
El último vikingo (Den sidste viking) es una divertida y desconcertante historia, bastante sombría en el aspecto psicológico, que oscila entre comedia negra y drama, sexto largometraje del guionista y realizador danés Anders Thomas Jensen («Los carniceros verdes», «Adam’s Apples», «Jinetes de la Justicia»), uno de los maestros del cine nórdico, un cineasta que juega con los géneros y que ha conseguido crear un universo propio a base de humor negro y transgresión.
«Reconocido por su sentido de lo inquietantemente extraño y sus historias centradas en personajes sospechosos» (Cineuropa), con frecuencia criminales, siempre sobre el fondo de una Escandinavia pintoresca que nos atrapa. Hay algo inasible en esa mezcla tan ajena de comedia, tragedia y absurdo, en esa manera tan particular de encarar la vida y hablar de ella.
En El último vikingo Jensen reincide con sus intérpretes de cabecera, Mads Mikkelsen (Chaos Walking) y Nikolaj Lie Kaas («Frankenstein»): una alianza creativa con un humor muy especial, que ha dado reputación al trío y que, según el propio director, permite «ir más lejos» con los personajes y el tono, porque se apoya en relaciones de trabajo consolidadas y en la confianza para arriesgar con propuestas tan radicales como emotivas.
Esa complicidad se traduce en interpretaciones que sostienen el equilibrio entre la comedia más incómoda y la emoción más directa, construyendo una fábula contemporánea sobre la identidad y las realidades que nos inventamos para sobrevivir.
Sin duda, los mejor de la película es la interpretación de los dos actores, a los que se suman, entre otros, Sofie Gråbøl, Søren Malling, Bodil Jørgensen, Lars Brygmann y Nicolas Bro, configurando un conjunto coral de personajes excéntricos y profundamente humanos, protagonistas de una fábula de extraños personajes que nos hablan de aceptación, de redención y de amor al otro, por despreciable que pueda parecer.
Todo empieza cuando el atracador Anker sale de la cárcel, donde ha pasado quince años, y quiere recuperar el botín de más de veinte millones de coronas que su hermano Manfred tenía que encargarse de enterrar en lo que fue la casa de sus padres, el lugar en el que habían crecido y acumulado traumas, un montón de hermanos con un padre violento.
El problema es que Manfred, que se siente muy vikingo, padece una alteración de identidad, cree que es John Lennon, solo responde al nombre de John y parece haber olvidado completamente donde está el dinero que su hermano le reclama.
De la casa de su infancia, que ahora es un alquiler Airbnb y tiene muy malos recuerdos para Manfred, se ocupa una pareja disfuncional: Margrethe cree que es modelo porque una vez hizo un anuncio de manos, y Werner lleva años frente a un ordenador intentando escribir un cuento para niños.
A la reunión se suman Lothar, un psiquiatra que, para ayudar a Manfred, quiere reunir a los «Beatles» a base de otros pacientes que tienen trastornos de personalidad: uno de ellos se cree Ringo y otro es alternativamente Paul y George (y a veces Björn, de ABBA).
Mientras Anker intenta desesperadamente que Manfred le diga donde está enterrado el dinero, los falsos Beatles hacen una primera actuación, y para completar el cuadro aparecen la hermana que se ha ocupado de Manfred y el antiguo cómplice de Anker, un tipo brutal que también quiere el dinero.
Desde hace cuarenta años, el realizador Anders Thomas Jensen es uno de los grandes del cine danés contemporáneo, más conocido por sus trabajos de guionista. Con El último vikingo[1], presentado en la Mostra de Venecia 2025, nos introduce en una comedia en cierto modo costumbrista, una historia de personajes que transitan por los límites de la «normalidad».
- El último vikingo se estrena en Madrid este viernes 6 de marzo de 2026.



