islas principales que configuran Nueva Zelanda

Pero sus planes se truncaron el pasado veintitrés de marzo cuando el Gobierno local, con la primera ministra Jacinda Ardem al frente, declaró que en tan sólo dos días el país se encontraría en estado de alerta nivel cuatro. Lo aclara Javier, quien asegura que «con un comunicado nos informaron que íbamos a pasar del nivel dos de alerta al tres. Pero éste sólo iba a durar cuarenta y ocho horas, y pasaríamos al nivel cuatro».

Dónde dormir ahora

Este estado de alerta de nivel cuatro supone el confinamiento obligatorio de los ciudadanos y únicamente pueden abrir los comercios y servicios esenciales. Pero en Nueva Zelanda es factible viajar en caravana o autocaravana, por lo que muchos turistas, al igual que Javier, eligen esta opción como forma de moverse.

Pero el madrileño no podía quedarse en su caravana durante el aislamiento, en principio, con una duración de un mes. El motivo no era otro que el hecho de no contar con ducha y baño en su interior, un requisito imprescindible según las autoridades. De hecho, Javier apunta que «en Nueva Zelanda existen distintos campings gratuitos en los que se puede aparcar el vehículo y pasar la noche o quedarte un día o más, si quieres». Además, estos campings están habilitados con todos los servicios de aseo y ducha.

Por ello, tuvo que buscar un camping de pago en el que poder quedarse con su caravana hasta el final del confinamiento. Pero, como afirma Javier, todos a los que acudió estaban cerrados porque «en ellos vive gente permanentemente, muchos de ellos son gente mayor, y no querían correr el riesgo de contagiarse». Así que se vio forzado a alquilar una habitación en una casa en la que poder quedarse.

Deportación

Javier tenía una visa válida hasta el diecinueve de abril, pero el confinamiento obligatorio le impidió volver a España. Por ello, el Gobierno neozelandés ha decidido extender todos los visados de forma excepcional, porque en el caso contrario, muchas personas como él se quedarían viviendo en Nueva Zelanda de forma «ilegal». El mismo nos cuenta su situación en este vídeo.

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