En estos días de pandemia, retengo la idea de que todos los animales son parientes nuestros. Lo repetía el fallecido Jesús Mosterín, filósofo y científico. En su libro «Los derechos de los animales», Mosterín cuestiona el antropocentrismo excesivo, se opone al maltrato animal y defiende su perspectiva sin perderse en las contradicciones veganas. 

Jocelyne Porcher, bióloga, agricultora e investigadora, autora de «Cause animale, cause du capital» (no traducida del francés), se sorprende porque algunos quieran abandonar a todos los animales en la naturaleza: «Es un altruismo sospechoso. Si esa ‘liberación’ se refiere a un perro deberíamos considerarlo como abandono y reprenderlo», afirma Porcher. Porque tanto Mosterín como Porcher coinciden en que los humanos tenemos unas relaciones milenarias con nuestros parientes animales y no es conveniente olvidarlas de un plumazo. Asumiendo lo anterior, he decidido poner mis ojos y mis sentidos en Weiwei y en nuestras circunstancias particulares de reclusión por la pandemia.

Weiwei es el nombre de nuestro gato. Es un gato urbano, en general tranquilo y atento. No sabe que su nombre responde al de un famoso artista y disidente de China. Aunque en casa elegimos ese nombre para él por su significado. También porque nos pareció fácil y musical. Por añadidura, un homenaje directo a la idea de disidencia. Desde luego, además, a la cultura china.

Naturalmente, Weiwei ha venido al campo con nosotros anteriormente, más veces; pero hasta hace pocos días no le habíamos visto cazar ratones pequeños, campestres.

Dos semanas después de nuestra llegada, se produjo la declaración del estado de alarma: Weiwei pareció celebrarlo cazando un topillo y a dos ratones bebés.Luego le arrebató otro a una gata que viene hasta nuestra casa desde algún lugar del monte.

Weiwei con su pieza recién cazada. Foto: ©Paco Audije

A esa gatilla joven le hemos puesto el nombre de Concha, porque tiene una especie de lunar al modo de la actriz Concha Velasco. Así que el estado de alarma se ha convertido para Weiwei en una especie de vacaciones prolongadas. Nunca había estado tanto tiempo lejos de Madrid.

La situación nos obliga a permanecer donde estamos, en pleno monte, en Extremadura. Estos días, algunos vecinos suben para dar de comer a sus ganados y animales cuando pueden. El resto del tiempo apenas vemos a nadie. Y Weiwei disfruta del campo y de su caza. Si fuera diputado y pudiera votar, sin duda votaría a favor de la prolongación indefinida del estado de alarma. Claro que ha regresado varias tardes muy asustado.

Weiwei al regresar de una aventura desafortunada. Foto: Paloma Blandín.
Weiwei al regresar de una aventura desafortunada. Foto: Paloma Blandín.

El monte está lleno de aventuras peligrosas. Dos veces volvió sin el collarín que lleva sus datos. Suponemos que traspasó la finca que guarda Nala, una mastina joven. Pero Nala sabe cómo asustarlo sin causarle un daño mayor. Lo sabemos porque hemos visto cómo se comporta con otros gatos.

Nala busca nuestra compañía. Y no le gusta que la retraten. Foto: ©Paco Audije

Nala, como otros animales de este entorno, parece consciente de que algo raro sucede. Y busca nuestra compañía. Como otros perros de por aquí, está acostumbrada a defender su territorio de los meloncillos, los jabalíes, los zorros y los ciervos. Para ella, Weiwei es otro intruso.

En los últimos días, la primavera ha despertado también a los sapos y los grillos. Y a bastantes pájaros –sobre todo rabilargos y oropéndolas– , así como a insectos de todas clases. Yo me crié en este ambiente cuando éramos pobres, y emigrantes, y vivíamos como en el salvaje Oeste. Aprendimos a no idealizar el mundo animal, por lo que Disney me sigue pareciendo un embaucador. Un disparate. No todos los animales son amables.

Culebra localizada en la zona de aventuras de Weiwei. Foto: ©Paco Audije

Y no faltan los bichos venenosos, las víboras, las escolopendras, los ciempiés y los escorpiones. Hay que tener siempre cuidado al mover las piedras.

El caso es que Nala y Leona, otra mastina que cuida ovejas de un vecino un poco más abajo, nos buscan ahora con más frecuencia. Quieren que nos acerquemos a ellas. Están inquietas. Saben que sucede algo extraordinario.

Hace dos días, cuando paré un momento en medio del camino, casi al llegar a casa. Una cerda que estaba por allí corrió hasta mí. Nunca lo había hecho antes. De inmediato, Nala se acercó al límite de su terreno. Ella, sí, salta la alambrada todos los días cuando quiere. Casi siempre que me ve. Somos amigos.

Le hablé como si hablara a una persona :

Hola, Nala, ¿qué pasa, no ha venido Jose hoy? ¡No saltes ahora la valla! ¡Luego, nos vemos por la tarde!

Me entendió perfectamente. Hizo gestos de asentimiento con la cabeza y el rabo. Con la mirada. Se sentó de inmediato, mientras yo cruzaba hacia mi casa. Yo también entiendo sus ladridos: su ladrido número uno, cuando viene un coche extraño; y su ladrido número dos, cuando es el de alguien del entorno. Y no me pidan que los reproduzca.

Nala parece consciente de que los humanos se dejan ver menos que hace pocas semanas. Foto: ©Paco Audije

Creo que a estas alturas muchos de estos animales que nos rodean intuyen muchas cosas. Y observo cómo los pájaros se atreven a salir más que antes a los caminos circundantes.

Weiwei en su laberinto rural, lejos de la ciudad en la que nació. Foto: ©Paco Audije

Desde luego, parecen interrogarme -cuando bajo al pueblo para comprar- por qué no suben tanto los demás humanos. Como han hecho siempre. Y me sugieren qué podemos hacer juntos ; ellos, los animales, y nosotros, los humanos, unidos.Así que he acordado con Weiwei que para salir de ésta vamos a tragar saliva -la que haga falta- porque tendremos que colaborar hasta con el diablo. Hasta con las escolopendras y las víboras.

  • Este texto corresponde al guión de un espacio radiofónico digital creado por el periodista y escritor Jöel López Astorkiza. Jöel López Astorkiza es el creador de SIN ESTUDIOS (La radio sin paredes)  Una radio abierta pensada para hablar del exterior desde la perspectiva de la reclusión social provocada por la pandemia del coronavirus. Colaboraciones: [email protected]

1 COMENTARIO

  1. Que maravilla de relato, refleja tan bien la soledad a la que nos ha llevado el confinamiento a causa de la pandemia. La sensación de extrañamiento que tienen los animales ante la ausencia de humanos que tienen la necesidad de relacionarse con los pocos que hay a su alrededor, está muy reflejado en el texto. Esta distopía hubiera sido impensable para humanos y animales hace muy poco tiempo excepto en una película o novela de ciencia ficción. El relato de Audije que refleja la situación actual me gusta como otros textos suyos, porque están enriquecidos con su experiencia como periodista y el buen hacer de su faceta como escritor.

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