El Tribunal Supremo de Estados Unidos —nueve jueces vitalicios, nombrados por el presidente y confirmados por el Senado, con una mayoría conservadora de seis a tres— rechazó este lunes 14 de forma definitiva el recurso de emergencia con el que la Administración de Donald Trump pretendía reactivar, antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, sus restricciones al envío de papeletas por correo. Es la tercera vez en semanas que el caso llegaba al Supremo por la vía urgente, y esta vez la derrota fue clara.
En una orden breve y sin firmar, la mayoría del tribunal consideró que el Gobierno «no tiene probabilidades de prevalecer en el fondo» de su recurso contra el bloqueo dictado el 4 de septiembre por la jueza Indira Talwani, del Distrito de Massachusetts, nombrada en su día por Barack Obama. Talwani había advertido que aplicar la norma del Servicio Postal (USPS) a solo semanas de las elecciones «amenaza con la privación del derecho al voto de millones de ciudadanos estadounidenses» y que la Administración no había presentado pruebas de fraude que justificasen la urgencia.
La norma, derivada de una orden ejecutiva firmada por Trump en marzo, obligaba a los estados a adoptar un diseño uniforme de sobre y a remitir al Servicio Postal listas de votantes habilitados para el voto por correo; el USPS podía rechazar la entrega de papeletas a los estados que no cumpliesen esos requisitos. Varios responsables electorales, incluidos republicanos de estados que votan mayoritariamente por correo, habían advertido de que implantarla ahora provocaría «errores, retrasos y confusión» entre votantes y funcionarios.
El voto más significativo fue el del juez Brett Kavanaugh, designado por el propio Trump en su primer mandato, quien se sumó a la mayoría pero dejó la puerta abierta a una futura revisión: escribió que existe «una perspectiva razonable» de que la norma entre dentro de la autoridad legal del Servicio Postal, aunque aplicarla ya, «sería arbitrario y caprichoso» porque los funcionarios estatales y locales no disponen de tiempo suficiente para implementarla antes de los comicios. Los jueces Samuel Alito y Clarence Thomas, en cambio, disintieron: Alito sostuvo que el Servicio Postal «tiene amplia autoridad para regular el correo» y que las dificultades prácticas alegadas por los estados no bastaban para negar la petición del Gobierno.
La decisión permite que los estados sigan enviando papeletas por correo con los procedimientos que han usado durante años —un método que representó cerca de un tercio de los votos emitidos en 2024— sin improvisar un sistema nuevo a semanas de la cita electoral. Alabama, Carolina del Norte y Wisconsin ya habían empezado a enviar papeletas en septiembre mientras el nuevo sistema seguía sin activarse. Trump ha cuestionado durante años, sin pruebas, la fiabilidad del voto por correo, un método que él mismo ha utilizado en alguna ocasión reciente para votar.
Para el Observatorio Trump, el desenlace cierra —salvo que el litigio regrese al Supremo sobre el fondo, como sugiere el voto de Kavanaugh— uno de los hilos judiciales más seguidos del verano y confirma un patrón: en año electoral, ni siquiera una mayoría conservadora sólida ha respaldado los intentos del Gobierno de alterar las reglas del voto por correo a última hora.
La derrota llega mientras Silver Bulletin sitúa la aprobación neta de Trump en torno a -19,5 puntos y la ventaja demócrata en la generic ballot en 6,6 puntos —7,6 con ajuste por votante probable—, un contexto en el que cada episodio que roza la limpieza del proceso electoral pesa más de cara al 3 de noviembre.




