Alicia Población

Hanna Arendt fue una filósofa y teórica política alemana considerada de las más influyentes del siglo veinte. En 1933, con la privación de derechos a los judíos y su persecución en Alemania toma la decisión de emigrar. 

Ella fue la protagonista en abril 2021 del ciclo Teatro Urgente que acoge el teatro Galileo de Madrid. Con este proyecto se pretende afianzar los sentidos que nos roba la inmediatez de nuestro tiempo, llevando a las tablas un teatro de ideas. Existe una necesidad de poner a los artistas, filósofos, pensadores, actores y dramaturgos en el escenario, al alcance del público, para tratar los problemas más urgentes de nuestro tiempo. «Hemos venido a decir lo que no puede esperar», y hay algunas obras que se perderían en el olvido si no se abordan en el momento preciso.

Hanna Arendt, en tiempos de oscuridad, narra la vida de la pensadora alemana, llevándonos a través de sus miedos y sus inquietudes de la mano de Karina Garantivá, Lucía Juárez, Rodrigo Martínez Fau, Estíbaliz Racionero y Germán Torres. Hacia la segunda mitad, el montaje se centra en Adolf Eichmann, sobre el que Arendt escribió su ensayo Eichmann en Jerusalén, la banalidad del mal. En este punto se rompe la barrera de la cuarta pared con el público y se llega a una especie de meta-teatro que pone a flor de piel las emociones de los espectadores.

Los temas de la obra son variados y de temática tan universal como actual: guerra, emigración, la lucha de las mujeres, poesía, amor, filosofía… Se debate sobre el mal, sobre la capacidad de juzgar del ser humano, personificada en un primer momento en el actor que hace de Eichmann, y posteriormente a través del público. ¿Por qué cometió aquellos atroces crímenes de guerra?

Hanna Arendt se lo preguntaba en su ensayo, y el espectáculo nos lo cuestiona a nosotros. Cumplir órdenes obedece a la necesidad de formar parte de algo, y esta necesidad hoy en día se ha convertido prácticamente en requisito. Lo que ocurre es que cuando todos somos culpables, nadie es responsable de nada, entonces ¿cómo juzgar a Eichmann? De la obra se deduce que la obediencia ilimitada nos lleva a no pensar, a no posicionarnos, y al hacerlo pasamos a pertenecer a un todo y al mismo tiempo a estar completamente solos. 

El verdadero aliado no es quien comparte tu castigo, sino tu miedo. En su ardua huida de la Alemania nazi, Arendt también nos hace reflexionar sobre los enemigos: los hay de dos tipos, quienes pretenden destruirte y quienes no se deciden a ayudarte. Unos construyen campos de concentración, otros campos de refugiados. Quizá por todo esto el tema central de la obra podría ser la dicotomía entre tomar o no tomar partido, posicionarse o no, juzgar a Eichmann o no hacerlo.

Con un texto nada fácil, que te obliga a estar al cien por cien en la función, hay que reconocer que es un montaje realmente urgente. Y lo es porque nos recuerda algo fundamental: la necesidad de pensar, tan presente en Arendt, y la causa y efecto de dejar de hacerlo. Nos recuerda que el poder que nos da el pensamiento, nos da también el poder de decidir, y eso acarrea responsabilidades de las que a veces huimos, como decía Erich From en El miedo a la libertad. Pero también nos recuerda el poder que tiene el arte, el teatro, que es capaz de ponernos siempre en común.

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