En 2019, en una vieja casa de Sant Cugat del Vallès que iba a ser derribada, aparecieron en dos cajas de color rojo que estaban escondidas en el garaje en ruinas, más de cinco mil negativos y setecientos positivados de fotografías y placas de vidrio tomadas en Barcelona durante la guerra civil española, entre 1936 y 1939, de las que apenas se conocía un centenar.

Campañà, autorretrato, 1936.

Fueron hechas por el fotógrafo Antoni Campañà, un profesional que se había dedicado a la fotografía deportiva, teatral y turística y que durante la guerra fue chófer de la aviación republicana.

Las fotografías fueron encontradas por un nieto de Campañà cuando, antes de vender la casa familiar, revisó el garaje por si hubiera algún documento de su abuelo.

Terminada la contienda, Campañà se entregó a los nacionales en el cuartel del Bruc, donde un piloto e ingeniero militar lo envió a casa. Este ingeniero era José Ortiz Echagüe, el gran fotógrafo pictorialista español, que pudo haberle salvado la vida con este gesto de colega. Campañà había trabajado con él en Galería. Revista Internacional de Fotografía Artística.

Muchas de las fotografías encontradas en Sant Cugat se incluyen en el libro «La caja roja. La guerra civil fotografiada por Antoni Campañà» editado por el profesor de la Universidad de Barcelona (UAB) Arnau González Vilalta, el reportero Plàcid García-Planas y el fotógrafo David Ramos en la Editorial Comanegra.

Algunas habían sido publicadas en periódicos republicanos y otras fueron utilizadas en carteles de propaganda política. Los anarquistas utilizaron otras para editar postales. Una de ellas, que recoge una trágica imagen de una madre con un hijo, fue modelo para un cartel que denunciaba el bombardeo de Guernica. Al finalizar la guerra, Ortiz Echagüe contrató los servicios de Campañà para hacer las fotografías publicitarias de la Seat, donde el fotógrafo pictorialista ocupaba un alto cargo.

En esta colección se pueden ver imágenes de niños jugando a la guerra, otros heridos por bombardeos aéreos, momias desenterradas de tumbas conventuales, saqueos en la Rambla barcelonesa, largas colas en los cines y en los establecimientos para conseguir comida y tabaco y el casino de la playa de Sant Sebastià, en la Barceloneta, convertido en comedor social para niños hambrientos.

Refugiados andaluces en el estadio olímpico de Montjuic huidos del asedio de Málaga, anarquistas, falangistas, iglesias quemadas, desfiles, coches abandonados por los republicanos en Portbou durante la huida, manifestaciones de mujeres exigiendo comida frente a la Pedrera del Paseo de Gràcia, gente rescatando enseres y pertenencias de sus casas víctimas de bombardeos, saqueos en los domicilios abandonados, trenes en la estación Nord de Barcelona abarrotados de voluntarios para el frente de Aragón, artistas del Sindicato de dibujantes de la UGT decorando los trenes en la estación de Sant Andreu, desfiles de mujeres milicianas con banderas anarquistas, escenas del entierro de Durruti, soldados alemanes de la Legión Cóndor y tropas italianas en el desfile de la Diagonal, jóvenes republicanos desfilando hacia el frente, también de tropas nacionales con magrebíes y desfiles de fascistas con alemanes e italianos… que muestran una cara poco conocida de la guerra civil en Barcelona.

Los responsables de «La caja roja» las han organizado en apartados con títulos tan explícitos como «Golpe y revolución», «La guerra interna en Cataluña», «La vida continúa», «El hambre», «El paso franquista» o «Una sociedad domesticada». Únicamente dos de estas fotografías se pudieron ver en una exposición organizada en Barcelona por La Caixa.

El reportero pictorialista

Campañà: un hombre evita que una joven le coloque
una insignia republicana en la Rambla de Barcelona

Antoni Campañá i Bandranas (Arbúcies, 1906-Sant Cugat, 1989) fue un fotógrafo pictorialista, la tendencia que pretendía elevar la fotografía a la categoría de arte. Después de ejercer como reportero en varios periódicos terminó trabajando en la posguerra como fotógrafo deportivo y autor de colecciones de postales en color.

Catalanista moderado y católico practicante, desde muy joven recibió clases del fotoquímico Rafael Garriga i Roca, editor de El Progreso Fotográfico. En 1933 hizo su viaje de luna de miel a Baviera, en la Alemania nazi, donde conoció la fotografía centroeuropea y la obra de los fotógrafos de la Nueva Visión.

Además de fotógrafo fue vendedor de cámaras y ejerció de experto en revelado en laboratorios y tiendas de material fotográfico.

También divulgó el arte de la fotografía desde varias revistas y periódicos de la época. Incluso fundó una revista, Luz. Revista de Fotografía y Cinematografía, que sólo pudo publicar un único número a causa del estallido de la guerra civil. Fue autor de un libro sobre aspectos técnicos del tratamiento de la imagen.

Antes de la guerra Antoni Campañà había fotografiado la modernidad de una sociedad en construcción a través de los automóviles y las instalaciones de la naciente industria, y también las transformaciones del mundo agrario. Fue también retratista de estudio y fotógrafo de postales.

Campañá utilizaba sobre todo la cámara Leica, de cuya marca era representante en Barcelona. En 1934 la revista American Photography publicó en portada una de sus fotografías y durante la guerra este mismo medio reprodujo algunas otras de su autoría. Los anarquistas de la CNT-FAI publicaron con ellas postales y folletos publicitarios.

Campañà: Hotel Colón, Plaza de Catalunya, 1937.

En un principio Campañá depositó este legado en el Arxiu Mas de Casa Amatller, pero las retiró cuando fue consciente de que algunas estaban siendo utilizadas para manipular lo que los nacionales llamaban «la barbarie rojo-separatista».

Discípulo de Claudi Carbonell y Pla i Janini, admirador del constructivismo soviético y de la fotografía vanguardista europea, Antoni Campañá publicó sus fotos en la revista Catalunya de Buenos Aires, en Día Gráfico, también para la Agencia Cosmos y sobre todo en La Vanguardia ya desde antes de la guerra, y continuó colaborando con este periódico después: fue el autor de la primera fotografía que La Vanguardia publicó en color, en 1961. También publicó en el diario deportivo Dicen.

En 1989 la Fundació Caixa de Barcelona le dedicó la exposición «Transformaciones de un instante», comisariada por Marta Gili.

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