Beethoven, el gran músico alemán del siglo dieciocho y diecinueve, era llamado «el español» por sus coetáneos. Perdió la audición siendo muy joven, compuso de manera independiente y libre, con el auspicio de mecenas, estuvo siempre acosado por problemas económicos y enfermedades.

Fue incomprendido en el amor, y aunque tuvo muchas alumnas y benefactoras mujeres a quien dedicó sus obras y una «amada inmortal» de la que poco se sabe, nunca se casó. Su genialidad musical lo rescató del suicidio y las dificultades, y su música sigue cautivando y mostrando aristas interpretativas a los doscientos cincuenta años de su nacimiento.

Tuvo la fama y la popularidad de un grupo de Rock, murió en la pobreza con un gran funeral, al que acudieron miles de personas y los colegas que lo admiraban. Su vida fue un permanente conflicto por alcanzar la estabilidad económica y afectiva, incluso la tutoría de su sobrino Karl, no le dio la satisfacción que esperaba.

Su sordera lo llevó casi el suicidio, como lo expresó en su Testamento de Heiligenstadt, pero se dio cuenta de que tenía mucho que decir en la música. Porque su música «expresa» sus dudas existenciales, su sensibilidad por la naturaleza, sus amores y sentimientos contrariados, las perturbaciones sociales y los eventos históricos de su época. Sus ideas y los avatares de su tiempo se reflejan en sus composiciones donde narra los conflictos de su alma.

Beethoven vive entre el Clasicismo y la tendencia del Sturm und Drang, corriente estética y literaria del siglo dieciocho que significa «tormenta e ímpetu», y que promovía un lenguaje musical filosófico que deseaba alcanzar «lo Absoluto».

Beethoven persiguió «lo Absoluto», y sus innovaciones musicales lo proyectaron como precursor del gran movimiento Romántico que abarcó la música, la literatura y las artes plásticas y que además constituyó un estilo de vida durante el siglo diecinueve.

Su música influyó en compositores futuros y actuales. Así lo comenta el joven músico franco- argentino Esteban Benzecry, destacado con la Beca Guggenheim y creador, entre otras obras, de la sinfonía «Rituales Amerindios»:

«Beethoven dejó como legado a los jóvenes compositores una posición innovadora: llevó la sinfonía a dimensiones nunca antes alcanzadas, por sus dimensiones: la Novena Sinfonía dura una hora y doce minutos; por sus componentes, transformó el minuetto en scherzo; por su instrumentación: le agregó trombones, solistas y coro. Anticipó el Poema Sinfónico con su Sinfonía Pastoral, la música programática en La Victoria de Wellington, en la que anticipa principios de estereofonía con la ubicación de los tambores que representan a ingleses y franceses, y, de teatro musical, al indicar el avance de los tambores ingleses cruzando el escenario hasta el lado ocupado por los franceses. Él hizo todo ésto como una evolución»

Sin duda, abrió el espectro musical a inusitadas posibilidades. Cultivó todos los géneros: pianístico con treinta dos sonatas para piano, música de cámara para conjuntos musicales de dos y ocho miembros, conciertos para violín, conciertos para piano, música sacra (dos misas y un oratorio), compuso la opera Fidelio, numerosas oberturas, coros, lieder, y piezas varias; compuso música para orquesta, como las famosas nueve sinfonías.

En las sinfonías concentra su estética musical, poniendo en relevancia diversos temas: los ideales de la Revolución francesa y de Napoleón a quien le dedica su Sinfonía número tres «Heroica», decepcionándose luego cuando se convierte en Emperador. Profundiza su sentir de la Naturaleza en la famosa Sinfonía número seis, «Pastoral», subtitulada «Recuerdos de la vida campestre», porque fueron esas caminatas por el campo la fuente de su inspiración, a veces acompañado del escritor Johann Wolfgang Goethe. La manera de abordar el tema de la naturaleza es subjetiva y sublimada, según las pautas románticas, que lo aproxima a la literatura de la época, pensemos en los Lakistas ingleses; pero también hay aspectos descriptivos y de observación precisa del entorno natural, que lo relacionan a la visión ecológica actual.

