Paula Maddox

«El autismo se vive los 365 días del año, hoy es el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo», son las palabras de una madre que, desde hace 7 años, tiene una hija con este trastorno.

Todos los años, en el Día Mundial del Autismo se lanza una campaña para que los ciudadanos puedan mostrar su compromiso y solidaridad con las personas con autismo y sus familias.

Y, a pesar de que en esta ocasión todos estamos envueltos en una crisis sanitaria mundial, la campaña ha seguido adelante, más fuerte que nunca, con el lema ‘Puedo aprender. Puedo trabajar‘.

Bajo este lema, el Movimiento Asociativo del Autismo en España busca impulsar la iniciativa de hacerse una fotografía cogiendo una herramienta o utensilio relacionado con el ámbito de la educación o del trabajo.

De esta forma, el objetivo es mostrar que cada persona es diferente y tiene unas determinadas habilidades y que, como sociedad, debemos fomentar ser cada vez más inclusivos y respetuosos con la diversidad.

«Las personas con TEA son miembros de pleno derecho de la sociedad, por lo que deben tener las mismas oportunidades para expresar su potencial tanto en el ámbito de la educación como en el mundo laboral, gracias a entornos accesibles y apoyos adecuados», explican.

Educar desde el respeto y la tolerancia

El colegio es una de las etapas fundamentales para el desarrollo de todos los niños, incluídos los de TEA. Por eso es tan importante fomentar el respeto y la inclusión de todos, así como dotar de una adecuada capacitación a los profesores para garantizar la buena práctica en su desarrollo e implementación.

Belén es una chica de 30 años que tiene TEA. Si bien a lo largo de su vida ha vivido experiencias tanto negativas como positivas, las segundas se produjeron sobre todo cuando era pequeña. «En la ESO mis compañeras se metían conmigo encerrándome en el cuarto de baño», explica.

Pablo, por su parte, también sufrió el acoso escolar de sus compañeros. Fue gracias a que se decidió a hablar y contárselo a sus profesores, cuando empezó a sentirse «mucho mejor y a descargar muchos sentimientos que tenía dentro».

Más suerte tuvo Rosa, madre de acogida de Irene. «Irene es una niña de 12 años con TEA no verbal y discapacidad intelectual. Su evolución ha progresado en los últimos cuatro años gracias a una profesora que vio el potencial que tenía con la tableta. Es una alumna visual», cuenta.

Y es que como explica Esther, madre de otra pequeña con TEA, «la integración e inclusión de un alumno TEA en un colegio ordinario depende de la calidad y la vocación del profesorado porque la falta de formación entre ellos es todavía muy grande. Por eso, todo se ve condicionado por las ganas de enseñar, integrar y aprender del tutor en cuestión».

Inclusión en el mundo laboral

Esta campaña tampoco se olvida de todas aquellas personas que, ya en edad adulta, tienen el mismo derecho a poder incorporarse al mundo laboral. Por ello, solicitan que se facilite a las personas con TEA el acceso a una variedad de experiencias laborales, oportunidades de empleo y formación continuada contando con los apoyos necesarios y accediendo a una variedad de alternativas.

Paula es una profesional que trabaja con personas con TEA y, como bien dice, «la mayoría de las personas con TEA que trabajan mejoran muchísimo en su estado de ánimo y bienestar emocional, haciendo unas referencias muy positivas de sí mismos y sus capacidades».

Es el caso de Isabel, una mujer con TEA que, gracias a todo lo que ha aprendido, ha mejorado en muchas cosas y tiene mayor confianza en si misma. «Aunque tengo que seguir mejorando en algunas cosas, como por ejemplo, en no enfadarme o controlar mi impulsividad», apunta.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer y mucho camino por recorrer. «Me gustaría que los empresarios nos tuvieran en cuenta para determinados trabajos, porque somos capaces de hacer lo mismo que el resto», denuncia Mercedes, que ahora mismo está en el paro.

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