Un incendio de madrugada en el sector Descubridores dejó ocho vecinos atendidos por inhalación de humo —tres de ellos hospitalizados— y una vivienda calcinada en la quinta planta de un edificio de siete. Trece meses después del fuego que costó una vida en Soto de Viñuelas, Tres Cantos vuelve a exhibir sus costuras en materia de prevención, esta vez en pleno corazón urbano, y justo cuando el Ayuntamiento acelera la revisión de un planeamiento pensado para una ciudad que aspira a doblar su población.

1. Un fuego que rompía por la fachada

El aviso entró en la madrugada del 27 de agosto de 2026. En una vivienda de la quinta planta de un edificio de siete, en el sector Descubridores 46, el fuego había prendido con fuerza. Cuando llegaron los Bomberos de la Comunidad de Madrid, las llamas estaban muy generalizadas y rompían por la fachada, con una elevada carga de fuego en el interior. Los efectivos atacaron el incendio con escala desde el exterior y con equipos desde dentro del inmueble.

El balance, según el parte de la Agencia de Seguridad y Emergencias 112, fue de ocho personas atendidas por inhalación de humo por el SUMMA 112; tres resultaron trasladadas al hospital y las otras cinco recibieron el alta en el lugar, sin que ninguna revistiera gravedad. En la extinción trabajaron siete dotaciones y dos mandos, con la colaboración de Protección Civil de Tres Cantos, la Policía Local, la Guardia Civil y la Policía Nacional. El despliegue fue de tal magnitud que obligó a cortar al tráfico un tramo de la Avenida de Colmenar Viejo, uno de los ejes principales de la ciudad. La vivienda quedó prácticamente destruida.

Hasta aquí, la crónica de un suceso urbano que, con ser grave, podría haberse cerrado como un incendio doméstico más. Lo que lo convierte en otra cosa es lo que ocurrió alrededor: en la calle, entre los vecinos, y en los protocolos que debían protegerlos.

2. La madrugada de los desalojados

La noche fue fría y lluviosa —un dato impropio de un final de agosto que conviene no pasar por alto—. Según vecinos consultados por AquíMadrid, quienes tuvieron que abandonar sus casas por el humo y el despliegue pasaron esas horas guareciéndose donde pudieron: en los portales, o en el primer bar que abrió sus puertas. No consta que se habilitara ningún punto de atención para ellos. A las 7:30, cuando algunos residentes bajaban al garaje a sacar el coche para ir a trabajar, todavía tenían que sortear a los desalojados repartidos por la zona.

El testimonio más revelador procede de uno de esos vecinos evacuados, que relató a este medio un detalle de calado: al llegar los primeros bomberos, el hidrante más próximo al edificio no daba agua, y hubo que pedir ayuda e improvisar una alternativa para atacar las llamas. Es una afirmación que, de confirmarse, explicaría por qué un incendio en una sola vivienda exigió semejante concentración de medios. Y abre una pregunta que ninguna administración puede eludir.

3. El precedente que Tres Cantos no debería olvidar

No es la primera vez que el fuego pone a prueba a esta ciudad, ni la primera que la prueba se salda con preguntas incómodas. En agosto de 2025, un incendio forestal declarado en la zona de Soto de Viñuelas arrasó cerca de 1900 hectáreas y se cobró la vida de un hombre que intentaba poner a salvo a los caballos de una finca. Aquel episodio dejó al descubierto una decisión previa difícil de justificar: el municipio había quedado excluido de las Zonas de Alto Riesgo de incendio de la región pese a que el fuego ya lo había cercado el verano anterior.

Entre aquel incendio forestal y el de esta madrugada media una distancia evidente: uno arrasó pastos en la periferia; el otro prendió en una vivienda del casco urbano. No los une una relación de causa, y sería un error forzarla. Los une algo más incómodo: la sensación reiterada de que la prevención llega tarde, y de que los protocolos se revisan después del susto, no antes. El fuego, en Tres Cantos, tiene la fea costumbre de encontrar los puntos débiles.

4. La obra, el hidrante y una pregunta sin respuesta

El punto que exige investigación es el del hidrante. Si la boca de agua más cercana al edificio estaba fuera de servicio, la pregunta inmediata es por qué. Y la hipótesis que apuntan los vecinos —a verificar— es que unas obras en las aceras próximas habrían dejado el hidrante sin suministro, sin que se previera una alternativa mientras durasen los trabajos.

Aquí Madrid no afirma: pregunta. ¿Qué obra se ejecutaba en esas aceras? ¿Contemplaba la afección a la red de hidrantes? ¿Quién la autorizó, y con qué condiciones? ¿Existía un protocolo que obligara a garantizar una boca de agua alternativa mientras el hidrante permaneciera anulado? Estas preguntas se han trasladado al Ayuntamiento de Tres Cantos y al Canal de Isabel II —gestor de la red de hidrantes—, así como a la empresa responsable de la obra. Este medio actualizará la información en cuanto obtenga respuesta. El silencio, llegado el caso, también será una respuesta.

Porque lo que está en juego no es un expediente administrativo, sino un principio elemental: que cuando el fuego llega, el agua esté donde debe estar.

5. Mientras tanto, la ciudad quiere doblarse

Todo esto ocurre en un momento particular. El planeamiento vigente de Tres Cantos, aprobado en 2003, fijó su propio techo de crecimiento y estableció que debería revisarse si la ciudad superaba la barrera de los 55.000 habitantes. Ese umbral está prácticamente alcanzado: el padrón del INE situaba la población en 54.592 habitantes a comienzos de 2025.

El Ayuntamiento ha puesto en marcha la revisión de ese plan, y lo ha hecho con prisa. En la documentación informativa del nuevo Plan General figura, como documento de partida, un estudio que fija un horizonte mucho más ambicioso: superar los 100.000 habitantes. Es decir, casi doblar la ciudad. La discusión de fondo —que estas páginas abordarán en próximas entregas— no es si Tres Cantos debe crecer, sino si las redes y los protocolos que ya tiene aguantan lo que hoy soporta, antes de proyectar el doble.

El incendio de esta madrugada ofrece una respuesta provisional y nada tranquilizadora. Una ciudad que estudia acoger a decenas de miles de nuevos vecinos no ha sido capaz, esta noche, de garantizar agua en un hidrante ni un techo para un puñado de desalojados en una madrugada de lluvia. Antes de sumar habitantes, convendría sumar certezas.

Queda una pregunta que el Ayuntamiento de Tres Cantos y el Canal de Isabel II tendrán que despejar: si una obra en las aceras dejó sin servicio el hidrante llamado a proteger ese edificio, ¿quién autorizó la actuación sin garantizar una alternativa, y qué evitará que vuelva a ocurrir? De esa respuesta —todavía pendiente— depende algo más que la reconstrucción de una vivienda. Mientras no llegue, cada hogar de Tres Cantos convive con una espada de Damocles particular: la de que, el día del fuego, la boca de agua más cercana esté seca.

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