Desventuras de un abogado penalista gitano

Consideraciones sobre los «delitos de autor» hechas por Marcos Santiago Cortés, letrado del Colegio de Abogados de Córdoba

Marcos Santiago Cortés
Marcos Santiago Cortés

Juan de Dios Ramírez-Heredia[1]

Cuando llegué a Barcelona en el año 1965 para colaborar en la organización de la peregrinación de gitanos de todo el mundo a Roma, donde seriamos recibidos por el sumo pontífice Pablo sexto, pude comprobar que el grado de marginación que sufríamos los romaníes superaba todas las cotas imaginables. Éramos entonces un pueblo de analfabetos, según las reglas del mundo de los gadchés. Y era verdad.

Y llegó la democracia a nuestro país, once años después y el panorama de nuestra comunidad en España había cambiado muy poco. El estudio demográfico más serio elaborado por el prestigioso Instituto de Sociología Aplicada, arrojaba una cifra letal para un pueblo que padecía un analfabetismo absoluto del 80 por ciento de sus integrantes.

En la época a la que me refiero no éramos más de una docena de gitanos y alguna gitana quienes nos atrevíamos a levantar la voz en defensa de nuestros intereses colectivos. El aliento del Régimen represor todavía lo sentimos en el cogote. Pero fuimos capaces de levantar cabeza. Hemos luchado mucho y hoy, tras los cuarenta y tantos años de vigencia de la Constitución podemos decir que estamos en la buena senda.

Cualquier persona es la más importante para un abogado cuando es su defendida

Hago estas consideraciones al hilo del artículo que ha escrito Marcos Santiago Cortés y que puede leer en el enlace que va al final de esta presentación. Después de leerlo tuve conciencia de que tanto esfuerzo había merecido la pena.

Quien escribe es un gitano joven, padre de familia, abogado de profesión, escritor que promete y, sobre todo, es y se siente un hombre libre que es capaz de afirmar que «Los gitanos, cuando brindamos, lo hacemos por lalibertad. El mal sobre todo no viene por el propio mal en sí sino por tener poca información sobre el mismo».

Cuando terminé de leer su trabajo no pude por menos que felicitarle diciéndole que me había impresionado por su claridad, su valentía y su compromiso con la verdadera libertad que es la que dimana de la Constitución.

Marcos escribe desde su condición de penalista. Lo entiendo porque yo mismo, cuando me preguntan qué parte del Derecho me gusta más, suelo decir que el Derecho Penal porque me encanta meter en la cárcel a los malos y sacar de ella a los que no lo son tanto.

De la misma forma que no puedo evitar tener una cierta predilección por el Derecho Administrativo porque hay pocas satisfacciones para un abogado comparable con la de ganarle pleitos al Gobierno, a los ministros, a los alcaldes o, en definitiva, a los que en el ejercicio de su poder perjudican a los sencillos ciudadanos que carecen de herramientas propias para defender sus legítimos derechos.

Marcos Santiago Cortés, quien sabe muy bien que, para nosotros, los romaníes, no hay mandamiento superior que el respeto a la familia y la sumisión a nuestros mayores, afirma creer «que la pena de privación de libertad en sí ya es desproporcionada porque condena a toda una familia que la sufre». 

Es una afirmación arriesgada que no desvirtúa el principio de que, como afirma la profesora Vaello Esquerdo «cabe afirmar que actualmente se entiende que la pena está justificada lisa y llanamente porque es necesaria. Se trata de un medio de represión indispensable para mantener las condiciones de vida fundamentales para la convivencia de personas en una comunidad. Es, pues, un instrumento insustituible del control social o como muy gráficamente se ha dicho una «amarga necesidad».

Pero para Marcos Santiago quien se bate el cobre todos los días ante los tribunales, las desventuras de un abogado penalista gitano pueden tener un horizonte esperanzador, porque, como dice él mismo, «es cierto que ahora todo está cambiando. Ahora se está dando de mamar buena leche jurídica a los operadores jurídicos y ello debe tener su buen resultado».

  1. Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya es abogado y periodista, presidente de Unión Romaní
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