Si hay un escritor considerado por unanimidad como uno de los más grandes autores de la literatura universal es sin duda Fedor Mijailovich Dostoievski, de quien este 11 de noviembre de 2021 se cumplen dos siglos de su nacimiento.

Nuevas ediciones de sus obras (a destacar las excelentes de Alba) coinciden con la publicación de nuevas biografías como «Dostoievski», de Virgil Tanase, publicada por Ediciones del subsuelo, nombre que es en sí mismo como un homenaje al autor ruso. La editorial Acantilado publica por su parte «El universo Dostoievski», de Tamara Djermanovic, un análisis de la obra del autor ruso.

La literatura como religión

Con orígenes en la aristocracia campesina rusa, el padre de Dostoievski, médico de profesión, fue un burgués liberal que murió asesinado por sus siervos en venganza por el trato despótico y violento al que los había sometido toda su vida (al escritor le sirvió como modelo para el personaje de «Los hermanos Karamázov»).

Dostoievski nació en Moscú, en el Hospital de los Pobres que regentaba ese padre. Fue un ingeniero militar atraído por las Humanidades, lector de Pushkin y Lermontov y de los clásicos rusos, pero también de Balzac, Dickens, Víctor Hugo y Lord Byron. De la obra de Cervantes dijo que «en todo el mundo no existe otra tan profunda y tan fuerte», y del Quijote, que es «el libro más grande y más triste de cuantos ha creado el género humano».

Su formación literaria y su talento narrativo propiciaron un éxito fulminante desde el momento mismo en que publicó su primera obra, «Pobres gentes». El éxito no aplacó sus ansias revolucionarias juveniles, más bien las radicalizó, así que a partir de entonces las denuncias sobre la miseria y el dolor del pueblo ruso durante el mandato del zar Nicolás I fueron un componente esencial de sus novelas: «El doble», «Un corazón débil», «Noches blancas».

Encarcelado por el régimen en 1849, el exilio obligó a Dostoievski a un silencio literario que duró nueve años, del que regresó con nuevas obras que afianzaron su prestigio, como «Humillados y ofendidos» y «Memorias de la casa muerta», sus experiencias en la cárcel, ya influidas de misticismo. Su carrera se afianzaba con cada nuevo título: «Memorias del subsuelo», «Crimen y castigo», «El jugador». Su mejor literatura es la de la última etapa, en la que publicó grandes obras: «El idiota», «Demonios», «El adolescente»… hasta llegar a la última, «Los hermanos Karamázov», la cumbre de su novelística. A su muerte en 1881 dejó sin publicar dos ensayos, «Ateísmo» y «Hagiografía de un gran pecador». 

Sobre todo en la etapa final de su vida, Dostoievski tuvo que hacer frente a graves problemas personales que se añadieron a la epilepsia que padecía desde los siete años: muerte de su primera esposa, de su hermano y de dos de sus cuatro hijos, la pasión por el juego, que lo llevó a la ruina, el fracaso amoroso con su amante Apolinaria Suslova y el enfrentamiento con escritores coetáneos (con Turgueniev se reconcilió al final de su vida).

Murió de una hemorragia pulmonar en 1881. A su funeral asistió una gran multitud que acompañó el féretro por las calles de San Petersburgo junto a sesenta y siete delegaciones y quince coros que no dejaron de cantar en todo el recorrido desde la casa del escritor hasta el monasterio Alejandro Nevski. El zar ordenó una pensión vitalicia para su viuda y se destinaron fondos para una estatua del escritor y la publicación de sus obras completas.

Una obra inmortal

Dice George Steiner que durante muchos años la revolución soviética marginó la obra y la figura de Dostoievski mientras ensalzaba la de Tolstoi. Aquel joven revolucionario sentenciado a trabajos forzados en Siberia, a un exilio sangrante y a ser incluso condenado a muerte, una pena que no llegó a ejecutarse (aunque sí se llevó a cabo un simulacro), no encajaba en los esquemas del bolchevismo después de que en sus últimos años abominara de sus pecados juveniles y se internara por la senda del misticismo y la religiosidad. Mientras Dostoievski era considerado un enemigo peligroso, engendrador de subversión y herejía, Tolstoi (según Lenin el más grande entre los escritores de ficción) era entronizado en el panteón revolucionario.