La modernidad de Beethoven radica en su fuerza existencial, en su desborde emocional, en su sensibilidad abierta, por éso es inspirador de las nuevas generaciones.

«Vi cuando niño la película animada Fantasía de Walt Disney -me dice John, ingeniero retirado- fue entonces que me volví aficionado a Beethoven y a la música clásica, así le pasó a muchos chicos en América, que no teníamos oportunidad de ir a conciertos, escuchar esa música en el film fue motivador».

La industria cinematográfica ha tomado la música de Beethoven para la banda sonora de numerosos filmes, recordemos La naranja Mecánica. Algunos directores se basaron en su vida, entre otros filmes: El sobrino de Beethoven de Paul Morrissey, (1985), Inmortal Beloved dirigida por Bernard Rose (1994), Copying Beethoven de Agnieszka Holland, de 2006.

Su música pasa fronteras. En Latinoamericano, México le dedica una estatua en pleno centro de la ciudad; en Argentina, el Claro de luna, es tan popular como el tango.

El reconocido director de orquesta internacional Mario Benzecry, director titular de la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional «José de San Martín, Argentina» y padre del compositor mencionado anteriormente, nos manifiesta:

«Beethoven representa al luchador que no se rinde ante nada: luchó contra la sordera, que lo aislaba del mundo exterior y logra vencerla abriendo la puerta hacia su mundo interior, dejándonos obras de una gran maestría y conectándose, inmortalmente, con el mundo exterior»

Beethoven fue llamado: el español, en su barrio de Bonn donde nació y en Viena donde vivió, me comenta Rafael Cerrato, escritor español de libros históricos: La Fe Bahai, Mutis, el sabio de Cádiz, entre otros; no solo por su tez morena sino por su abuela materna doña María Josefa Poll quien era española. Por otra parte, Beethoven siempre mostró interés por España, especialmente cuando la Guerra napoleónica. En España presentó sus sinfonías con gran éxito, incluso su ópera Fidelio (cuya trama sucede en Sevilla) se estrenó en el Teatro Real de Madrid en 1893.

Recientemente, el libro: España en los grandes músicos (Siruela) del musicólogo Andrés Ruiz Tarazona, investiga estos aspectos hispánicos en los creadores musicales, como el acercamiento de Beethoven a la familia de Cayetano Anastasio del Río, maestro fundador del Colegio español, donde el músico llevaba a su sobrino Karl.

Muchos actos y eventos se cancelaron este año debido a la pandemia, especialmente en Bonn donde nació. Recuerdo haber visitado la casa museo, haber visto sus partituras, documentos, algunos objetos, era como convivir un poco con el músico, llegaba gente de todas partes del mundo, coincidí con otros estudiantes sudamericanos que admiraban al músico y sentían, como yo, algo del delirio, la angustia, la exaltación, la febril desmesura de la Novena Sinfonía, considerada desde 2002, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Potencia emocional, frenesí, dolor existencial y amor a la vida estallan en el cuarto movimiento, basado en la «Oda a la alegría», el poema de Friedrich Schiller, que Beethoven siempre admiró y deseo musicalizar y logra incluir en su sinfonía, actualmente es el himno de la Unión Europea.

Qué mejor manera de recibir el 2021 que escuchando esta grandiosa obra, un canto de amor a la humanidad, a la alegría de vivir, a la confraternidad universal. ¡Gracias Beethoven!

¡FELIZ 2021!

3 Comentarios

  1. Bella nota. Con contenido, análisis, reflexiones, mensaje y redactada con cualidades literarias.
    Este tipo de periodismo tiene que estar mas presente. Educador y dando modelos.

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