Madrid es una de las ciudades más tangueras que conozco, y conozco muchas en más de un continente. No sé qué es lo que arrastra más del tango, ché, si la nota macarra arrabalera, el desamor y la traición amorosa, pero el caso es que produce adicción placentera, lejos de deprimir repone energías, es difícil resistirse a bailarlo, ay, el baile más sensual conocido.

Será que el tango libera de prejuicios y represiones auto impuestas, por la razón que sea. O porque sus letras son poemas muy lindos, aunque sean tristes, que colman el vaso de la emoción. Y eso nunca falla.

Chino Laborde, Franco Luciani y Raúl Kiokio.

El ya mítico Café Berlín fue como una tanguería más, trasplantada a Madrid desde el bonaerense barrio de San Telmo el pasado domingo. Un trío tan emocionante como profesional, El Chino Laborde, cantor y maestro de ceremonias, Franco Luciani y su armónica sabia en ritmos y a la guitarra el gran Raúl Kiokio nos llenaron de alegría, música y ambiente porteño al no va más, con efecto liberador a tope, en ese Tablao de Tango, como llamaron a su espectáculo.

Invitaron a gente que estaba por allí, no por casualidad, ché, que eso ya sabemos que no existe. Paola Bernal, quien nos trajo a Atahualpa Yupanqui con Piedra y camino. Por allí apareció también, ¡menuda sorpresa! Rafita de Madrid, esta vez sin los Habichuela, y nada menos que con un tango compuesto por él, según dijo. Otra invitada más, Nadia Szachniuk, como muestra de que a la Argentina llegaron gentes, atorrantes o no, de toda Europa, que acompañada de guitarra y armónica se lanzó con un tango de Humberto Maturana de cuyo nombre no logro acordarme.

Y ya reseñados casi todos los invitados, vayamos a lo importante, a lo que hizo el gran trío, por levantar el ánimo de los doscientos cincuenta madrileños o los que fueran, los que por allí echábamos el rato esa noche de domingo.

La guitarra de Raúl Kiokio fue la protagonista constante de la noche. Se estrenó improvisando algo suyo y después ya nos habló con la música del maestro Astor Piazzola y su Milonga del Ángel. Piazzola, tan español como argentino, aunque no haya nacido acá, protagonista en mil músicas de por acá, incluso adoptado a ratos por el flamenco, que se lo digan por ejemplo a Perrate. Es lo que tiene ser grande, te quieren en todas partes.

Tangos, tangos, tangos, Olvido, guitarra y canto, emocionante interpretación de la música de Luis Rubinstein y letra de Luis César Amadori, y como no decir quién fue en España Luis César Amadori, director de Sara Montiel en La violetera, Mi último tango, Pecado de amor, y sin Sara Montiel, ¿Dónde vas Alfonso XII?. Esposo de la gran Zully Moreno, un ídolo en España, a ver quién olvida aquella Nacha Regules, protagonizada por ella, dirigida por él. España siempre amorosa madre patria para el arte y los artistas de allá… (Pará, piba, que t’emocionás).

El culmen, el grito en la noche fue el tango, compartido y coreado por todos, Nostalgia. Ché, a ver quien no identifica con algún momento de su vida esa historia, a ver quién no se ha sentido abandonado o abandonada por algún canalla, si existe, que lo diga. Ahí si que se liberaron todas las rabias que andaban reprimidas por dentro. Si hasta es terapeútico, el tango.

Sin lágrimas, Troilo, Nieblas del riachuelo. Y llegó la gran milonga, Los ejes de mi carreta, del gran Atahualpa Yupanqui, versionada por mil artistas, viralizada como se dice ahora, cantada por el ancho mundo, más poético suena. Aquí, en la noche del Café Berlín, coreada hasta el desgarro.

No podia faltar el solo de guitarra del poema Alfonsina y el mar. Ni el Tango secreto de Discépolo, «Quién sos, que no puedo salvarme…» Y ya, para dejarnos del todo arrastraos, con voz, guitarra y armónica, La última curda, música de Aníbal Troilo. Curda, vocablo lunfardo que ha penetrado en el español más castizo, o sease, borrachera, pero nunca la última, que entonces estamos muertos. Puede que nos separe un océano y un hemisferio, pero estamos tan cerca que somos uno. Con o sin permiso de los políticos, que todo lo enredan.

Final: Ahora sí, un invitado de lujo, Hernán Lucero, compositor, cantor, auténtico referente de las nuevas generaciones del tango. Por una cabeza, despedida a lo grande con el grande entre los grandes, Carlos Gardel .

Por una cabeza, metejón de un día
De aquella coqueta y risueña mujer
Que al jurar sonriendo, el amor que está mintiendo
Quema en una hoguera todo mi querer.

Por una cabeza
Todas las locuras
Su boca que besa
Borra la tristeza. calma la amargura

Café Berlín. San Telmo por un par de horas. Y volando libres.

Teresa Fernández Herrera
Algunas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida. Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, master en Psicología del Deporte por la UAM, diplomada en Empresas y Actividades Turísticas, conocedora de la Filosofía Védica. Responsable de Comunicación y Medios en Madrid de la ONG Internacional con base en India, Abrazando al Mundo. Miembro de la British Association of Freelance Writers. Certificada en Diseño de Permacultura. Trainer de Dragon Dreaming, metodología holística para el crecimiento personal, grupal y comunitario en el amor a la Tierra. Colaboradora en Periodistas-es y en las revistas Natural, Verdemente, The Ecologist para España y América Latina. Profesora de inglés avanzado.

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