Aprovechando que este sábado 2 mayo es el Día Internacional Contra el Acoso Escolar, Amnistía Internacional ha querido hacer hincapié en el aumento del ciberacoso a raíz del confinamiento.

«En tiempos de coronavirus, conviene recordar que el acoso escolar a través de las redes sociales sigue vigente y puede afectar a los alumnos y alumnas que lo venían sufriendo con anterioridad al confinamiento», explica Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España.

Por ello, en este contexto de pandemia en el que los estudiantes tienen menos contacto con sus centros escolares, es imprescindible que se refuercen las medidas preventivas y de protección existentes e impulsen campañas institucionales para que los niños y las niñas sepan dónde acudir en el caso de sufrir acoso.

«Es muy duro»

A diferencia del acoso presencial, el ciberacoso puede y suele ser anónimo. Además, por lo general, la persona que lo lleva a cabo no ve la reacción inmediata de la víctima, y las acciones pueden difundirse con rapidez en línea, lo que hace que la agresión sea continua y que aquellos que presencian el acoso sean muchos más.

«Creo que el ciberacoso es más permanente porque en este estado de confinamiento, es más habitual que la persona que lo sufre se aisle y no busque ayuda o comprensión o espacios seguros en los que poder expresar sus preocupaciones o problemas. Creo que es más fácil guardártelo para ti mismo cuando estás en casa», cuenta el estudiante Gabriel Noguerales.

Gabriel sabe muy bien de lo que habla porque sufrió en su propia persona lo que era el acoso. «Para mí el problema era mi propia personalidad. Yo me culpaba y para mí lo que estaba haciendo el resto de la gente no era culpa suya… Sino simplemente era yo. Y eso es muy duro», cuenta.

El acoso se puede dar de muchas maneras. «Desde una broma, que si fuera una broma aislada no habría problema, pero que cuando la pones en un contexto puede hacer mucho daño a la otra persona. O una foto que se difunde, o un comentario…»

Las redes sociales, un foco de odio

«Con tanta tecnología, la gente tiene más redes sociales, lo que provoca más medios para meterse con alguien. Y ahora con el tema del confinamiento muchas personas pueden caer en depresión o incluso querer suicidarse», son las duras palabras de Eva Ovies, otra estudiante.

«Una vez que algo se publica en redes sociales, ya se hace viral y mucha gente lo va a guardar, va a hacer capturas… y es difícil detenerlo», explica.

Por eso, desde Amnistía Internacional también han pedido que se valore la implementación de algún mecanismo complementario al número de teléfono existente, como una aplicación de móvil o una herramienta similar, que sea más cercana a los usos y costumbres de comunicación de los menores.

Grupos más vulnerables

Según datos de la Fundación ANAR, uno de cada cuatro casos de acoso escolar suceden a través de internet, «siendo necesario que el profesorado reciba formación especializada para combatirlo».

En entrevistas mantenidas con profesores, alumnos, padres y madres, Amnistía Internacional ha recogido diferentes testimonios que aseguran que el acoso escolar no termina en las aulas, y que ha aumentado, ya que «las clases virtuales y los grupos de trabajo a través de internet han crecido exponencialmente tras la suspensión de las clases presenciales».

Por ello, piden a las autoridades que durante la pandemia extremen las medidas de protección para aquellos alumnos y alumnas que llevan tiempo en el punto de mira de los acosadores, «como son las personas con discapacidad, LGTBI, personas de diferente perfil racial o personas con menos recursos económicos».

Mi madre nunca me lo ha confesado, pero yo estoy segura de que la primera palabra que pronuncié siendo bebé fue « ¿Por qué? » Años más tarde, en el colegio, los profesores me apodaron la niña de las tres preguntas y, desde entonces, tuve bastante claro que lo mío era la comunicación.

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