
Si la muerte de un padre es siempre dolorosa, si se produce por suicidio al dolor se añade la incógnita de no saber nunca con certeza las causas que lo han provocado. Los que se quedan, hijos, esposa, hermanos, padres si aún vivieran, pasarán el resto de sus vidas tratando de contestar a los porqués, a las preguntas que se hacen sabiendo que nunca encontrarán las respuestas.
El escritor Pol Guasch (Tarragona 1997) pasó por esa experiencia y, para conjurarla, escribió después de diez años la ¿novela? Reliquia, que acaba de publicar Anagrama, donde se hace esas preguntas sin respuesta: «Quisiera saber a qué te referías cuando escribiste que viviéramos la vida que no habíamos sabido vivir (…) Quizá se trataba de no haber olvidado lo suficiente. O quizá de haber olvidado demasiado». Y además las reacciones suelen incluir reproches por no haber actuado de otra manera: «¿puedo volver a vivir contigo los años que no compartimos?».
A la manera de Tolstoi en Ana Karenina, Pol Guasch escribe que «todos los suicidas se parecen un poco pero cada uno se mata a su manera». Para Guasch, esta larga reflexión de más de 150 páginas que es Reliquia, provocada por el suicidio de su padre a los 44 años, obedece al «deseo de entender» porque, a diferencia de otros casos, su padre no dejó ninguna carta para nadie.
Guasch rastreó en las notas y hasta en los subrayados de los libros que leía su padre. Y en una agenda en la que anotaba algunos de sus pensamientos y experiencias. Lo último que escribió en aquella agenda, la víspera de su suicidio, fue «O.K». Lo único que les quedó fue el informe de la autopsia: «alcohol en la sangre».
Ocho años antes su padre había escrito, como funcionario de prisiones, un informe sobre el suicidio en las cárceles y después fue ingresado en un establecimiento siquiátrico con problemas que nunca sospecharon que lo llevaran a matarse.
El día 13 de enero de 2013, a las 17.31, el padre del autor se suicidó colgándose de una viga en la vieja casa de campo familiar, con huerto y gallinero, donde habían sido felices. La misma viga de la que años antes se había colgado su abuelo. ¿Es el suicidio hereditario?. Podría ser otra pregunta.
A su padre lo encontraron él y su madre «la noche más escandalosamente bella que he visto en muchos años», cuando decidieron acercarse a la casa al ver que no contestaba a sus llamadas. Los ladridos inquietantes de los perros cuando llegaron a medianoche ya anunciaban un desenlace trágico.
La muerte de un ser querido activa la memoria para recuperar los momentos felices pasados a su lado y se revisan obsesivamente las fotos para encontrar inútilmente alguna explicación: «Todas esas fotografías mienten», escribe Guasch, quien recuerda los momentos felices de su infancia con él y sobre todo la cena de la última Nochebuena con la familia, cuando su padre regaló a cada miembro un proverbio chino distinto. ¿Significaba algo? Otra pregunta sin contestar.
A lo largo de este libro Pol Guasch ilustra su relato con alusiones a escritores y escritoras que también acudieron al suicidio para acabar con sus vidas. Anne Sexton escribió varios poemas sobre el suicidio antes matarse después de haberlo intentado diez veces. Escribió a su hija contándole sus intenciones. La poeta venezolana Miyó Vestrini también lo intentó varias veces antes de conseguirlo. Marina Tsvietáieva escribió tres cartas antes de ahorcarse con la cuerda con la que su amigo Boris Pasternak le había atado la maleta cuando se despidieron. Henri Roorda se disparó un tiro en el corazón en 1926. Alejandra Pizarnik escribió con tiza en una pizarra su último poema antes de ingerir un cóctel de barbitúricos. Virginia Woolf cargó con piedras los bolsillos de su abrigo antes de internarse en las aguas del río Ouse.
También se mató Silvia Plath abriendo la llave del gas de la cocina (su hijo se ahorcó 46 años después). Robert E. Howard, John Berryman, Jacques Rigaut, Mishima, Serguei Yesenin, Dylan Thomas…fueron también suicidas que Pol Guasch rescata del olvido. Arthur Cravan desapareció en el mar sin que nunca se supiera si fue suicidio o accidente.



