Estudiar un curso fuera de España es una experiencia que puede marcar un antes y un después durante la adolescencia. Y Estados Unidos sigue siendo uno de los destinos que más interés despiertan entre quienes buscan mejorar el inglés, conocer otro sistema educativo y ganar autonomía. Cursar un año escolar en Estados Unidos permite además descubrir desde dentro una cultura que los jóvenes conocen bien a través del cine, las series, la música y las redes sociales.

La experiencia puede desarrollarse durante un trimestre, un semestre o un curso completo, según el programa elegido. Pero estudiar en Estados Unidos va bastante más allá de asistir a clase en inglés. Supone integrarse en la vida cotidiana de un high school, convivir con una familia anfitriona o residir en un internado, hacer nuevos amigos y participar en actividades que forman parte de la cultura escolar estadounidense.

¿Cómo es estudiar en un high school estadounidense?

El sistema educativo estadounidense presenta diferencias importantes respecto al español. El high school comprende cuatro cursos: 9th grade, 10th grade, 11th grade y 12th grade, equivalentes aproximadamente desde 3.º de ESO hasta 2.º de Bachillerato.

Una de sus características es la variedad de asignaturas disponibles. Junto a materias obligatorias como inglés, historia o matemáticas, los alumnos pueden encontrar optativas tan diferentes como periodismo, diseño gráfico, marketing, cine, danza, coro o agricultura, dependiendo del centro.

Muchas de estas materias tienen, además, un marcado componente práctico. Un alumno de periodismo puede participar en el periódico del instituto, mientras que estudiar teatro puede implicar preparar y representar una obra. Es otra forma de aprender, relacionarse y utilizar el inglés en situaciones reales.

De los deportes al mítico «prom»

La vida académica tampoco termina al sonar el timbre. Los institutos estadounidenses conceden una gran importancia a la pertenencia a la comunidad escolar, con equipos deportivos, clubes, mascotas y actividades extracurriculares.

Fútbol americano, baloncesto, béisbol, natación o cheerleading son algunas de las disciplinas que pueden encontrarse durante el intercambio. A ello se suman acontecimientos sociales tan asociados al imaginario estadounidense como el «prom», el conocido baile escolar.

La convivencia permite también acercarse a tradiciones como Halloween, Thanksgiving o la Navidad estadounidense. Cuando el alojamiento se hace con una familia anfitriona, el estudiante comparte sus rutinas, comidas, celebraciones y actividades, favoreciendo una inmersión cultural que no se limita al horario escolar.

Programa Clásico o Flex: dos maneras de vivir la experiencia

CLS ofrece dos grandes modalidades para cursar un año escolar en Estados Unidos.

El Programa Clásico funciona con visado J-1 y está pensado para quienes quieren vivir una experiencia de intercambio tradicional. El estudiante se aloja con una familia anfitriona voluntaria, asiste a un colegio público y puede ser destinado a cualquiera de los cincuenta estados en función del lugar en el que viva la familia que lo seleccione.

El Programa Flex utiliza visado F-1 y ofrece una mayor capacidad de elección. Permite seleccionar el distrito escolar y contempla colegios públicos o privados, así como estancias de un semestre o un curso completo. También permite orientar la elección hacia determinadas asignaturas o deportes.

En cuanto al alojamiento, además de las familias anfitrionas existen programas que permiten residir en un boarding school o internado. En estos centros, clases, estudio, actividades y convivencia forman parte de una rutina organizada dentro del propio campus.

Una experiencia para ganar autonomía

Pasar varios meses lejos del entorno habitual exige adaptación. Hay que desenvolverse en otro idioma, comprender nuevas costumbres, relacionarse con personas diferentes y aprender a gestionar situaciones cotidianas con mayor independencia.

Precisamente ahí reside buena parte del valor de un intercambio escolar. Mejorar el inglés es uno de sus beneficios más evidentes, pero no el único. Participar activamente en clase, probar asignaturas diferentes, incorporarse a un equipo o club y convivir con otra familia son experiencias que pueden favorecer la iniciativa personal, el trabajo en grupo y la autonomía.

Por eso, un año escolar en Estados Unidos no consiste simplemente en cambiar un instituto español por uno estadounidense. Es una inmersión académica, lingüística y cultural que permite conocer desde dentro otra forma de estudiar y de vivir, al tiempo que acerca a los jóvenes a un entorno más internacional.

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