La guía de la Movida madrileña de Jesús Ordovás y Patricia Godes

0
191

He leído, he consultado, que es lo que sobre todo se hace con este tipo de libros, la Guía del Madrid de la Movida, escrita por Jesús Ordovás y Patricia Godes, publicada por Anaya Touring en 2020, con una edición a cargo de Laura López.

Dejémoslo en que la he leído. Y puedo decir que es este un libro que merece la pena. ¿A quién? A todo aquel que quiera conocer mejor Madrid. Y a quien quiera situar la Movida (madrileña) en su ámbito auténtico. Jesús y Patricia saben de lo que hablan. No hay duda.

En la introducción, que sirve a los autores y a la editora para justificar la razón de ser de esta guía, yo encuentro una buena definición, un acercamiento más que suficiente a qué diantres fue aquello de la Movida (siempre adjetivada madrileña, advierto):

«Entre 1980 y 1989, los madrileños y las madrileñas, músicos, dandis, gais, punkies, heavies y toda una miríada de especímenes, a cada cual más colorista y atrevido, <strong>salieron a la calle dispuestos a hacerla suya</strong>, a sacar las fiestas de los salones y la música de las catacumbas… Los padres les dejaron, los políticos les jalearon y los negocios les abrieron sus puertas. Esos años de diversión en libertad han dejado su propio rastro de recuerdos, anécdotas y mitos»

La cantante Olvido Gara, más conocida, conocidísima, aún hoy, como Alaska, nos habla en este libro (así lo recogen Ordovás y Godes) de las distintas clases, niveles preferiría escribir yo, que hubo dentro y durante aquellos años de la Movida:

«Hace poco leí una entrevista a Fabio McNamara donde le preguntaban cómo diferenciaba la gente que pertenecía a su mundo, eso que se llamaba Movida, y la que no. Y él decía que él consideraba que los que sí eran de su movida era la gente que pasaba por Casa Costus. Y aquí hay un problema, porque cuando se habla de la Movida, al menos en el sentido musical, se habla de muchos grupos que desde luego no pasaban por Casa Costus: Nacha Pop, Mamá o Los Secretos. Me parece que fue un miembro de Mamá el que hizo una especie de distinción entre los que se tiñen y los que no. Y como los únicos que nos teñíamos el pelo éramos los Pegamoides, los Zombies, los primeros Radio Futura y, bueno, Aviador Dro como si se lo hubiesen teñido, pues eso ya te dice un poco cómo estaba la cosa. No es que hubiera bandos, es que había mundos completamente distintos». 

Alaska y Elisabetta en el Rastro
Alaska y Elisabetta en el Rastro

Entre los lugares más distinguibles, reconocibles, de aquellos tiempos uno brilla por antonomasia, sobre todo en los comienzos de lo que se llamaría Movida, el Rastro:

«Alrededor de los hippies se desarrolló una peculiar contracultura celtibérica, el Rollo, hervidero de insatisfacciones y creatividades que por supuesto encontró en el Rastro el caldo de cultivo perfecto para sus virus y bacterias inconformistas. En su entorno se desarrollará lo que luego fue la Movida

[…]

Primero eran pocos, luego fueron multitud. Los periódicos y la tele dieron en llamarlo la Movida. La cara del Rastro cambió como cambiaron muchos rincones de la ciudad: Madrid se preparaba para el siglo XXI»

También Malasaña:

«El barrio de Malasaña es el kilómetro cero de la Movida. Aquí se abrieron los primeros bares musicales, tuvieron lugar las primeras fiestas populares democráticas desde la Guerra Civil y los vecinos se enfrentaron a la policía en más de una ocasión cuando pretendía limpiar las calles de indeseables».

Guía Almodovar y Mcnamarag

O el barrio de Prosperidad:

«Tanto como el Rastro, la Prospe fue la cuna de la Movida. Colorista, popular y diverso, allí estuvieron el Ateneo de Mantuano, el Rock-Ola, la primera sede de Discos Radiactivos Organizados y todo el hormiguero de lugares y gente que surgieron alrededor de su campo de acción, cuyos nombres iban a quedar grabados en las páginas de la historia de la música madrileña para siempre. […]

Este popurrí de gente, bares y tiendas heterogéneas y desacordes iba a ser a partir de 1979 uno de los núcleos irradiadores de aquello que se dio en llamar la Movida».

