Camarma de Esteruelas, poco más de 8300 habitantes, saca adelante por la vía municipal su sector «Sur Industrial», del orden de 24 hectáreas. Pero el propio expediente ya enumera lo que al suelo le falta: un plan especial para reordenar la M-119, una concesión de agua subterránea en tramitación, capacidad eléctrica firme en un corredor de 220 kilovoltios que solo lo atraviesa y una depuradora cuyo margen nadie ha acreditado. El municipio puede firmar el plano; no fabrica por sí solo la infraestructura que lo hace utilizable.
1. El municipio que aprueba y la comarca que sostiene
Camarma de Esteruelas ocupa 35,4 kilómetros cuadrados al norte de Alcalá de Henares, con un casco residencial y varios polígonos industriales ya consolidados. Su frontera activa está en el borde sur: el sector SI-3 «Sur Industrial», encajado entre el continuo industrial de la carretera de Alcalá, el sector ya desarrollado de La Raya y la M-119. La Junta de Gobierno Local lo aprobó inicialmente el 20 de junio de 2025 —publicación en el BOCM del 2 de julio—, y en noviembre volvió a exposición pública incorporando estudio ambiental estratégico.
Lo impulsa la Comisión Gestora del plan parcial, que dice representar al cien por cien de los propietarios del suelo del sector; la operación mueve del orden de veinticuatro hectáreas y unos 132.000 metros cuadrados de techo industrial-terciario, según la documentación técnica del plan. Para un municipio de poco más de 8300 vecinos, no es un retoque: es un cambio de escala.
2. La vía municipal, la excepción del corredor
En esta serie se repite un patrón: los proyectos grandes caen en municipios pequeños, y estos crecen por la vía regional —el Proyecto de Alcance Regional o la declaración de interés regional—, que traslada la decisión a la Comunidad y desactiva parte de los frenos ordinarios. Meco y Torrejón son los casos de manual.
Camarma es, de momento, la excepción: tramita su sector por la vía municipal, mediante plan parcial de iniciativa privada y sistema de compensación, sin que conste declaración regional. Pero la excepción no la exime de lo esencial. Junto al plan parcial camina un Plan Especial de Infraestructuras para ordenar la vía de servicio de la M-119 y las conexiones exteriores del sector. Que haga falta un instrumento aparte solo para resolver los accesos es la primera confesión del expediente: el viario interior no absorbe lo que el polígono va a generar, y la obra que lo hace viable es supralocal.
3. El agua que se busca en el subsuelo
Camarma se abastece dentro del sistema del Canal de Isabel II. La novedad es otra: en febrero de 2026, la Confederación Hidrográfica del Tajo abrió el trámite de competencia de proyectos de una concesión de aguas subterráneas con destino industrial en el término (referencia C-0058/2025). Una solicitud no es un caudal otorgado, y conviene no confundirlos; pero sí es una señal de que la demanda productiva que el sector promete empieza a buscar agua fuera de la red urbana.
Del otro extremo del ciclo —la depuración— el expediente aún no despeja lo esencial: qué estación sirve al sector, con qué carga real llega en 2026 y qué margen le queda para asumir la industria que se implante. Mientras esa cuenta no se haga con números, «margen suficiente» es una expectativa, no un dato.
4. La corriente que cruza pero no se contrata
Por el entorno de Camarma discurre el corredor de evacuación eléctrica de Daganzo-Alcalá; la autorización del parque de El Parral incluye infraestructuras de 220 kilovoltios hacia ese nudo. Aquí opera una distinción que esta serie ha tenido que subrayar municipio a municipio: una línea que atraviesa un término no es potencia que ese término pueda contratar.
La capacidad firme de distribución disponible para el SI-3 no consta acreditada y depende del gestor de la red, no del plano municipal. El sector puede quedar rodeado de alta tensión y, aun así, tener que esperar su turno de conexión.
5. Los riesgos que el polígono ensancha
Camarma no figura con Plan Territorial Municipal de protección civil aprobado en el listado autonómico, aunque sí cuenta con plan de actuación frente a inundaciones: el arroyo Camarmilla y la escorrentía de la cuenca obligan a cruzar el sector y sus accesos con la cartografía de zonas inundables.
Por debajo de los 20.000 habitantes, además, la prevención y extinción de incendios y buena parte de la protección civil no son servicio municipal obligatorio: descansan en la escala autonómica. Y el tejido industrial que ya existe —con actividades sometidas a autorización ambiental integrada, como el recubrimiento electrolítico de metales— crecerá con el nuevo suelo. El polígono ensancha perímetro y riesgo sin elevar de forma automática la capacidad de respuesta del municipio.
6. Nadie suma el Henares
El SI-3 no se puede leer solo. Se suma a los desarrollos de Daganzo, Ajalvir, Alcalá, Meco y Torres de la Alameda sobre la misma red viaria, la misma cuenca, el mismo corredor eléctrico y la misma mancomunidad de residuos —la del Este, con destino en Loeches—.
No existe un instrumento que agregue esa demanda antes de autorizar cada expediente por separado: cada plan acredita su agua, su corriente y sus accesos como si los demás no existieran. Es el hallazgo que recorre toda la serie, y en el norte del Henares se ve con nitidez. La reforma que se avecina —la Ley LIDER y su lógica de reducir la nulidad por defectos formales— no cambia esa aritmética: si acaso, la agrava, porque desplaza el control desde el papel que falta hacia la suficiencia material que nadie está obligado a sumar.
7. Movilización ciudadana
Camarma presenta una densidad de movilización ciudadana organizada baja. El único cuerpo vecinal estable identificado es el AMPA del CEIPSO. El eje ambiental que más afecta al término —el Camarmilla— tiene voz organizada, pero radicada en Alcalá, no en Camarma. Y la expansión industrial del SI-3 avanza sin contrapoder vecinal organizado. Para la tesis de la serie —«nadie suma el Henares»—, esto implica que la crítica de la demanda acumulada no cuenta hoy, en Camarma, con un altavoz ciudadano local.
Por eso el verbo de Camarma es enganchar. El municipio abre el suelo dentro de su término, pero para volverlo utilizable tiene que engancharlo después a la carretera, al agua, al saneamiento y a la red. Y todas esas compuertas —la M-119, la concesión hidráulica, la depuradora, la conexión eléctrica— quedan fuera de la mano que firma el plano.
- Enlace con la ficha sobre urbanismo de Camarma




