«La chica y la araña»: sobre la complejidad de las relaciones humanas

¿Amigas? ¿Amantes? Hasta ahora, Lisa (Liliane Amuat) y Mara (Henriette Confurius) han compartido una vivienda, en la que también está Markus. Pero Lisa ha decidido vivir sola y, a lo largo de un fin de semana, efectúa el traslado ayudada por sus amigos, su madre y un par de profesionales de las mudanzas.

Asistimos a la confección de paquetes, el traslado de los muebles, una fiesta de despedida en el anterior apartamento… Lisa, radiante, no esconde la felicidad de su elección; Mara deambula como sonámbula de una habitación a otra, observándolo todo y sin llegar a participar en ningún momento. 

Partiendo  de un acontecimiento tan banal como es una mudanza, los hermanos gemelos Ramón y Silvan Zürcher, suizos de habla alemana, han construido una melancólica película sobre la pena y el dolor de la separación.

«La chica y la araña» (Das Mädchen und die Spinne), que recibió excelentes críticas cuando su estreno en la Berlinale 2021 donde recibió el Premio a la mejor escenografía en la sección Encounters, es la segunda entrega de una trilogía sobre las relaciones humanas que se inició en 2013 con «The stange Little cat» (El extraño gatito). 

Una historia centrada en los cuerpos en continuo movimiento, una especie de desfile por las habitaciones y los pasillos de dos apartamentos, como un ballet continuado de cuerpos que pone de manifiesto la proximidad y la separación de todos cuantos –parientes, amigos, vecinos-…- están participando en el traslado y montaje de los muebles, la apertura de las cajas, la colocación de aparatos y objetos… Hay durante toda película una tensión hecha de momentos, de idas y venidas que parecen responder a una coreografía, de  roces y desencuentros, de miradas y gestos. 

«La chica y la araña[1] es una mezcla particular de cuento de hadas, psicodrama y lección de antropología social» (Cineman), un espacio-tiempo cargados de sentimientos y emociones que tiene toda la apariencia de una ruptura. 

  1. «La chica y la araña» está en cartelera madrileña desde este viernes 16 de septiembre de 2022.
Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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