Juan de Dios Ramírez-Heredia[1]
Llevamos unos años en los que no hay telediario o periódico que se precie que no dedique un espacio relevante a informar sobre la crisis de la vivienda. Y todos, sea cual sea el signo de su tendencia ideológica, lo hacen recalcando el drama que supone para decenas de miles de personas, especialmente los jóvenes, carecer de los medios indispensables para organizar sus vidas fuera del amparo de la familia.
Los datos son realmente alarmantes por lo que suponen una falta de posibilidades reales para poner remedio a lo que ya es una tragedia. El modelo de sociedad en que vivimos se rige por las reglas del mercado que se ciñen a la oferta y la demanda. Los jóvenes y las familias reclaman un espacio donde construir su hogar y no lo encuentran. El déficit de unidades donde una persona puede aspirar a organizar su vida es de más de 700.000 unidades y las que hay disponibles están fuera del alcance de la mayoría por los precios inalcanzables tanto para la compra como el alquiler.
Comprar una vivienda de unos 60 metros cuadrados cuesta un 44 por ciento más que en el año 2020 y el alquiler vale el doble de lo que se pagaba entonces.
Podría continuar transcribiendo las noticias de toda índole que encogen el corazón cuando vemos a matrimonios de muchos años obligados a abandonar sus casas por no poder hacer frente a la subida de los alquileres, o a jóvenes dinámicos y emprendedores que, a pesar de ganarse bien la vida, sus ingresos no le permiten llegar al límite inferior para adquirir una vivienda,
Y les ruego que me crean porque hablo con conocimiento personal. Tengo seis hijos y alguno de ellos, buen profesional, anda bregando en el terreno infernal de la especulación para alcanzar la barrera de los precios que le impide disfrutar de una vivienda.
Prohibido ganar dinero a costa de la violación de los Principios Rectores de la política social y económica
Al final todo se reduce a eso: ganar dinero y cuanto más mejor. Algunos que no quieren situarse fuera de la legalidad vigente, es decir que quieren ganar mucho dinero, pero dentro de la Ley, fundamentan su actividad comercial en la regla mágica del liberalismo económico: «todo se puede comprar y todo se puede vender si la Ley lo permite».
Pues mire usted, ¡no! Las leyes, a veces, permiten cosas que repudia el sentido común de las buenas personas y el de quienes han depositado su confianza en otros valores que definen a buena parte de la sociedad en la que nos ha tocado vivir, Y es ahí donde entran los principios reguladores de nuestra Constitución que en su artículo 47 reconoce el derecho de todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada a sus necesidades.
No debe ganar las elecciones quien no garantice el cumplimiento íntegro de ese Derecho
Bien lo saben mis compañeros y los ciudadanos de Almería a quienes he representado en el Congreso de los Diputados en dos legislaturas. He dicho en tantas intervenciones públicas y he escrito en cuantos medios me han dado cabida, que no se debe votar a ningún partido que no garantice, con datos y medidas fiables, que en su programa electoral ocupa el principal compromiso facilitar el acceso a la vivienda de los más vulnerables.
El artículo 47 de la Constitución Española (CE) es muy claro y establece en su Capítulo tercero, que trata de «Los principios rectores de la política social y económica» que los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo para impedir la especulación.
Es un clamor de la sociedad en su conjunto la denuncia de que en España existe menos vivienda pública construida que en otros países europeos. ¿Por qué? Estas son algunas de las razones:
Construir es muy caro. Ya lo era antes. Ahora lo es mucho más por el coste de los materiales agravado por las guerras contemporáneas.
Los ayuntamientos y los gobiernos autonómicos son quienes tienen la competencia para gestionar y ordenar el suelo. El artículo 148.1.3.ª de la Constitución establece que las Comunidades Autónomas tienen competencia sobre ordenación del territorio y urbanismo. Y los ayuntamientos son los responsables del uso que se hace del suelo. Así se establece en los Planes de Ordenación Territorial (POT) y en los planes urbanísticos municipales.
Es un escándalo la especulación inmobiliaria a la que estamos sometidos A pesar de que el artículo 47 de la CE faculta a los poderes públicos a regular el uso del suelo de acuerdo con el interés general hay datos fiables que muestran que el 17,4 por ciento de los hogares se ve afectado por la exclusión residencial, lo que supone no solo vivir en la calle, sino el hacinamiento, la falta de suministros básicos y el riesgo de que te pongan de patitas en la calle.
El mercado, el mercado… ¡Todos somos esclavos del mercado!
Es una vergüenza contemplar como muchas viviendas de alquiler convencional se han convertido en refugios vacacionales con lo que el mercado se ha convertido en el Dios todopoderoso del dinero.
Quienes tuvimos la suerte de contribuir al nacimiento de la Constitución Española, votándola y firmándola, sabemos que es un texto sagrado. No diré que comparable a de los libros dictados por Dios a los Profetas, pero en su género es el texto ante el que debemos rendir honor y pleitesía quienes estimamos que los Derechos Humanos y la Libertad son principios que la CE ha elevado a lo más sagrado –junto a la familia—a que puede aspirar el ser humano.
Y ahora permítanme una breve disertación personal.
El artículo 47 de la CE fue, posiblemente el que voté con mayor entusiasmo, porque en él vi reflejada una imagen incuestionable de la vida del pueblo gitano.
Nuestra gente, que desde hace seiscientos años vive en España y que somos tanto o más españoles que los Reyes Católicos, siempre hemos tenido una especial predilección por la vida nómada. Tal vez como consecuencia de la salida de la India de nuestros antepasados en el siglo décimo. Eso nos obligó a cobijarnos donde buenamente podíamos a lo largo de los siglos. Por esa razón los puentes formaron parte de nuestra vida diaria. Bajo ellos hemos crecido y hemos cobijado a nuestros hijos.
Pero esos tiempos quedaron ya muy lejos. La necesidad de vivienda que padecemos se compagina con la del resto de los ciudadanos a los que la especulación inmobiliaria les impide el acceso a una vivienda,
Días pasados la ministra de la vivienda, Isabel Rodriguez, dio la voz de alarma contra los pisos turísticos y la compra especulativa. «Ante esas realidades no hay más remedio que tomar medidas drásticas porque con la vivienda no se mercadea».
Pues a ver si es verdad
- Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya es abogado y periodista




