Toda una proeza ésta de los bomberos de Marbella. Veintitrés horas a la velocidad de autobús, 100 por hora, turnándose para conducir. Partieron hacia la frontera con Ucrania seis bomberos, que pertenecen a la Asociación Profesional de Bomberos de Marbella, una enfermera del 061, un traductor ucraniano y dos conductores profesionales cualificados, que les facilitaron el trayecto, deferencia de la empresa del autobús contratado, en el que cargaron unas cinco toneladas con agua, medicamentos, comida…

Además, un coche lanzadera, con tres de los bomberos, para turnarse. La iniciativa de este viaje solidario partió del bombero jubilado Manuel Lavigne, presidente de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, que se ha ocupado de gestionar y coordinar la lista de las familias asignadas para ser acogidas en España. Y los bomberos, cuerpo solidario donde los haya, no lo dudaron «Nos ofrecimos en cuanto nos llamaron». Su generosidad implica costear el viaje, aunque subrayan: «la mayor aportación económica ha salido de la Hermandad».

Manu y Jose, dos de los bomberos, me cuentan emocionados cómo ha sido ese viaje y la desolación al llegar a la frontera con Polonia: «Estaban esperando en unas carpas gigantes, junto a la estación del tren. Rotos por el dolor; venían con lo puesto y una pequeña mochila»

44 personas, siete perros y un gato, y una nueva vida que será española

Dicen que el viaje de regreso «fue duro, pero la benjamina del grupo consiguió hacerlo más llevadero». Me muestran la foto de una niña preciosa, llena de vida, obligada a venir a un lugar que desconoce, para poder seguir siendo feliz. El reverso es un hombre de 84 años que nunca hubiera pensado que el ocaso de su vida fuera éste; ojalá pueda regresar a su país. La buena noticia es que trajeron a una joven ucraniana, que será madre por primera vez y su hijo nacerá en España.

Además, unos viajeros de cuatro patas; siete perros y un gato: «Se han portado de maravilla; ni un problema». La huida de las personas con sus mascotas, es conmovedora: «No quieren partir sin ellos. Una mujer tenía un perro enorme y no cabíamos más; al final pudimos ubicarla en otro viaje. Fue un alivio; daba mucha pena». Los días transcurridos en la frontera han estado marcados por el hambre: «Durante el viaje comían con tanta ansiedad, que vomitaban porque el cuerpo no les admitía comida. Un niño se comió una hamburguesa en un minuto».

La solidaria España, las insolidarias Francia y Alemania

En general, España es solidaria y participativa en los desastres humanitarios y Manu y Jose, quieren destacarlo, porque no ha sido igual en otros países: «En Alemania nos cobraron 70 céntimos por persona por utilizar el servicio, incluso, habiendo hecho gasto de comida. Después llegamos a Francia, de madrugada, destrozados de cansancio y en el hotel donde nos quedamos a descansar pedimos, por favor, que nos dejasen hasta las tres de la tarde; nos dijeron que no, que había que salir a las doce o pagar la diferencia. Sin embargo, en Córdoba fueron muy generosos. Nos invitaron a comer en Casa Antonio; les estamos muy agradecidos» Queda dicho.

El slogan español, no es gratuito. España es diferente. Necesariamente, hay que congratularse con estos ángeles del rescate llamados bomberos que, una vez más, nos demuestran su vocación de ayuda y dentro del dolor que supone su valentía, no tienen ninguna duda: «Ha sido una experiencia muy positiva».

Marbella, un pueblo con Ucrania

Ucrania dibujo niña pide ayuda

Personalmente me alegro de sacar a Marbella de las noticias que le suelen poner en el disparadero muy a su pesar. La ciudad toma el pulso de sus vecinos cotidianos, siempre solidarios. No queda tan lejos la pandemia durante la cual se repartieron más de dos mil comidas diarias, porque en Marbella los ricos no son mayoría y el turismo va de paso.

Como es natural. El chef José Andrés, contribuyó en tan dura tarea secundado, también, por los bomberos y por un voluntariado de Cáritas que se dejó la piel. Con los años, los jóvenes que se van incorporando a este voluntariado tienen, como referente, a la familia Taillefer Romero que colabora con Cáritas en el día a día, y lleva dieciséis años al frente de la organización del Bazar Navideño de Cáritas, que tiene ya un reconocimiento a nivel nacional.

Ahora, en la ciudad se respira el dolor de la guerra en Ucrania y ahí están, de nuevo, los marbelleros respondiendo a la llamada de ayuda. Alrededor del gobierno municipal, arriman el hombro el colectivo de comerciantes, instituciones como guardia civil, policía local y nacional, empresarios de hostelería, Rotary Club. Entre todos, la difícil tarea de coordinar los puntos de recogida, a los que van llegando ropa, alimentos, medicinas… que luego trasladan por carretera hasta la frontera con Ucrania.

La información, detallada, impresa en un cartel, se reparte por las urbanizaciones. «La respuesta está siendo admirable». Señalan desde la tenencia de alcandía. Tristemente, siempre hay alguien que lo estropea y esto sucede en una urbanización de Nueva Andalucía, en la que «no se permite poner carteles», ni siquiera éste, tamaño folio, porque según el administrador de la comunidad «sería sentar un precedente».

¿Un precedente humanitario?. La indignación de unos vecinos, les ha llevado a colocar el cartel solidario en el interior de los coches, para que los vecinos que lo deseen, tengan la posibilidad de ayudar en la causa humanitaria con el pueblo de Ucrania. Desde marzo hasta ahora, Marbella ha recibido más de cuatrocientos refugiados, la mayoría acogidos por sus compatriotas que comenzaron a llegar en 2014 en el inicio del conflicto con Rusia, pero todos siguen teniendo familiares próximos en Ucrania y están muy preocupados por ellos.

La guerra se recrudece, la población está sin alimento y en Kharkiv, un misil ruso ha destruido las cocinas de la ONG World Central Kitchen, donde el cocinero español José Andrés cocina para la población civil..

Al cierre de este relato, veo a Laura de Chiclana metida en el infierno de Járkov. Mientras le persigue una lluvia de bombas, escuchamos cómo se preocupa por su cámara : ¿Estás bien?. Cuando Pedro Piqueras, le pregunta ante lo evidente «¿vas a volver a España?», esta niña, porque es una niña, le responde sin pestañear: «No, éste es mi trabajo y mi lugar». Cómo estarán esos padres, además de orgullosos. Ya me gustaría hablar con ellos. Espero y deseo que Paolo Vasile sepa lo que tiene en casa. Y voy más allá. Lanzo una propuesta para la concesión de un Especial Princesa de Asturias a la Labor Humanitaria, para el colectivo de periodistas que además de lo que implica su trabajo de informar, arriesgan sus vidas en la ayuda a la población civil. Son muy valientes y tienen un corazón inmenso. Solamente las hienas, carroñeras, son insensibles ante el dolor humano.

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