La O’Keeffe es algo más que una artista de vanguardia del arte norteamericano del siglo veinte, es el emblema de una visión femenina, es la mirada de una América profunda y solitaria, una América donde los sueños son realidad y la realidad, sueño. 

Georgia O’Keeffe © Stieglitz
Georgia O’Keeffe © Stieglitz

Ella no quería ser llamada mujer artista y tenia razón. La O’Keeffe era artista y punto, claro, tenía una «mirada» especial, una «mirada» en su obra desde lo femenino o desde la percepción de la mujer, como los hombres tienen la suya.

Su manera de pintar flores, de abrirlas en aromática sensualidad, de envolverse en cromatismos diversos, de engalanarse en arabescos abstracto, es una «mirada» femenina o  diferente de enfrentarse a la imagen, pero hay algo mas en esta artista, hay una voluntad, una necesidad de nuevas formas, de nuevas imágenes, de representar  trascendiendo códigos, reglas y tradiciones. Hay una actitud transgresora, que se aparta de los tratamientos académicos para decir desde su narrativa personal. Para descubrir el paisaje de una tierra de sueños (en el caso de ella, el sueño americano fue cumplido), una tierra lejana y suya. 

La O’Keeffe como David Hockney es artista de la soledad, de algo inmanente que atraviesa este suelo, tierra que devuelve, al que siembra, el fruto de su esfuerzo. Sin embargo, el silencio, la soledad parece flotar en el paisaje, en las ciudades. América es un sueño, algo que no tiene límite porque es la medida de tu sueño, la tierra prometida. La pintora conoció el secreto y trató de captar su esencia en los rascacielos de Nueva York, en el paisaje de Nuevo México, en las flores y en los cielos, sin adherirse a ningún movimiento, aunque se la vincule a la Abstracción, al Surrealismo, al arte femenino, al paisajismo y al retrato floral, pues bien, es todo eso y mucho más. 

Georgia O’Keeffe nació el 15 de noviembre de 1887, en Sun Praire, una casa de campo de Wisconsin, y murió el 6 de marzo de 1986, en Santa Fé. Muy joven se dio cuenta de que su vocación era la pintura, estudió arte donde pudo y como pudo: en el Instituto de Arte de Chicago y después en la Liga de estudiantes de arte de Nueva York, hoy lugar histórico patrimonial. 

Georgia O’Keeffe Rizt tower NY
Georgia O’Keeffe Rizt tower NY

Cuando me sentaba a tomar café en la cafeteria de la Liga, recordaba los artistas que pasaron por allí, es un lugar testimonial del arte americano. Desde la ventana se observan los rascacielos de Manhattan, el Nueva York que Georgia caminó y conquistó.  

Estuvo enseñando en diversos colegios y universidades, pero fue la exposición que llevó a cabo en 1916, en Nueva York, en la Galería 291, con el apoyo del  fotógrafo Alfred Stieglitz, la que coloca su nombre en el mapa artístico del arte moderno. A partir de su relación con Alfred se muda a Nueva York y comienza a trabajar profesionalmente, el casamiento llega en 1924. Su arte florecía, había creado formas abstractas, había jugado con cromatismos contrastados y había quebrado los rigores académicos, incluso, alucinó a Nueva York con imágenes eróticas que se asociaban con sus pinturas. Sus amigos artistas Paul Strand, Arthur Dove, Edward Steichen fueron el ambiente propicio para su temperamento sensible, ávido de innovaciones pero solitario.

Infidelidades, cansancio de la gran metrópoli, búsqueda de nuevas visiones la llevaron a Nuevo Mexico, donde compró una finca y después de la muerte de su marido, decidió radicarse  en ese extraño lugar, que tanto la inspiraba, hasta el final de sus días.

Georgia O’Keeffe amapolas orientales
Georgia O’Keeffe amapolas orientales
Georgia O’Keeffe Black mesa
Georgia O’Keeffe Black mesa

Llegó a pintar cerca de doscientas flores, formando una verdadera colección, flores aumentadas, en detalle, enfocadas desde un ángulo, distorsionadas, eran las flores de la O’Keeffe. Se creó una fundación y un museo en 1997, en Santa Fe. Su nombre es hoy universal, sus pinturas se venden en 35 millones de euros, el servicio postal de Estados Unidos emitió un sello en su honor y su obra se encuentra en los museos de Estados Unidos y Europa. 

A partir del 20 de abril hasta el 8 de Agosto, la obra de la artista americana estará en Madrid. Se podrán ver noventa composiciones que se exhibirán en el Museo Thyssen-Bornemisza, siendo la primer retrospectiva en España de Georgia O’ Keeffe, en la que se podrá apreciar un recorrido completo de su trayectoria artística. La museografía tiene una disposición cronológica, mostrando las primeras obras de O’Keeffe, de fines de 1910 y comienzos del 20, siguiendo la evolución artística de la pintora y agrupando las obras según el concepto temático. A través de sus realizaciones se perciben las tendencias que resonaron a fin de siglo comienzo del siglo veinte, los «ismos»: surrealismo, cubismo, abstraccionismo, influencias que se funden en un positivo sincretismo, el estilo único, original de la O’Keeffe. 

Este proyecto ha sido posible gracias a mas de 35 museos y colecciones internacionales, entre ellos el propio Museo Georgia O’Keeeffe de Santa Fe. Cabe destacar que la colección del Thyssen tiene cinco cuadros de la pintora formando parte de la Pinacoteca del museo.

La muestra que se verá primero en Madrid, partirá luego en gira europea al Centro Pompidou en París y a la Fundación Beyeler en Basilea, Suiza. Estará abierta al público a partir del 20 de abril, acompañada de visitas guiadas y encuentros presenciales y virtuales dentro del proyecto educativo Narraciones gráficas. Están todos invitados!

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