¿Por qué seguimos recordando al poeta italiano Dante Alighieri y su obra La divina comedia?

Persiste en el imaginario colectivo la idea del Infierno, pero también la universalidad y la increíble vigencia de este bello poema. Quizá, la mejor manera de festejar su setecientos aniversario es unirlo al próximo Día del libro, el 23 de abril.

Dante nació en Florencia en fecha incierta, c. 29 de mayo de 1265, en el siglo trece, estudia teología y los valores humanísticos de la época, sin embargo, lucha por conquistas sociales y políticas y por la libertad de pensamiento, a tal punto que termina en el exilio, y muere en Rávena el 14 de septiembre de 1321. 

Escribió varias obras, entre ellas, Vita Nuova y De vulgari eloquentia, donde jerarquiza la lengua vernácula frente al latín. Dante consideró la dinámica del idioma y lo afirmó cuando escribió La divina comedia en el dialecto toscano, empoderando así la lengua popular como fuerza de unión en Italia. 

Si hablamos de lengua hablamos de traducción. Hay numerosas versiones y ediciones críticas en español de este largo poema, incluso el presidente argentino Bartolomé Mitre (1821-1906) fue traductor de La divina comedia, en medio de las luchas intestinas del país austral.

Corrupción, pasiones, vilezas, amor, ideales, culpa, libertad, miedo, penas, frustraciones y esperanza nos revela el poema concebido en 1307, terminado en 1317, abordando temas de política, religión, filosofía, teología, historia, ciencias y arte.

Es una novela poética, una epopeya, donde Dante nos propone un viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Paraiso, a través de catorce mil versos agrupados en tercetos, dividido en treinta y tres cantos; como se observa se basa en el símbolo del número tres, la Trinidad, tomando en cuenta la triada de personajes: Beatriz (la fe), Virgilio (la razón) y Dante (lo humano).

Escoge el nombre de «Comedia» opuesto al de Tragedia griega porque La divina comedia termina con un final feliz o, al menos, liberador. Mientras se lee el poema se descubre que el poeta busca la luz, la elevación y el anhelo de lo excelso.  

El poema puede leerse de varias maneras, siguiendo los significados interpretativos de los textos sagrados: lo literal, lo ético, lo alegórico y lo místico. Algunos especialistas consideran La divina comedia un fresco de la época medieval, una suerte de manual histórico del tiempo en que vivió el poeta, para otros es el nacimiento de la literatura de ideas o la literatura filosófica, de ahí su gran modernidad. 

La interpretación nacional asevera que el poema fue la gestación del concepto de la lengua y la afirmación de la identidad italiana. Por esa magna razón, en Italia se programan celebraciones en todas las ciudades y durante todo el año, con diversas exposiciones, eventos, celebraciones y homenajes.  

Algunos académicos creen que La divina comedia es el «viaje espiritual» del propio Dante, sus encuentros y búsquedas; finalmente los escritores, siempre de una u otra manera, narran su vida, experiencias o visiones. Para otros el poema es la revelación del amor y la esperanza.

Antes que Shakespeare y que Cervantes, Dante nos enfrentó a fuertes  realidades a los desasosiegos del alma. Por supuesto que Cervantes lo había leído, Cervantes era hombre culto y sabía del amor cortés, del «dolce stil novo»; en el Quijote nos habla idealmente de Dulcinea del Toboso que, como la Beatriz de Dante, inspira al poeta a escribir y soñar. 

Mientras Dante se entrega a lo sublime, Cervantes oscila entre la locura y la cordura. Tanto Cervantes como Dante nos proponen,  en el Quijote y en La divina comedia, una travesía. Una travesía como metáfora de la vida.

En los tiempos de Cervantes el amor tenía otras connotaciones, pero en realidad el amor tiene diversas y diferentes maneras de expresarse. Cervantes parece sospechar que lo sublime puede revertirse en parodia y que el amor espiritualizado puede ser fantasia.

Sin embargo, a través de los siglos, perdura el amor excelso, la espiritualidad suprema de Dante. Incluso analistas han llegado a considerar el poema una revelación del amor y un canto de esperanza.

Imaginar y creer. ¡Fuerzas poderosas!

Dante es la máquina de la imaginación. Aunque esa idea del Infierno, Purgatorio y Paraiso se desprenda de la religión, hay que atreverse a montar el escenario y hacer el viaje, y Dante se atrevió. También se atrevió a dudar. Duda como nosotros frente a la vida:

En medio del camino de la vida, 
En una selva oscura me encontraba
Porque mi ruta había extraviado.

Cuán dura cosa es decir cuál era
Esta salvaje selva, áspera y fuerte
Que me vuelve el temor al pensamiento!

Dudamos o creemos. Nos corrompemos o seguimos la senda justa, buscamos el balance del amor y el trabajo o transgredimos con rebeldía, tratamos de superar lo malo y mejorar lo bueno o buscamos atajos innobles. Destruimos o construimos, innovamos o nos anclamos. Nos amamos o nos odiamos…

Para Dante la esperanza llega y el amor nos salva. El poeta nos propone creer. Por creer, la Divina Comedia sigue viviendo, y su aroma poética nos toca como el sol de cada día.

Cual el geómetra todo entregado
Al cuadrado del círculo, y no encuentra,
Pensando, ese pincipio que precisa.

Estaba yo con esta visión nueva:
Quería ver el modo en que se unía
Al círculo la imagen y en qué sitio;

Pero mis alas no eran para ello:
Si en mi mente no hubiera golpeado
Un fulgor que sus ansias satisfizo.

Faltan fuerzas a la alta fantasía;
Mas ya mi voluntad y deseo
Giraban como ruedas que impulsaba
Aquel que mueve el sol y las estrellas. 

Paraiso, Canto XXXIII- 144

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