El curso 2026-2027 comenzó el 1 de septiembre en Cuba con horarios flexibles, dificultades de transporte y escasez de materiales. Las restricciones estadounidenses sobre el suministro de petróleo agravan una crisis económica y eléctrica anterior. Docentes, familias y universidades buscan mantener las clases presenciales, mientras la Unesco advierte del riesgo para la continuidad educativa.

En una escuela de La Habana, la hija de Jennifer Suárez tiene todos sus profesores y ha recibido los libros que necesita. No todos los materiales llegaron: algunas familias han tenido que imprimir cuadernos por su cuenta, según contó Suárez al periodista Dariel Pradas en un reportaje de IPS. La posibilidad de asumir ese gasto depende de los recursos de cada hogar.

El inicio del curso también está marcado por la falta de docentes. La ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto, situó en el 73 por ciento la cobertura con personal de plantilla formado antes de la apertura de las aulas. Para atender el resto, las autoridades recurren a otras fórmulas de organización y contratación; ese porcentaje no significa que el 27 por ciento del alumnado se haya quedado sin clase.

La educación en Cuba ajusta horarios y asistencia

Los apagones y la escasez de combustible dificultan el funcionamiento de los centros, el traslado de estudiantes y profesores y la distribución de comidas. De acuerdo con IPS, algunas escuelas han flexibilizado la asistencia y el uso del uniforme, mientras adaptan la jornada a las condiciones locales. El curso anterior terminó antes de lo previsto en parte del país por las limitaciones energéticas y logísticas.

La Unesco advirtió en febrero de que la falta de combustible compromete la alimentación escolar, el transporte y la electricidad necesaria para sostener los programas educativos en Cuba. Su directora regional en La Habana, Anne Lemaistre, pidió cooperación internacional para proteger la continuidad del aprendizaje.

La medida más reciente de Estados Unidos, aprobada el 29 de enero, permite imponer aranceles adicionales a productos de países que suministren petróleo a Cuba. Washington la justifica por motivos de seguridad nacional. La Unesco atribuye a las restricciones externas dificultades para importar combustible, aunque los problemas educativos también se desarrollan en una crisis eléctrica y económica previa.

La universidad intenta recuperar la presencialidad

En la enseñanza superior, la Universidad de La Habana combina contenidos a distancia con clases presenciales y medidas de transporte, según los testimonios recogidos por IPS. Rafael Mena, estudiante de Periodismo que vive fuera de la capital, considera que la planificación de este curso permite continuar sus estudios en mejores condiciones que durante el semestre anterior.

La adaptación mantiene abiertas las aulas, pero plantea una pregunta para el resto del año: si la falta de energía, profesorado y materiales se prolonga, las soluciones familiares y locales pueden ampliar las diferencias entre estudiantes. Ese impacto se suma a las consecuencias sociales de las sanciones examinadas anteriormente por Periodistas en Español.

  • Pie de foto: Padres acompañan a sus hijos durante el primer día de clases del nuevo curso escolar, en un plantel de educación primaria en La Habana, el 1 de septiembre de 2026. ©Jorge Luis Baños / IPS

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre