En el año 2009 se estrenó la película «Surrogates» protagonizada por Bruce Willis. La película está ambientada en un mundo futurista donde los humanos, aislados en sus casas, viven sus vidas a través de robots sustitutos, que son una versión mejorada de sí mismos.

Los humanos solo tienen que conectarse con la interfaz de control para activar al sustituto, quien tiene las vivencias diarias por ellos: trabajan, salen y se divierten, hacen una vida normal, idealista y plena en sensaciones, mientras los humanos viven resguardados en la seguridad de sus hogares. Es un mundo ideal donde el crimen, el dolor y el miedo no existen, pero todo se va al traste con un inesperado crimen, cometido mediante la descarga de un virus informático que destruye tanto al sustituto como al humano.

Otra película interesante es «Real Player One» basada en el libro de Ernest Cline del mismo nombre. Está dirigida por Steven Spielberg y se estrenó en el año 2018. La película refleja un escenario virtual en el que los usuarios se evaden del mundo real a través de un mundo virtual utópico denominado «Oasis».

Los escenarios que dibujan ambas películas, salvando las distancias, no parecen estar muy alejados de la realidad futura creada a través de los «Metaversos».

En la actualidad, nuestra realidad se divide en dos: la realidad «offline» y «online», o sea, la vida física y la vida virtual. Los Metaverso van un paso más allá, creando un universo virtual que amplia el mundo físico en digital, pudiendo replicar escenarios de la vida real.

El desarrollo informático, los límites para el almacenamiento de datos y las conexiones actuales dificultan el avance de los proyectos de Metaverso. No obstante, ya hay gigantes tecnológicos que han presentado avances, como Meta Platforms (Facebook) y su «Horizon Workrooms», una plataforma diseñada para teletrabajar con gafas de realidad virtual.

Otras grandes compañías como The Walt Disney Company o Nvidia Corporation ya han anunciado la creación de su propio MetaversoPor ejemplo, Nvidia lleva años trabajando con BMW para replicar su fábrica de Ratisbona (Alemania), mediante detalles fotorrealistas, con el fin de maximizar el rendimiento de dicha fábrica. Esta tecnología está respaldada por Inteligencia Artificial. Los resultados de los estudios realizados en esta realidad virtual serán aplicados a la fábrica física, reduciendo los costes de producción. No son los únicos, Hyundai Motor Company se ha asociado con Unity para construir su propia metafábrica.

Imaginen, por un momento, que son fabricantes de muebles y que hay varios metaverso reservados a mayoristas, en el que cada fabricante expone sus diseños. En el futuro, el grado de desarrollo será tal que será difícil distinguir la realidad de un fotomontaje. No tendrán que fabricar nada, bastará con crear un diseño exacto a la realidad en 3D. Solo se fabricará aquello que goza de aceptación. Será importante acertar con el metaverso, así como comprar un espacio privilegiado dentro del mismo, como en cualquier feria. El ahorro para el usuario será enorme: se evitarán costes de producción, desplazamientos innecesarios, podrán participar en varios metaverso al mismo tiempo, etc. Todo un mundo por descubrir. 

En cada Metaverso, los usuarios podrán emprender negocios y el pago de las transacciones se podrá hacer en criptomonedas, como bitcoins, o en Tokens No Fungibles (NFT), también conocidos como «nifties». El mundo del arte lleva tiempo experimentado con ello. Ahora bien, no es todo color de rosa.

En verano de 2003 la empresa Linden Research, Inc. presentó un famoso videojuego online: «Second Life». En diciembre de 2013, gracias a los documentos secretos filtrados por Edward Snowden, salió a la luz que las agencias de inteligencia estadounidenses NSA y CIA, en colaboración con la británica GCHQ, habían estado vigilando y recogiendo datos de «Second Life». Si un inofensivo juego tiene interés para las agencias de inteligencia más importantes del mundo es evidente que los futuros metaverso estarán bajo su lupa, poniendo en entredicho nuestra privacidad.

Otro problema que veo es el fraude fiscal, pues no será fácil que los Estados puedan fiscalizar las transacciones, tratándose de un mundo virtual, en el que no existen fronteras físicas.

Se adivina un nuevo mundo con grandes ventajas, pero también con riesgos evidentes.

Abogado con veinte años de ejercicio profesional. Master por la Universidad Pontificia de Madrid - ICADE en asesoría jurídica de empresas y asesoría fiscal y Master en gestión y dirección laboral por la Universidad de Vigo. Responsable de la consultora PROTECCIÓN DATA, especializada en seguridad de la información y programas de cumplimiento normativo.

Deja un comentario