El neolenguaje de Macron y la estrategia del miedo

Solo la movilización social hará retroceder los privilegios

Mientras las organizaciones sindicales anuncian tímidamente su movilización contra los efectos de la inflación para el 22 y el 29 de septiembre, el jefe del Estado, Emmanuel Macron, tras sus vacaciones en Brégançon dándose a la práctica del jet sky, acaba de anunciar en un discurso catastrofista el fin de la abundancia.

Si fuese un chiste me haría reír, pero por desgracia su declaración dirigida a preparar la opinión pública francesa para aceptar resignadamente su programa de austeridad para la mayoría de la población, es una verdadera declaración de guerra social destinada a crear inquietud y miedo cara al porvenir.

La élite macronista en el poder ha votado junto con la extrema derecha en el parlamento contra todo aumento salarial, prefiriendo una demagógica política de limosnas a los más necesitados y de regalos financieros a las multinacionales, aunque sabe muy bien que el riesgo de esa política neoliberal puede conducir en la «rentrée», al final del periodo veraniego, a una explosión social, como la que se ha producido en Gran Bretaña, y como amenaza así mismo en el resto de Europa.

Sin embargo, en la agenda de Macron para «la rentrée» dos nuevos ataques contra el nivel de vida de la población: las leyes para regular el seguro de desempleo y el proyecto de enésima «reforma» de las jubilaciones, tras el fiasco de la «jubilación por puntos».

La inflación galopante provocada por la especulación incontrolada, y la crisis energética con el buen pretexto de la guerra en Ucrania, no ha sido compensada por las «primas» y aumentos aceptados a regañadientes por Macron. Los franceses han perdido poder adquisitivo, y el aumento de una población pobre, que no llega a pagar sus facturas a fin del mes, es una bomba de relojería dispuesta a estallar en cualquier momento.

El dinero mágico de Macron no llega a los hospitales, ni a la educación, ni a los servicios públicos, pero si enriquece a las empresas del Cac 40. Macron, santo patrón de Uber y McKinsey, persiste y firma en su neolenguaje demagógico, en el que cada frase que pronuncia significa exactamente lo contrario de lo que dice. Un nuevo contrato ha sido firmado por el Estado por valor de 375.000.000 de euros con el gabinete McKinsey, consejero USA en la destrucción de los servicios públicos.

«El fin de la abundancia» que nos anuncia el profeta hace tiempo que existe ya para diez millones de franceses. La minoritaria élite que representa Macron sigue viviendo en la abundancia y con el más absoluto desprecio de la población y de las clases medias amenazadas hoy de empobrecimiento, al perder sus derechos laborales y su nivel de vida.

Las grandes empresas francesas han revertido más de 44,3 mil millones de euros a sus accionistas, cifras del segundo trimestre 2022. Cinco multimillonarios poseen más riqueza que 37 millones de franceses. Basta consultar las cifras de Oxfam. El Cac 40 anuncia cifras récord en sus dividendos mientras siete millones de franceses recurren a la ayuda alimentaria. La abundancia existe para una minoría no para la mayoría de la población. Macron no hace sino anunciar su voluntad de proteger los privilegios de esa minoría.

La Nupes, izquierda parlamentaria en Francia, acaba de lanzar una saludable campaña, «Taxons les superprofits» para hacer pagar las superganancias de las multinacionales. A guisa de ejemplo, en el primer semestre de 2022, el precio de la gasolina se ha disparado pero los beneficios de Total se han elevado a 18,8 mil millones de euros, mientras que en Francia crece el número de pensionistas, trabajadores y estudiantes en la más absoluta precariedad.

Visiblemente, a Macron no le gusta la democracia. Con el más absoluto desprecio del poder legislativo, el jefe del Estado acaba de convocar el viernes 2 de septiembre un consejo de defensa destinado a tomar medidas sobre el aprovisionamiento de energía cara al invierno. Los oráculos de la elite macronista nos anuncian el caos, la guerra y el racionamiento, pero siguen sin tomar ninguna medida eficaz ni en lo social ni en lo ecológico.

Mientras los Jet privados y las grandes empresas siguen contaminando el planeta, los ministros y otros guardianes del templo recomiendan a la población en los «grandes» medios informativos pequeños gestos cotidianos para economizar energía. El neolenguaje demagógico y populista macronista consiste en calificar de «demagogia» y «populismo» todas las propuestas sociales y ecológicas de la izquierda, o todo pensamiento e idea crítica contra su gobierno.

Minoritario en el país, Macron no se prepara al compromiso sino al enfrentamiento, y no es casualidad que el equipamiento de la policía antidisturbios ha sido reforzado en los últimos meses. Un régimen que solo cuenta con su policía para mantener «el orden» es inevitablemente generador de desorden.

Como decía Leo Farré: el desorden es el orden menos el poder. O bien, dicho de otro modo, la necesaria contestación de un orden injusto. Pero eso va a necesitar mucha energía humana para imponer una nueva relación de fuerzas. Solo la movilización social hará retroceder la obscenidad de los privilegios de una minoría.

Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en París de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

1 COMENTARIO

  1. Qué tiempos, en los que una crónica sobre un presidente de república conservador resultaría intercambiable con otra casi idéntica sobre un jefe de gobierno socialista. Sustitución de nombre y poco más.

Deja un comentario