El Gobierno griego decidió este sábado ampliar otras dos semanas, hasta el 2 de agosto 2020 como mínimo, el confinamiento a los refugiados y migrantes que se encuentran en los campos de Moria y Vathy en las islas griegas, aunque en el resto del país se han levantado las restricciones y, además, no se ha producido ningún contagio en esos asentamientos.

MSF campamento Vathy en Samos exterior
MSF clínica pediátrica en Moria
MSF: arriba campamento Vathy en Samos, abajo clínica pediátrica en Moria

Médicos Sin Fronteras sostiene que se trata de una medida absolutamente discriminatoria que no se justifica desde una perspectiva de salud pública y se ha dirigido al Gobierno griego para que reconsidere esta decisión y tenga en cuenta que la COVID-19 no debe utilizarse como excusa para encerrar a migrantes y refugiados, porque las restricciones afectan a la salud tanto física como mental de miles de personas que ya estaban en una situación muy vulnerable.

Cuando la COVID-19 llegó a Grecia, más de treinta mil solicitantes de asilo y migrantes se hallaban en los centros de recepción en las islas griegas. Las condiciones de vida, al igual que ahora, eran pésimas, no disponían de acceso a la atención médica más necesaria ni a los servicios más básicos.

En marzo de este año 2020, como ocurrió en España, se decretaron una serie de restricciones de movimiento por parte del Gobierno central en respuesta a la COVID-19.

Estas medidas, lógicas durante un tiempo, supusieron que todas estas personas, entre las cuales hay un alto porcentaje de niños, se vieran obligadas a permanecer en estos lugares superpoblados y carentes de las más esenciales medidas de higiene y, a día de hoy, llevan cinco meses encerrados en condiciones extremas, lo cual está causando un profundo deterioro de su salud y está generando serios problemas de salud mental.

A pesar de que no ha habido un solo caso de COVID-19 en ninguno de los centros de recepción de las islas griegas, y de que la vida ha vuelto a la normalidad en las islas tanto para la población local como para los turistas, el confinamiento continua siendo una realidad para los migrantes y solicitantes de asilo. Se trata de una medida absolutamente discriminatoria que se amplía de nuevo cada dos semanas. La última extensión tuvo lugar el pasado 18 de julio y estará vigente hasta el próximo 2 de agosto.

«Las medidas de confinamiento relacionadas con la COVID-19 han tenido un impacto en la vida de todo el mundo y han generado niveles crecientes de estrés y ansiedad para muchos de nosotros. Sin embargo, las restricciones de movimiento impuestas en lugares como Moria y Vathy, en las islas griegas, han demostrado ser terriblemente perjudiciales para las miles de personas vulnerables que se encuentran completamente aisladas en estos campos», explica Marco Sandrone, coordinador de MSF en Moria.

«Las tensiones en el campo han aumentado en los últimos meses y hay mucha más violencia desde que se produjo el cierre. Lo peor es que ni siquiera los niños pueden escapar ya de esta situación», afirma Mohtar, el padre de uno de los niños que atendemos en nuestra clínica de salud mental para menores en la isla de Lesbo: «Antes, lo único que podía hacer para ayudar a mi hijo era alejarlo de Moria; salir a caminar o nadar en el mar, intentar encontrar un lugar tranquilo. Ahora ya no. Estamos atrapados».

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