Basta con acercarse a la frontera del Tarajal, en Ceuta, y observar unos minutos. Un goteo de personas en chanclas, con apenas una mochila a la espalda, camina hacia un sendero de tierra paralelo al mar. Es la ruta que marca el final de un sueño: el regreso a Marruecos de quienes llegaron a nado hace poco más de un mes y que, tras semanas de penurias, deciden volver por su propia voluntad.

Según una información de Rodrigo García Melero para RTVE Noticias, Aiub es uno de ellos. Tiene veintidós años, es de Beni Mellal, en el centro de Marruecos, y esperaba a un amigo con el que entró en España para volver juntos: «Hay demasiada gente, el noventa por ciento no va a obtener una solución y todos van a volver a Marruecos. Prefiero volver por mi propia voluntad antes de que me devuelvan», explica.

Su viaje empezó tres días antes de la entrada masiva del 30 y 31 de julio, cuando cruzó a nado hasta la costa ceutí buscando, según cuenta, un futuro mejor para ayudar a sus padres, ante los bajos salarios en Marruecos. Con diploma de aluminio, carné de coche y moto, y preparando el de autobús, esperaba conseguir asilo político para trasladarse a la península y encontrar trabajo. Un mes después, la conclusión a la que ha llegado —como miles de compatriotas en su misma situación— es que casi nadie lo logrará.

En estas semanas ha dormido en los campamentos improvisados de la playa del Trampolín y la playa Benítez, y ha pasado tiempo en el barrio del Príncipe. Lo que más le ha dolido, dice, no ha sido la falta de techo sino la discriminación: un pequeño grupo de personas, aclara, que no representa a la mayoría de los ceutíes, que le han ayudado y dado de comer. También denuncia haber recibido golpes de policías y militares en los lugares donde dormía. «Aunque te quedes esperando una semana no sabes si vas a entrar o no», lamenta sobre la espera de una plaza en los centros de acogida.

No es el único que tira la toalla. De Castillejos llega un profesor de taekwondo, también pintor y tapicero, con su mochila y una bolsa de supermercado camino de la frontera. Cruzó el 30 de julio al enterarse de que la frontera estaba abierta. Durmió en la calle su primera semana, hasta que alguien le ofreció un lugar gratis. Buscaba trabajo «como fuera», pero no lo encontró. Reconoce su decepción, aunque no se siente engañado: «A él nadie le dijo ‘ven’». Fue él quien decidió sumarse cuando oyó que todo el mundo emigraba. No culpa a la monarquía marroquí del origen de la crisis, sino a la política.

El goteo de retornos no es anecdótico. Según datos oficiales, 3658 migrantes que permanecieron en la ciudad tras la entrada masiva del 30 y 31 de julio han decidido volver voluntariamente a Marruecos desde el 10 de agosto. La estampida hacia la costa, que partió del municipio marroquí de Castillejos (Fnideq), se cobró la vida de más de 140 personas ahogadas, sin que se haya esclarecido con certeza qué la originó; varios migrantes apuntan a la difusión de la noticia por grupos de WhatsApp.

Miles siguen, no obstante, en las calles de Ceuta, dispuestos a aguantar lo que haga falta con la esperanza de obtener el asilo que persiguen. Para Aiub y para el profesor de Castillejos, el camino de tierra junto al mar es, en cambio, el único que les queda por recorrer: el de vuelta a casa.

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