Asesinatos y ajedrez

Una partida de ajedrez entre dos amigos concluyó con ambos en el depósito de cadáveres en la ciudad rusa de Krasnoyarsk. Los trágicos hechos ya cuentan con algún precedente aunque en distinto y alejado escenario.

Todo se inició cuando dos amigos disputaban una partida de ajedrez en el rellano de la escalera de un edificio de la calle Volzhskaya, tras visitar a unos conocidos. El encuentro era seguido por un grupo de curiosos, entre ellos, varios residentes en el mismo inmueble.

Uno de los jugadores fue acusado por un espectador de estar mirando y llamar la atención de su novia. La discusión subió de tono y cariz, por lo que el hombre sacó un puñal y mató a uno de los ajedrecistas dejando al otro, que intentó defenderlo, gravemente herido falleciendo antes de llegar al hospital.

Cuando llegó la policía los dos jóvenes, que según las autoridades eran migrantes de 34 años, estaban en la entrada del edificio, uno ya muerto y el otro aun se mantenía a duras penas con vida. A pesar de los esfuerzos del equipo de emergencia desplazado no pudo sobrevivir.

Se tomaron en el lugar de los hechos, fotografías del tablero de ajedrez y las piezas esparcidas. Así, la partida de ajedrez concluyó con un doble crimen, un jaque mate mortal.

La policía detuvo al sospechoso, de 29 años, acusado del doble asesinato, señalando medios locales que se encontraba borracho.

Krasnoyarsk de más de un millón de habitantes es una de las principales estaciones dentro de la ruta del tren Transiberiano y cuenta con mucha inmigración, tanto interna, dentro de la propia Rusia como externa, procedente de Asia.

El asesino del ajedrez

Imagen callejera en Montevideo: la muerte juega al ajedrez
Imagen callejera en Montevideo: la muerte juega al ajedrez

Pero lo sucedido también rememora a la historia del conocido en Rusia como ‘el asesino del tablero de ajedrez’ o ‘el ajedrecista asesino’ o también, ‘el asesino del martillo’. Se trata de un conocido criminal en serie que fue llamado así porque colocaba una moneda en cada escaque del tablero, llegó a colocar 61 de las 64 pero se le probaron su implicación en 49 crímenes durante un periodo de catorce años.

El apodo nació tras registrar su casa y ver el tablero tras ser detenido, ya que antes era conocido como ‘el maníaco de Bittsevsky’. El asesino se llamaba Alexander Pichushkin y cometió la mayoría de sus asesinatos en el parque Bittsevsky, al sur de Moscú, donde jugaba al ajedrez con su abuelo.

Su primer crimen fue en 1992 con dieciocho años, cuando mató al compañero de clase que salía con su exnovia. En principio, se camufló como suicidio ya que salió literalmente por la ventana.

Pero, tras ocho años, en el año 2000 empezó su modus operandi, con la que inició su carrera de crímenes, actuar de noche, aislar a sus víctimas, especialmente indigentes, contando la excusa de la muerte de su perro, y luego los mataba por la espalda con fuertes golpes en el cráneo, especialmente con un martillo, aunque también usó palos o botellas de vodka, abandonando luego los cadáveres o tirándolos a las alcantarillas. Solo tres personas (dos hombres y una mujer) lograron sobrevivir. En total mató a 46 hombres y tres mujeres.

Mientras, seguía con su vida normal de trabajador en un supermercado y seguía jugando al ajedrez. Durante seis años aterrorizó la zona del parque, por ejemplo en 2001 cometió once asesinatos, seis de ellas en un solo mes. Fue detenido en junio de 2006 tras asesinar a su última víctima, una compañera de trabajo, lo que llevó a su detención y en 2007 en un mediático juicio fue condenado a cadena perpetua.

En su juicio afirmaba «disfrutar matando» resaltando que mató a 61 y no a 49 personas: «Una vida sin homicidios es para mí como una vida sin alimentos para ustedes», declaró.

Como es habitual, sus vecinos lo calificaban de muchacho «respetuoso y educado» y nadie se imaginaba lo que escondía. También, y como es conocido en estos casos de asesinos múltiples, muchas mujeres le escriben a la cárcel pidiéndole relaciones e incluso hay casos de alguna que se ha tatuado en su piel la cara del asesino junto a un tablero.

Por su parte, defensores del noble juego lamentan que se lo catalogue como ‘asesino del ajedrez’ citando que es más acertado ‘asesino del martillo’ apuntando, por un lado, que son millones los rusos que juegan y por otro, que usó el tablero solo como escenario casual de recuento ya que no figuraba ninguna pieza, sino solo monedas.

Hay un libro en español con el mismo título ‘El asesino del ajedrez’ de la escritora de novela negra y también psicóloga, Mercedes Gallego Moro, editado en 2013 y cuya acción se desarrolla en el Ensanche de Barcelona.

Hay que recordar que el cine guarda una relación también con películas con aparición del ajedrez y que desarrollan ideas de acción y asesinatos. Se puede citar la conocida ‘Jaque al asesino’ (1992, Knight moves en su original) de Carl Schenke, película alemana de suspense con un gran maestro acusado de asesinato, que se basa en la novela ‘Las casillas de la ciudad’ (1965) de John Brunner (1934-1995).

Hay otra película estadounidense con el mismo título ‘Jaque al asesino’ (2019) dirigida por el ruso Aleksandr Chernyaev. Además se pueden citar otras recientes con guiños ajedrecísticos como ‘9 días’ (2002), ‘Asesinato justo’ (2008), ‘Nacido para matar’ (2010) y ‘Juego peligroso’ (2014).

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, rama Periodismo con cursos de doctorado, estudios sobre Marruecos contemporáneo y el Sáhara Occidental. Más de 30 años de periodismo, la mayoría en prensa escrita, ha trabajado a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, casi 13 años en el extinto diario El Faro Información, en Algeciras, donde empezó de redactor y del que fue su último director y en Tánger dos años en un diario digital. Además ha participado en la mayoría de los Congresos de Periodistas del Estrecho desde el inicial en 1993 hasta 2019. Titulado en ajedrez por la UAH y UNED. Amante de Portugal. Ha publicado un libro, ‘Artículos periodísticos. Apuntes para la historia de la prensa de Algeciras’.

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