Activistas de Greenpeace han colocado a primera hora de este ‘Black Friday’ del 27 de noviembre de 2020 una enorme caja de 250 kilos con el planeta Tierra dentro a modo de «envío de paquetería» para denunciar el consumismo desaforado y, más concretamente, el comercio electrónico a gran escala.

Con el mensaje ‘El Black Friday consume el planeta’, la organización ecologista pretende llamar la atención sobre el grave impacto al medio ambiente de las compras masivas, especialmente en un año en el que, debido a la pandemia de la COVID-19, se prevé que el comercio electrónico alcance cifras récord. 

Los datos hablan por sí solos: en 2019, sólo la producción, el embalaje y el transporte de todos los productos que se compraron en Madrid durante el Black Friday generaron seis veces más emisiones que en un día normal: El 81,11 por ciento debido a la producción y comercialización de los productos, el 15,45 por ciento por el transporte (tanto de personas que se desplazan para ir a comprar como de entrega de mercancías) y el 0,44 por ciento por el uso de embalajes. Todo eso sin tener en cuenta las emisiones que se pueden generar durante el ciclo de vida completo de esos productos, por el uso de energía de los mismos y su posterior gestión como residuos.

«Citas como el Black Friday son una fiesta del ‘sobreconsumo’ de la que solo nos enseñan una parte, pero no el ‘backstage’ que destruye el planeta», ha asegurado Alba García, responsable de la campaña de Ciudades de Greenpeace, quien añade: «Este año el comercio electrónico es el gran protagonista y, aunque nos ha facilitado la vida, sobre todo en tiempos de pandemia, a gran escala tiene un elevado coste ambiental. Consumir local en vez de apostar por gigantes del consumo, y solo cuando lo necesitemos, es la única solución». 

Mantener el consumo al ritmo actual requiere de materias primas cuya extracción crece sin freno. En 1970 se extraían cerca de veintidós billones de toneladas de materiales primarios en todo el mundo (metales, combustibles fósiles y otros recursos naturales como madera y cereales).

En 2010, esa cifra se disparó hasta los 70 billones de toneladas y se estima que en el año 2060 se necesitarán 190 billones de toneladas para hacer frente a la demanda. Solo en 2018, las compras del Black Friday fueron un 220 por ciento superiores a las de un día normal y en torno a un 80 por ciento de los españoles adquirió algún producto, frente al 74 por ciento de la media europea.

Este año, según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), y debido al contexto de crisis sanitaria y socioeconómica actual, se espera que esta cifra caiga considerablemente; sin embargo, un 51 por ciento, tiene pensado comprar solo ‘online’.

El auge del comercio electrónico entraña un grave peligro para el planeta en términos de uso de los recursos, emisiones de gases de efecto invernadero y de residuos. Los envíos rápidos y a domicilio requieren de tres veces más energía que los habituales y sólo en China en 2018 se generaron trece millones de toneladas de emisiones de carbono debido al envío de todos los paquetes del sector de entrega urgente. 

Según Greenpeace, estos datos son una clara señal de la necesidad de implementar cambios en las ciudades y en los patrones de consumo para afrontar la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad.

Por ello, las urbes que apuesten por el consumo local, la reparación y el intercambio y por establecer modelos como el de la ciudad a quince minutos serían mucho más sostenibles y resilientes ante cambios futuros. 

«Los ayuntamientos son directamente responsables ante su ciudadanía y mucho más ágiles que los Gobiernos nacionales para tomar medidas decisivas. En el contexto de emergencia climática y sanitaria en el que nos encontramos, es crucial fomentar los comercios de reparación e intercambio así como el comercio local, evitando los eventos hiperconsumistas lo máximo posible», ha concluido García.

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