Acabó por salir Rock-Ola, esa mítica sala de la que leo en un pie de foto de la guía de Ordovás y Godes que «no se puede hablar de la Movida sin nombrar el Rock-Ola, un lugar que dejó huella en la música madrileña, todos querían tocar en ella». No, no se puede.

Libertad es la gran palabra de cualquier libro que se precie sobre la Movida.

«La irreductible presencia de Paco Clavel en las calles de Madrid es un recordatorio constante de que la libertad está ahí para quien la quiera disfrutar»

Libertad y juventud. Porque juventud es la segunda gran palabra de esta guía, de cualquier libro que quiera explicarnos lo que la Movida fue:

«La Movida ofreció a la juventud madrileña unas posibilidades inéditas de ocio, consumo y diversión en las que se mezclaban con toda alegría y libertad orígenes sociales y geográficos, géneros y tendencias sexuales, con un solo requisito: ser suficientemente extravagante, divertido y ocurrente para mantener el tipo en tertulias y corrillos con personalidades del calibre de Poch Gasca, Kike Turmix, Pedro Almodóvar o la misma Alaska».

Y, de regreso a la composición de aquel abigarrado conjunto de jóvenes encaramados sobre el futuro derritiéndose…

«Muchos de aquellos jóvenes pertenecían a familias artísticas y de la cultura, algunos eran hijos de gente de dinero, pero había también hijos de pequeños burgueses y de trabajadores. La música y las modas sexys y estrafalarias unificaban aquella comunidad tribal que deslumbró pronto a los plumillas y opinionistas de todos los medios de comunicación».

Yo conocí muchos de los lugares, los garitos, los espacios, recogidos en esta guía tan especial. Muchos que, a la larga, tras repasar tan prolongado elenco, se me han acabado quedando convertidos en muy pocos. Estuve tan cerca de la Movida que inevitablemente en ocasiones formé parte de ella. Al leer el libro de Patricia y Jesús caigo en la cuenta de que (prácticamente) todos los jóvenes de aquellos años actuamos en ella.

«Alcalá 20 fue el fin de mi infancia, allí perdí a Nani, teclista de Números Rojos y DJ de la sala, y a Marga, su novia. Pero todos pudimos haberles acompañado. Solíamos recalar con nuestras novias para beber de gratis y, de hecho, aquella noche habíamos quedado allí y, por motivos sólo atribuibles a la fortuna, ninguno fuimos, a excepción de Nani y Marga. El suyo fue el primer cadáver que identificaron. El de Marga el penúltimo. Recuerdo como una pesadilla el día después, con todos los amigos buscándola por todos los hospitales y tanatorios de Madrid. Alcalá 20 es el símbolo del rollo temerario de los españoles, esa cosa del ‘bah, si nunca pasa nada…’ Hasta que pasa». 

Estas que acabas de leer son palabras de Fernando Martín, hablando de la desgracia ocurrida en la discoteca madrileña Alcalá 20 la luctuosa madrugada del 17 de diciembre de 1983, para muchos la muerte de la Movida (madrileña). [Leo en Las Calles del Pop que Números Rojos fue “el primer grupo ‘serio’ de Fernando y Guillermo Martín (Desperados), con el que quedarían finalistas en 1983 en el Rock Villa de Madrid […]. Junto a ellos, Nani (teclas), Javier Tron (sintetizador), Elías Laorden (guitarra), Carlos Llera (bajo) y Carlos Torero (batería)”.]  

«Dile a Pepe Risi que ya puede sonreír,
él mató el silencio en las calles de Madrid».

Loquillo: En las calles de Madrid (del disco de 1984 ¿Dónde estabas tú en el 77?)

Editor de material didáctico para diversos niveles educativos en Santillana Educación, historiador y escritor. Director de la revista digital de divulgación histórica Anatomía de la Historia, es autor de El franquismo, La Transición, ¿Qué eres, España? y La Historia: el relato del pasado (publicados los cuatro libros por Sílex ediciones), fue socio fundador de Punto de Vista Editores y escribe habitualmente relatos (algunos de los cuales han aparecido en el blog literario Narrativa Breve, dirigido por el escritor Francisco Rodríguez Criado) y artículos para distintos medios de comunicación, como la revista colombiana Al Poniente o las españolas Nueva Tribuna, Moon Magazine y Analytiks. Tiene escrita una novela y ha comenzado a escribir otras dos.

Deja un comentario