El Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) informa de que la falta de actividad física derivada del confinamiento y las limitaciones de movilidad han provocado en las personas mayores, según un amplio abanico de dolencias, como alteraciones del equilibrio, el aumento de riesgo de caídas, fragilidad, atrofia muscular y el incremento de dolores por patologías de miembros inferiores y por sobreesfuerzo en miembros superiores.

Los fisioterapeutas han observado también problemas osteomusculares, menor resistencia al esfuerzo con cansancio precoz, enlentecimiento de las reacciones de enderezamiento y equilibrio, y disminución de la velocidad de reacción.

La falta de movimiento ha generado además el empeoramiento de las patologías preexistentes de hombro y atrofias por desuso, a lo que habría que sumar problemas cardiocirculatorios, respiratorios e incluso digestivos, así como obesidad y edemas distales.

Según Olga Cures Rivas, del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Madrid y experta en fisioterapia de mayores, el tratamiento precoz de las secuelas físicas hubiera reducido su intensidad y frecuencia: «Si aíslas, confinas y limitas la movilidad, la atrofia, el desajuste físico, la pérdida de reflejos y la desadaptación cardiorrespiratoria aumentan de manera imparable».

Deterioro cognitivo

Esta situación de aislamiento ha provocado el inicio o el empeoramiento del deterioro cognitivo, según los casos, por la carencia de estímulos ambientales y físicos. Las personas mayores confinadas son más proclives a la depresión y al miedo y por ello han disminuido sus relaciones sociales, incluso entre personas institucionalizadas en residencias. Una vez levantado el confinamiento estricto se han observado, además, conductas agorafóbicas, con sensación de fragilidad cuando salen a la calle, y aumento de la preocupación e impaciencia en su conducta habitual.

Los fisioterapeutas plantean la necesidad de abordar de forma multidimensional los cuidados dedicados a las personas mayores, con la atención en los domicilios o residencias y la planificación de protocolos de rápida respuesta «que no excluyan a ninguna persona, como se ha visto en las primeras fases de esta pandemia», añade la fisioterapeuta.

En un país donde casi el veinte por ciento de la población es mayor de 65 años, la Fisioterapia se ha revelado como una disciplina fundamental para mejorar las respuestas de los enfermos y acortar los tiempos de recuperación, lo que supone, además, un notable ahorro del gasto sanitario. Por el contrario, la limitación del acceso a tratamientos de fisioterapia provocada por la saturación en los hospitales y centros de salud ha provocado que las secuelas hayan sido más persistentes en las personas mayores.

Los fisioterapeutas madrileños creen que es fundamental incluir al fisioterapeuta en los equipos de tratamiento a todos los niveles, incluidas las unidades de cuidados intensivos (UCI), como se ha podido demostrar este año. «Se puede y se debe intervenir en las secuelas más frecuentes como son la disnea, la astenia, fatiga, mialgias, artralgias, secuelas cognitivas, etc explica Cures Rivas.

Para el CPFCM, integrar al fisioterapeuta en todos los niveles de atención mejora las afecciones cardíacas, respiratorias, multiorgánicas, las alteraciones del equilibrio, la pérdida de autonomía y de las capacidades funcionales.

Además, destacan la necesidad de reforzar el sistema sanitario para hacer frente a las secuelas de la COVID-19 en personas mayores: «Si no hay un buen sistema sanitario y socio-sanitario que ponga toda la carne en el asador, las secuelas perdurarán y las discapacidades se perpetuarán».

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