El nacionalismo catalán y Gabriel Jackson

Gabriel Jackson
Gabriel Jackson

Félix Población

Por el blog de mi estimado colega José Antonio Martínez Soler me entero del homenaje rendido en Barcelona al hispanista e historiador Gabriel Jackson, celebrado el 29 de febrero de 2020. Como se sabe, en esa ciudad vivió Jackson un cuarto de siglo de sus intensos 98 años.

El acto fue organizado por el Colectivo Juan de Mairena, y contó con la presencia de la hija del historiador, Kate Jackson, Carmen Negrín (nieta de Juan Negrín, sobre quien el historiador escribió su último libro), Francesc Ferreras, Gonzalo PontónÁngel Viñas y el apoyo de otros colegas y amigos del historiador, ciudadano y activista: Álvarez Junco, Juan Pablo Fussi, Julián Casanova, Paul Preston, David Ruiz, etc. 

Si hago este artículo sobre la reseña más detallada que escribe Martínez Soler es porque, habiendo sido ya limitada la difusión mediática que se le dio hace tres meses a la noticia de la muerte de Jackson -con la excepción del diario El País, en el que colaboraba-, también lo ha sido este merecido homenaje, cuyo más lamentable detalle es la falta de representación oficial en el mismo por parte tanto del Ayuntamiento de Barcelona como de la Generalitat de Cataluña.

Cierto es que Gabriel Jackson deploraba los nacionalismos y que, como recuerda Martínez Soler, en su entrevista con el exhonorable (en todos los sentidos) Jordi Pujol, este sumó a la miseria moral que como político le acompaña la desfachatez de despedirlo de manera destemplada de su despacho, pero suponíamos que un mínimo decoro intelectual quedaba en una y otra institución para estimar públicamente la personalidad sobria, humilde y sabia de Gabriel Jackson y su extraordinaria obra, todo un filón de luz para nuestra memoria democrática. 

Quizá del vigente gobierno, o lo que sea de la Generalitat, era de esperar una actitud así -por el necionalismo que la afecta o infecta (no es errata)-, pero en el caso de la alcaldesa Ada Colau y/o sus coaligados socialistas, resulta más que decepcionante y lamentable. ¡Como para pedirle a doña Ada una calle o una plaza con el nombre de quien fue un vecino sabio, sencillo y honrado de la ciudad durante veinticinco años, así como ciudadano español por la muy acertada decisión del gobierno de Rodríguez Zapatero en 1995!

Cuentan de Gabriel Jackson que se emocionó con la nacionalidad española. Sería lo más propio con el temple intelectual de quien escribió en su magnífica y recomendable Memoria de un historiador lo que sigue: «[…] emprender la tarea de escribir una historia de la República y la guerra civil no consistía simplemente en emprender una tarea de estudioso, sino asumir el deber moral de acercarme todo lo humanamente posible a la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad sobre los acontecimientos que habían sido deformados premeditadamente para una generación entera de españoles».

  • PS. Escrito el anterior artículo, me llega la noticia del intento del expresident Puigdemont y algunos de los suyos de colocar una estelada en la tumba de Antonio Machado en Colliure. Lo evitó Antonio Francisco Ordóñez, miembro del Colectivo Juan de Mairena y de la Asamblea Social de la Izquierda de Cataluña. Ordóñez es un republicano federal y entiende que no cabe calificar al poeta de «españolista» y al mismo tiempo rendirle homenaje. Es de recordar que en Sabadell se quiso eliminar el nombre de Antonio Machado del callejero por «españolista», sin el menor aprecio a su compromiso en defensa de la democracia y a su notable obra literaria. Según Ordóñez, Puigdemont y los suyos «quieren dar legitimidad a una república fantasmagórica, que no existe, utilizando para ello la memoria histórica de una república que sí existió, y que muchos queremos recuperar».
  • Este año se cumple un siglo de la creación del esperpento («Luces de bohemia») y está visto que su vigencia sigue en pie. Creo que, además de esta referencia a la obra de Valle Inclán, también es oportuno citar en esta ocasión a Juan de Mairena: «En España no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a sí mismo. Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos».
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