La obra de Dostoievski, entre el realismo y la novela sicológica, ha sido una de las más analizadas e interpretadas de la literatura, aún en vida de su autor. Su personalidad está diseminada en algunos personajes de sus novelas, sobre todo en Iván Karamázov (Su «Poema del inquisidor» resume su ideario religioso) y en el Chatov de «Demonios», ambos firmes creyentes en la existencia de Dios, pero también hay rasgos de su sicología en el Raskolnikov de «Crimen y castigo» y el Mishkin de «El idiota».

Lo más relevante de la literatura de Dostoievski es su capacidad indagatoria en torno a los seres humanos, sobre todo en relación con sus pulsiones más destructivas, su lado más oscuro e inmoral. Su capacidad de empatía con los sentimientos y las emociones de sus personajes está explícita con brillantez en la maraña de pasiones que tensionan los relatos de sus novelas. La bondad humana, el amor, la caridad… conviven con el asesinato, el robo, la humillación… para mostrar que el hombre es capaz de cualquier cosa. Utiliza la ficción para lanzar una mirada crítica a la realidad social y humana y hace reflexionar a sus lectores con las emociones de sus personajes, a través de los que habla la voz desgarrada de la humanidad. Y siempre, como fondo, la realidad espiritual del pueblo ruso y el contraste entre el campo y la ciudad, representaciones del bien y el mal. 

La literatura de Dostoievski se sostiene en su ideario, en cuyo horizonte está Dios, centro y objeto de su vida. Desde muy joven participó en las ideas cristianas, cercanas a su concepto de socialismo utópico por el que fue condenado a trabajos forzados en Siberia. Más tarde afianzó su compromiso con el cristianismo y con la salvación de las almas utilizando la fe como instrumento  contra la razón. Sus obras son en buena medida expresión de este sentimiento.

Una obra maestra: «Los hermanos Karamázov»

Iván, Dimitri y Alexei Fiodorovich Karamázov son tres hermanos, hijos de Fiódor Pávlovich, un padre cruel, insensible, déspota y vividor que, lejos de procurarles una vida placentera, los somete a todo tipo de castigos y vejaciones. Viven en la pequeña ciudad de Skotoprigonievsk (el nombre se cita tan sólo en una ocasión en las más de mil páginas de la novela), trasunto de la localidad de Stáraia Russa, en la región de Nóvgorod, en la que vivió Dostoievski entre 1872 y 1878. Una noche, mientras esperaba a su amante Agrafiona Aleksándrovna (Grushenka), novia también de uno de sus hijos, Fiodor Pávlovich es asesinado y todas las pruebas hacen que las sospechas recaigan sobre su hijo Dimitri. Los capítulos dedicados al juicio al que es sometido constituyen una de las páginas más brillantes de la literatura de todos los tiempos.

En el prólogo de «Los hermanos Karamázov» Dostoievski manifiesta su intención de escribir una segunda parte de esta novela magistral que la muerte le impidió continuar, aunque hay que decir que, aún sin saber las intenciones del escritor, no es necesario prolongar una historia cuya estructura y desenlace rayan la perfección.

Como en todas sus novelas, los personajes de Dostoievski representan los vicios y las virtudes de unas vidas atormentadas por las pasiones, los egoísmos y las ambiciones, condenadas a la tragedia de una existencia sin futuro. Cada uno de los personajes de la novela es una historia, un universo dolorido en el que el escritor penetra para desentrañar sus sentimientos.

Dostoievski escudriña las almas de Rakitin, de Smerdiakov, de Kolia… y de mujeres como Katerina Ivánovna y Grushenka, y analiza en profundidad sus comportamientos, que alternan la maldad más demente con la generosidad más desinteresada.

Posiblemente sea esta la novela de Dostoievski en la que el escritor manifiesta su misticismo a través unas veces de las ideas religiosas de sus personajes,  destacando las de Iván Karamázov (en quien muchos han visto un alter ego del autor), y otras en comportamientos humanos como el de Aliosha, el hermano menor, que simboliza la salvación y el futuro prometedor de una humanidad angustiada sometida por la pobreza, la maldad y el egoísmo. La existencia de Dios, el libre albedrío, el destino y la fatalidad son otros tantos temas que Dostoievski va enlazando a través de los comportamientos de los personajes de esta obra inmortal.

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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