Greenpeace sostiene que la bahía de Algeciras es básicamente una gasolinera low cost marítima donde se cargan miles de barcos todos los años, desde gabarras o gasolineras flotantes, sin las condiciones de seguridad necesarias y a un precio menor que en otros puertos, puesto que en Gibraltar no se paga la tarifa Marpol.

El lunes 25 de agosto 2022, el buque OS 35, que transportaba hierro, colisionó con el metanero Adam LNG. La tripulación está bien, pero el buque está semihundido y encallado frente a las costas de Gibraltar.

El OS 35 tenía en su interior 215 toneladas de fueloil pesado, 250 toneladas de gasóleo y 27 toneladas de aceite lubricante para sus motores. Los equipos de descontaminación se afanan en sellar las fugas y vaciar estos hidrocarburos en un buque auxiliar.

Sin embargo, desde el peñón se aprecia un penacho de fueloil que poco a poco se está vertiendo al mar a pesar de las barreras de contención, que son claramente insuficientes. El fueloil y el diésel pesado no son fáciles de parar por las barreras de crudo, debido a su consistencia más ligera.

«Es sorprendente que una zona que tiene tantos espacios naturales cerca, Zonas Especiales de Conservación (ZEC) y áreas que están integradas dentro de la red Natura 2000, que además es zona de paso de cetáceos -como delfines, calderones, orcas- y un espacio de migración de aves, sea una zona que se expone al peligro a diario por el transporte de mercancías peligrosas. Desde Greenpeace consideramos imprescindible que se proteja la biodiversidad para aumentar su resiliencia ante desastres ecológicos como este», ha declarado Celia Ojeda-Martínez, responsable del área de biodiversidad de Greenpeace.

Añade que «nuestra dependencia de los combustibles fósiles nos hace poner en riesgo zonas de elevada biodiversidad que nos pueden proteger ante los efectos del cambio climático».

Este accidente no es un caso aislado. En agosto de 2008, un buque de chatarra, el New Flame, colisionó con un petrolero, el Torm Gertrud, muy cerca de Gibraltar y se hundió en la zona. El hundimiento provocó un derrame de fuel y otros productos químicos.

Otros buques como el Samotraki, el Tawe o el Fedra han seguido la misma suerte en la zona estos últimos años. 

La realidad es que la bahía de Algeciras tiene un tráfico de los más intensos del mundo, y no solo por su situación geográfica privilegiada o por carga y descarga en sus puertos: los buques van a repostar combustible en la bahía (bunkering, en el argot náutico). Cargar combustible en el mar es una maniobra muy arriesgada que puede provocar vertidos de hidrocarburos. 

Por otro lado, el buque con que colisionó el OS 35 es el buque metanero Adam LNG, que no ha sufrido daños relevantes y se encontraba vacío. Pero podía haber llevado a bordo una bomba climática, y no por su explosividad, sino porque los 162.000 m3 de gas licuado (mayoritariamente gas metano) que suele llevar, vertidos a la atmósfera en caso de accidente, supondrían un «chapapote invisible» equivalente a veintitrés millones de toneladas equivalentes o siete millones de coches en un año. 

Greenpeace advierte que la crisis energética ocasionada tras la invasión de Putin contra Ucrania y el corte del suministro del gas ruso hacia Europa está convirtiendo a España en la gran entrada de gas para Europa, sobre todo si financia la construcción del tercer gasoducto con Francia (Midcat).

Las siete plantas regasificadoras en territorio español (incluida el Musel que recientemente está iniciando su operación) recibieron en 2021 hasta 254 buques anuales. Cantidad que se prevé que aumente mucho en las actuales circunstancias geopolíticas, aumentando con ello los riesgos de accidente y las emisiones.

«Además de redoblar los esfuerzos coordinados en limpiar el vertido, la mejor barrera contra la contaminación de las playas de la bahía de Algeciras sería un acuerdo entre los gobiernos de Gibraltar y el español para poner límites al bunkering mafioso en sus aguas», explica Francisco del Pozo, coordinador de combustibles fósiles de Greenpeace. 

«Hace casi veinte años del desastre del Prestige y seguimos haciendo como si el hecho de que el noventa por ciento del comercio mundial y más del cincuenta por ciento del gas se muevan por mar no tiene consecuencias sobre el ecosistema y el clima», concluye.

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