Antes de aprender a leer, escribir o resolver problemas matemáticos, existe una etapa donde ocurre algo igual de importante: la educación infantil. Un periodo de cero a tres años que consiste en mucho más que «cuidar» y que está en huelga indefinida desde el 7 de abril de 2026 en la Comunidad de Madrid.
Detrás de cada aula de infantil hay profesionales que sostienen momentos fundamentales de crecimiento, aunque en muchas ocasiones sus condiciones laborales no reflejen la responsabilidad que asumen.
Por ello, el sindicato CGT y la Plataforma de Escuelas Infantiles (PLEI) protestan y exigen mejoras salariales, reducción de las ratios, más recursos y mejores jornadas laborales así como el reconocimiento del trabajo no lectivo, entre otras reivindicaciones.
Muchas necesidades al mismo tiempo
Acompañar los primeros pasos de una persona, observar su desarrollo, detectar necesidades, favorecer su autonomía y crear un entorno no solo estimulante sino emocionalmente estable es esencial para los más pequeños.
Basta con imaginar una mañana cualquiera para comprender la complejidad de ese trabajo.
Mientras un educador/a acompaña a Juan, que acaba de llegar al centro y llora porque todavía necesita separarse poco a poco de su familia, María pide ayuda porque tiene sed. Al mismo tiempo, Ana y Pablo discuten por un juguete y necesitan aprender a gestionar sus emociones. Arturo quiere ir al baño y Marta reclama atención porque tiene hambre. Y esto ocurre antes incluso de hablar de aprendizajes.
Cada pequeño/a tiene su propio ritmo, su historia familiar, sus necesidades emocionales y su manera de relacionarse con el mundo. La educadora no solo organiza actividades: observa, anticipa, escucha, acompaña y toma decisiones constantemente.
Por eso, hablar de ratios, tiempos de atención o recursos no es únicamente hablar de condiciones laborales. Es hablar de la calidad del acompañamiento que reciben las familias.
La ratio
La ratio de las aulas es una cuestión educativa, no solo administrativa.
Entre los grandes debates dentro de la educación en Educación Infantil se encuentra el número de alumnos/as por profesional. Cuando el aula está formada por muchos menores y pocos adultos, la atención individualizada se vuelve más complicada.
La educación en estas edades necesita presencia, mirada y disponibilidad emocional. No basta con cubrir necesidades básicas, es necesario establecer vínculos seguros, detectar dificultades tempranas y ofrecer experiencias adaptadas a cada persona.
Sin embargo, la calidad de estos servicios depende, entre otros factores, de contar con profesionales preparados y condiciones adecuadas para desarrollar su labor.
¿Puede la vocación contra las malas condiciones?
La vocación es uno de los grandes motores de la educación. Muchas personas que trabajan en esta etapa lo hacen porque creen profundamente en la importancia de acompañar a los más pequeños. Pero la vocación, por sí sola, no puede convertirse en una solución permanente.
El compromiso profesional no debería implicar asumir sobrecargas constantes ni falta de recursos y, una sociedad que valora la infancia debe valorar también a quienes la acompañan.
No se trata de negar la entrega de estas profesionales, sino de recordar que, detrás de cada educador/a hay una persona que también necesita ser cuidada.
La mejora de las condiciones de este colectivo no debería entenderse únicamente como una reivindicación profesional. Defender una Educación Infantil de calidad es una responsabilidad compartida. Quienes hoy acompañan los primeros años de vida están construyendo las bases emocionales, sociales y cognitivas de la sociedad del mañana.




