Cuando se cumple el día 26 de su ingreso hospitalario, estamos esperando a ver qué nos dice, si por fin le dan hoy el alta o tiene que seguir hospitalizado. Se trata de Jair Leal, pintor mexicano, un mocetón de apenas treinta años, fuerte como una torre que hace veintiséis días ingresó entre la vida y la muerte en la Fundación Jiménez Díaz por culpa del dichoso coronavirus.

Creo que llegó a perder hasta la conciencia, pero logró salir del pozo y como quien espera el alba, espera ahora la visita de la doctora con la buena o la mala nueva. Solo entonces nos dirá. Ahora a esperar.

Pensaba que lo iban a mandar a casa hace ya una semana, anímicamente a tope, pero la respiración asistida no se la podían quitar por mucho que día tras día le fueran disminuyendo las dosis de oxígeno… Y así hasta hoy, en que se la acaban de quitar y enseguida cuelga su último video mientras espera los resultados de la saturación. ¿O es la suturación?

Si algo tiene de bueno esta pandemia es que vamos a acabar todos doctores en oxígeno a fuerza de oírlo contar, porque hay personas como Jair Leal que quieren que su experiencia, una auténtica bajada a los infiernos, sobre todo los cinco primeros días que pasó en la UCI, sirva también para los demás. «Lo que les comparto es horrible, horrible. Pero se sale. Yo estoy saliendo».

Porque él va a salir, pero quiere que sepamos que ha estado en las mismísimas garras de la pinche parca: 39:9 de fiebre, vómitos, diarreas y mareos, insuficiencias varias siendo la más grave la respiratoria… El estado en que este gigante llegó a la Fundación Jiménez Díaz fue para no olvidarlo y él no quiere olvidar nada, ni que los demás olvidemos lo que es este demonio del COVID-19.

A Jair Leal lo tengo de amigo en Facebook desde que asistí a una kermesse, una fiesta mañanera en su estudio de Zapadores Ciudad de Arte (Madrid), con mucha cerveza y poco pan, pero tengo que decir, porque es importante, que él llegó de México en 2001 con una beca Antonio López para estudiar Bellas Artes en la Universidad Complutense.

Ha tenido tiempo de conocernos y nos conoce bastante bien, pero aún se ha dejado sorprender por el trato regio que le ha dispensado el personal del hospital en su larga, larguísima estancia. Día a día cuelga en sus videos la visita enmascarada (una enfermera) que cada mañana le colma de atenciones sinceras y sanadoras, canciones mexicanas y hasta flores en su bandeja del desayuno antes de empezar con el control de los oxígenos, que ya van siendo tantos que se confunden con océanos.

Y el agradecimiento le hace decir: «qué gran país España, sois una gente fenomenal, me habéis tratado de lujo siempre, pero desde que estoy aquí, no tengo palabras».

Todos, médicos, enfermeras, celadores, limpiadoras, compañero de habitación que entró más tarde pero ya salió mientras él, Jair Leal, esperaba… La misma policía y los bomberos que lanzan salvas cada tarde a las ocho delante de la Fundación para honrar al personal sanitario… son mostrados por él a los que no podemos movernos de casa.

«Son ustedes fabulosos, no tengo palabras» repite con su voz ronca, que no ha perdido con los tubos del oxígeno, como la mayoría.

Él va a salir, pero quiere que sepamos.

Un día, lo vais a creer, su compañero de habitación, Antonio, le cuenta que trabajó en unas reformas en casa del pintor Antonio López y que éste le regaló un dibujo. ¿Lo podéis creer?, se maravilla Jair Leal. «El mismo pintor por el que yo vine a España le ha regalado un dibujo. ¿No es increíble?»

El sueño

Una noche, a fuerza de ver a Jair Leal en sus videos, me acordé en sueños de cuando yo visité el palacete que fue casa del doctor Jiménez Díaz, hoy sede de la Fundación Sensai, Príncipe de Vergara, 9. Allí había un libro que se acababa de presentar y que todos comentaban. Yo, que no había sido invitada, moría por tenerlo. Cuando desperté, resulta que lo tengo, que a lo mejor sí había sido invitada porque lo llevaba Miguel Ayanz y él es muy riguroso. Es o era. Porque eventos como aquel, multitudinarios y en palacios, no sé si se verán por mucho tiempo. Y ojalá que pronto escampe.

Epílogo afortunado

Efectivamente, las trece horas del día de Jueves Santo de 2020, cuando se cumplían veintiséis días de su ingreso, Jair Leal acaba de recibir el alta y así nos lo anuncia a todos a las 13:02 horas en su muro de Facebook, con un video a su estilo y una sonrisa que no le cabe en la cara: «¿Oís? Me acaban de dar el alta. ¿Os lo podéis creer? Y voy a hacer un video para que veáis lo lindo que se porta la gente aquí. Ahora voy a acostarme tres minutos porque tengo que asimilar esta maravilla».

Un video más en que podremos ver (todos, ustedes también) cómo nos cuenta su alta gloriosa. Ahora verá de conseguir comida mexicana, ya la pedía cuando hace una semana pensaba que iba a salir.

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