La pandemia de la COVID-19 incrementó el número de trabajadores que viven en la pobreza en todo el mundo, y la desocupación castigó sobre todo a las mujeres y los jóvenes, indicA un nuevo análisis de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) informa la IPS.

La proporción de trabajadores pobres había disminuido de forma constante en todo el globo, desde 26,1 por ciento en 2000 hasta 6,7 por ciento en 2019, pero la pandemia interrumpió la tendencia, alcanzando 7,2 por ciento en 2020, aunque en 2021 se contrajo hasta 6,9 por ciento.

Esos porcentajes significan que otros ocho millones de trabajadores con sus familias viven bajo el umbral internacional de la pobreza, en el que se encontraban 230 millones de los aproximadamente 3350 millones de empleados en el mundo.

La proporción de trabajadores pobres aumentó en todas las regiones en 2020, excepto en Europa y Asia Central, donde la baja tasa del 0,3 por ciento de 2019 se mantuvo sin cambios, y solo Asia y el Pacífico redujo su tasa de pobreza laboral a 2,9 por ciento desde el inicio de la pandemia.

Mientras tanto, las dos regiones con las tasas de pobreza laboral más altas -África y los Estados árabes- experimentaron los mayores aumentos en los últimos dos años, en más de un punto porcentual cada una.

En cuanto a la desocupación, en 2021 la tasa se ubicó en 6,2 por ciento, muy superior a la de 5,4 por ciento existente antes de la pandemia, Eso se traduce en 28 millones de desempleados más en 2021 que en 2019, y la OIT estima que se mantendrá sobre los niveles previos a la covid por lo menos hasta 2023.

La tasa de inactividad –las personas que estando en condiciones de desempeñar una actividad laboral no hacen ninguna- se mantenía en 41 por ciento en 2021, 1,5 puntos porcentuales por encima de la de 2019, lo que significa 145 millones de personas más fuera de la población activa, y se estima que la cifra seguirá creciendo.

Además, la tasa de desocupación no refleja la reducción de las horas de trabajo de los que siguieron trabajando. En 2021, se perdieron 4,3 por ciento de las horas de trabajo mundiales en relación con el cuarto trimestre de 2019, equivalentes a 125 millones de empleos a tiempo completo (suponiendo una semana laboral de 48 horas).

Los grupos del mercado laboral más afectados por la crisis -las mujeres y los jóvenes- son los que se recuperan más lentamente. La tasa de desocupación para las mujeres se situó en 6,4 por ciento en 2021, apenas 0,1 puntos menos que en 2020, mientras que entre los hombres disminuyó 0,6 puntos porcentuales en el mismo periodo.

Las trabajadoras se vieron afectadas de forma desproporcionada, pues representaban 39,4 por ciento del total de ocupación justo antes de la pandemia, y tuvieron casi 45 por ciento de las pérdidas mundiales de ocupación en 2020.

Los jóvenes siguieron declarando tasas de desocupación más altas que antes de la pandemia en 40 de los 46 países con datos trimestrales disponibles para 2021.

La proporción de jóvenes de todo el mundo que no participan en la ocupación, la educación o la formación (NiNi) está en su nivel más alto desde 2005, cuando comenzó la serie estadística que sigue sus casos.

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) adoptados en 2015 por las Naciones Unidas, el ODS ocho, Trabajo decente y crecimiento económico, fijó en 2020 la meta de reducir sustancialmente la tasa de NiNi en los jóvenes, lo cual «está claro que no se ha cumplido», señaló el análisis de la OIT.

La tasa de NiNi juvenil se había mantenido sin cambios entre 2015 y 2019, rondando 22 por ciento, pero aumentó hasta el 23,3 por ciento en 2020, «lo que representó un aumento de casi 20 millones de jóvenes en esa situación poco envidiable», señala el estudio.

Aunque los jóvenes sólo representaban 13 por ciento del total de ocupación en 2019, representaron 34,2 por ciento de la disminución de ocupación en 2020. La educación técnica y profesional y la formación en el puesto de trabajo sufrieron una interrupción masiva, y muchos jóvenes abandonaron sus programas de estudio y formación

También hay pruebas de que las personas con discapacidad se vieron más afectadas, lo que preocupa particularmente a la OIT, ya que su tasa de desocupación ya era más alta que la de las personas sin discapacidad en la mayoría de los países.

Finalmente, el análisis indicó que el sector informal de la economía, donde trabajan unos 2000 millones de personas en el mundo, se vio afectado de forma desproporcionada en regiones como América Latina y el Caribe, e igualmente se hizo volátil la productividad de las empresas más pequeñas y aún de las medianas.

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