Las autoridades mexicanas dicen proteger a los migrantes que llegan al país, pero lo que realmente sucede es que intentan disolver a toda costa las caravanas con equipos antimotines, violando especialmente los derechos de niñas, niños y adolescentes.

En las últimas semanas se han reportado más agresiones que violan y vulneran los derechos humanos de personas migrantes en el sureste de México, pero desde el Gobierno tienen un discurso que se contrapone a la realidad.

En diversas ocasiones, la organización Save the Children ha condenado la excesiva violencia en contra de personas migrantes que huyen de sus países de origen debido a la violencia y la pobreza. Se lo han contado ellos mismos. En Tenosique (Tabasco), una madre, adolescente migrante, les refirió: «he tenido que correr varias cuadras [calles] con mi hijo, porque migración me ha querido detener».

Jorge Vidal, director de programas de Save the Children en México, asegura que les preocupa enormemente que, en este país, «funcionarios del Estado Mexicano, traten de esta manera a quienes vienen de situaciones de alto riesgo para su integridad y sus vidas», porque «estas acciones no solo no garantizan los derechos humanos, sino que los vulneran, puesto que estas personas han dejado todo lo que conocían para poder estar seguras y protegidas». Además, es grave, destaca, que niñas, niños y adolescentes migrantes estén siendo detenidos o que se lleven a sus madres y padres y queden solos, a la deriva, y expuestos a grupos de narcotráfico y trata de personas.  

Es precisamente por esta situación que los migrantes han exigido al gobierno de México ser reconocidas como personas refugiadas, y que sus casos sean procesados en tiempo y forma, tal y como indican las leyes y normativas de México.  

El caso de los haitianos

Haitianos atravesando México. ©Diario Hispaniola

Es necesario señalar que un número importante de integrantes de las cuatro caravanas que partieron de la ciudad de Tapachula, en Chiapas, son de nacionalidad haitiana y buscan establecerse en otros lugares del país, o buscar el asilo en los Estados Unidos.  

Hay que resaltar que la situación política de Haití y el reciente seísmo que provocó daños devastadores ha originado que el país no pueda garantizar la protección y seguridad de quienes están migrando; por el contrario, que regresen a su país les pone en peligro e incertidumbre.

«Frente a esto, el Gobierno de México debe implementar una política sustentada en los derechos humanos y en la perspectiva de género, para así garantizar los derechos de quienes migran y se encuentran en nuestro país, especialmente si se trata de niñas, niños y adolescentes», ha señalado Vidal. 

Hay herramientas, pero no se usan

Desde el año 2019, instituciones y dependencias del Gobierno de México, con la colaboración y experiencia de organizaciones de la sociedad civil y agencias de la Organización de la Naciones (ONU) Unidas, elaboraron un instrumento de coordinación y gestión denominado Ruta de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes en Situación de Migración.

Este instrumento incluye numerosas herramientas para la identificación y protección integral de los derechos de niñas, niños, adolescentes y sus familias refugiadas, solicitantes del reconocimiento de la condición de refugiado o en situación migratoria irregular. Sin embargo, y a pesar de múltiples esfuerzos de capacitación, este instrumento sigue sin implementarse en el país azteca, dejando altamente vulnerables a todos ellos.

En este sentido, Save de Children recuerda al Gobierno de López Obrador su obligación de velar por el respeto, protección y acceso a los derechos humanos de todas las personas que se encuentran en el país, sin importar su nacionalidad, estatus migratorio o condición social. Y aseguran que, mientras el Ejecutivo no modifique su proceder, seguirán alzando la voz y señalando y exponiendo las violaciones a los derechos humanos en los que incurra. 

(Foto de portada: Jeanne Menjoulet, flickr)

Periodista. Tras más de 30 años en el sector de la construcción en una publicación para profesionales, me dediqué al mundo de la solidaridad a través de un partido político, ocupándome de la comunicación. Esa época determinó el comienzo de un camino dirigido a la defensa de los derechos humanos, a la denuncia. Poco después me instalé en México. Publiqué en un par de periódicos y en una revista literaria, donde edité poesía. A través de Periodistas en Español comencé a relatar lo que sucedía allí. Tras siete años de estancia en el país azteca, en 2018 regresé a España.

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