El chico: cuando los sentimientos se convierten en lenguaje

Un escribano en la Corte

El 6 de febrero de 1921 se estrenaba la película El chico, escrita, dirigida e interpretada por Charles Chaplin, sin duda uno de los genios de todos los tiempos del llamado séptimo arte. Parece que fue ayer, pero han pasado ya más de cien años de aquel estreno, y esta auténtica obra de arte del celuloide sigue vigente, rodada en el cine mudo de la época, pero transportada al mundo de los sentimientos, por lo que se comprende desde el primer momento. 

En su debut como cineasta, y en una película en la que se dan cita los toques de comedia y tragedia, Chaplin nos transporta metido en la piel del personaje de un vagabundo al mundo de los pobres, a la vida en los callejones de las grandes ciudades y sus inquilinos. Un vecino más portador de un gran corazón que por esas cosas del destino se dará de bruces con un niño, huérfano abandonado en un a modo de basurero e interpretado por un niño de seis años, Jackie Coogan, quien borda el papel de granujilla de barrio no ya pobre, sino paupérrimo. Pasados unos años, ambos se convertirán en inseparables compinches de vivencias que tendrán que hacer frente al día a día de la vida buscando, como se pueda, el camino para comer en una destartalada chabola en la que, pese a todo, se practican buenos modales…

Apenas una docena de personajes llenan la escena de una historia que a veces mueve a la tristeza, mientras que en otras los espectadores acabarán desternillándose de la risa por las ocurrencias del vagabundo del bombín, zapatones y bastón, que a falta de posibles dinerarios sabrá dar al niño abandonado lo único, pero al mismo tiempo lo más grande que tiene: su cariño y protección como compañero de infortunio. 

Una serie de personajes deambularán por la pantalla conformando la coreografía necesaria: el típico guardia de barrio, siempre atento a lo que pasa, sobre todo cuando se trata de cierto tipo de barrios… La madre o señora bien, Edna Purviance, quien un día abandonara a su bebé no deseado y que ahora, transcurrido un tiempo, el remordimiento comenzará a hacer acto de presencia en su conciencia, intentando poner remedio a aquella infamia. Y el matón fuerte y corpulento que no podía faltar, pero que en esta ocasión, en su lucha con el vagabundo, la pelea de convertirá en un parodia de lucha  con gags dignos de un Oscar…

Dicen los estudiosos que Chaplin se inspiró para escribir el guión de El chico en su propia vida, ya que su padre era alcohólico y su madre tuvo durante un tiempo problemas mentales, por lo que el actor y director, junto a su hermano, fueron internados en un orfanato. A ello se unió la muerte de su hijo, que había nacido prematuro. 

Se trata, por tanto, de una película llena de humanidad, muda, pero hablada en el idioma de los sentimientos, una especie de esperanto que nos acerca el entendimiento entre los  humanos. Si a ello añadimos los gestos y la mímica del actor comprobaremos que el susodicho era capaz de hablar con el cuerpo.

Charles Chaplin nos dejó otras películas maravillosas, como Tiempos modernos, en la que daba vida a un trabajador en una cadena de montaje, o El gran dictador, parodiando magistralmente a Hitler, entre otras. En los años 1928 y 1973 recibiría el Oscar Honorífico, y en 1948, debido a su humanidad, sería candidato al Premio Nobel de la Paz. Por encima de todo, está el talento, el saber hacer reír a millones de personas de todo el mundo con sus interpretaciones. 

Entre las muchas cosas que dijo el gran actor y director, hay una frase suya que invita a seguir adelante, aunque a veces resulte difícil: «Nunca olvides el sonreír, porque el día que no lo hagas será un día perdido». Viendo El chico, la sonrisa está asegurada.       

@conradogranado. Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. He trabajado en la Secretaría de Comunicación e Imagen de UGT-Confederal. He colaborado en diversos medios de comunicación, como El País Semanal, Tiempo, Unión, Interviú, Sal y Pimienta, Madriz, Hoy, Diario 16 y otros. Tengo escritos hasta la fecha seis libros: «Memorias de un internado», «Todo sobre el tabaco: de Cristóbal Colón a Terenci Moix», «Lenguaje y comunicación», «Y los españoles emigraron», «Carne de casting: la vida de los otros actores», y «Memoria Histórica. Para que no se olvide». Soy actor. Pertenezco a la Unión de Actores y Actrices de Madrid, así como a AISGE (Actores, Intérpretes, Sociedad de Gestión).

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