Mientras la Casa Blanca espera una respuesta del Tribunal Supremo de Estados Unidos —integrado por nueve jueces vitalicios, nominados por el presidente y confirmados por el Senado, con una mayoría conservadora actual de seis a tres— sobre su tercer recurso de urgencia en una semana para restringir el voto por correo, Alabama ha empezado este miércoles a enviar sus primeras papeletas de las midterms, según ha confirmado la oficina del secretario de Estado, Wes Allen. El envío llega en medio de la misma incertidumbre legal que llevó a Carolina del Norte a arrancar el proceso el pasado 4 de septiembre, y que alcanzará al menos a cinco estados más la semana del 13.

El pulso se libra formalmente ante la jueza Ketanji Brown Jackson, encargada de las apelaciones de urgencia procedentes del Primer Circuito, que fijó para este miércoles a las 16:00 hora del Este el plazo para que los estados y organizaciones demandantes respondan al recurso presentado el domingo por la Administración. Ese recurso pide anular el bloqueo indefinido que la jueza federal de Boston Indira Talwani impuso el viernes pasado sobre la norma revisada del Servicio Postal de Estados Unidos (USPS), que obliga a los estados a compartir con la agencia las listas de votantes por correo y a incluir códigos de barras en cada sobre.

El fiscal general John Sauer, en representación de la Administración, advirtió al Supremo de que «cada día que la orden judicial siga en pie corre el riesgo de sembrar confusión y caos» a medida que más estados emiten papeletas, y subrayó que, «una vez que esos sobres entran en el circuito postal, no hay forma de recuperarlos». La organización ACLU, uno de los grupos que litiga contra la norma, respondió a través de su directora del Proyecto de Derecho al Voto, Sophia Lin Lakin, que «es la propia Administración quien ha creado la emergencia que ahora pide a la corte que resuelva», y que el bloqueo de Talwani debería mantenerse.

A la disputa legal se suma una denuncia interna conocida esta semana, citada por el senador demócrata Richard Blumenthal, según la cual el portal informático que debería sustentar el sistema se construyó en apenas tres meses y medio, sin las pruebas técnicas habituales, y un solo error de código de barras podría anular lotes enteros de papeletas por lo demás válidas.

Donald Trump, quien llegó a la Casa Blanca por segunda vez tras años cuestionando sin pruebas la fiabilidad del voto por correo, ve así trasladado su litigio favorito al terreno más sensible posible: el momento exacto en que los votantes empiezan, de hecho, a recibir sus papeletas.

La secuencia —Alabama enviando sobres mientras el Supremo aún delibera— resume el pulso que definirá buena parte del terreno de juego de las midterms del 3 de noviembre: no solo quién gana los votos, sino bajo qué reglas se cuentan.

Según el Silver Bulletin de Nate Silver, los demócratas mantienen una ventaja de 6,6 puntos en el voto generacional al Congreso, mientras la aprobación neta de Trump se sitúa en -19,5 puntos, cifras que explican por qué cualquier variación en las reglas del voto por correo se lee en Washington como una variable electoral de primer orden y no como un simple trámite administrativo.

Se puede seguir toda la cobertura en el Observatorio Trump de Aquí Madrid.

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