Sanders convierte las legislativas en una prueba para la izquierda demócrata

El senador independiente Bernie Sanders llega a las elecciones legislativas del 3 de noviembre con una red de más de ochenta candidaturas respaldadas durante este ciclo. Su equipo asegura que cerca de tres de cada cuatro superaron sus primarias, pero ese porcentaje no mide por sí solo el voto socialista en Estados Unidos: reúne a aspirantes con programas, territorios y relaciones diferentes con el Partido Demócrata.

La elección general permitirá comprobar ahora qué parte de esas victorias internas puede trasladarse a escaños y cargos públicos. El examen alcanza desde candidaturas al Congreso hasta legislaturas estatales y gobiernos locales, en un momento en el que el presidente Donald Trump presenta a sus adversarios como radicales y concentra sus ataques en figuras como el candidato al Senado por Michigan Abdul El-Sayed.

Más de ochenta respaldos, no ochenta candidatos socialistas

Sanders ha recorrido Maine, Florida, Texas y Michigan en la recta final. Según el recuento publicado por The Atlantic, ha apoyado a más de ochenta aspirantes federales, estatales y locales, y sus colaboradores calculan que casi el 75 por ciento ganó las primarias.

La relación pública de respaldos de Sanders incluye perfiles muy distintos. Algunos se definen como socialistas democráticos; otros se presentan como progresistas, sindicalistas o candidatos centrados en asuntos locales. Compartir el apoyo del senador no convierte automáticamente a todos en integrantes de una misma corriente organizada.

Tampoco existe una papeleta nacional de «ala Sanders». Los electores votan candidaturas concretas y las primarias se celebraron con reglas y niveles de participación diferentes. El porcentaje de victorias entre los aspirantes respaldados mide la eficacia de una selección política, pero no permite calcular qué proporción de los votantes demócratas se considera socialista.

DSA afronta su propia prueba electoral

Una medición más estricta corresponde a Democratic Socialists of America (DSA). Su publicación Democratic Left afirma que unas doscientas candidaturas y medidas respaldadas por capítulos de la organización estarán sometidas a voto el 3 de noviembre. La cifra abarca elecciones muy diferentes y no debe confundirse con doscientos aspirantes al Congreso.

La propia DSA prevé que siete de sus candidatos lleguen a la Cámara de Representantes: las titulares Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib, junto a Chris Rabb, Melat Kiros, Donavan McKinney, Darializa Avila-Chevalier y Claire Valdez. La organización considera que ninguno afronta una elección general competitiva, por lo que esos escaños mostrarían crecimiento institucional, pero no una penetración equivalente en territorios disputados.

El análisis publicado por Brookings identificó 282 candidatos avalados o recomendados por algún capítulo de DSA durante el ciclo hasta el 12 de agosto. Solo 29 tenían respaldo de la organización nacional; 203 competían por cargos locales o legislaturas estatales y apenas diez habían ganado en territorios con una inclinación partidista inferior a diez puntos demócratas.

Brookings advierte además de que los criterios de apoyo varían entre capítulos y que su base de datos constituye una aproximación imperfecta. En las carreras al Congreso o a cargos estatales, menos de la mitad de los candidatos incluidos había ganado sus primarias en la fecha de corte. La expansión existe, pero permanece concentrada en grandes ciudades y distritos claramente demócratas.

El-Sayed demuestra por qué no deben mezclarse las categorías

El caso de Michigan resume la dificultad. El-Sayed recibió el respaldo de Sanders y venció en las primarias demócratas con el 48,45 por ciento, frente al 47,55 de Haley Stevens, según los resultados certificados por el estado. Sin embargo, Brookings lo excluyó expresamente de su recuento de DSA porque no encontró un aval formal de la organización y porque el propio candidato se ha definido como capitalista.

El-Sayed representa una candidatura a la izquierda del aparato demócrata en sanidad, desigualdad y política exterior, pero describirlo sin más como candidato socialista falsearía la evidencia disponible. Como explicó este Observatorio, Trump ha convertido su fe musulmana en uno de los ejes de la campaña de Michigan y lo ha llamado «yihadista» sin aportar pruebas.

El corresponsal de elDiario.es en Washington Andrés Gil sitúa esos ataques dentro del endurecimiento de la campaña de Trump. Sanders acompañó a El-Sayed en Michigan y respondió que el presidente recurre a la islamofobia para desplazar la atención de la sanidad, la vivienda y los ingresos.

La Cámara ofrece el avance más visible

El crecimiento más tangible de DSA se concentra por ahora en la Cámara. Si se confirman las siete victorias que la organización considera previsibles, su delegación aumentará, aunque seguirá siendo una fracción pequeña de los 435 escaños. Su influencia podría resultar mayor que su tamaño cuando los márgenes internos del grupo demócrata sean estrechos.

Algunas elecciones locales permitirán medir otra dimensión. DSA participa por primera vez en contiendas para toda la ciudad de Los Ángeles y respalda candidaturas independientes o socialistas contra demócratas en Rhode Island e Indiana. Esos casos prueban estrategias diferentes: actuar dentro de las primarias demócratas, disputar una segunda vuelta o competir fuera de la papeleta del partido.

La diversidad impide sumar todos los votos como si expresaran una única preferencia ideológica. Una victoria municipal por la vivienda, otra legislativa por derechos laborales y una primaria congresual contra un titular pueden compartir organización y voluntariado, pero responden a electorados diferentes.

Un entorno nacional favorable no garantiza cada victoria

La izquierda demócrata llega a la votación dentro de un clima nacional favorable al partido. El promedio de encuestas de CNN actualizado el 27 de octubre sitúa a los demócratas en el 52 por ciento y a los republicanos en el 43 en el voto genérico para la Cámara.

Ese promedio reúne cinco sondeos nacionales recientes y no es una proyección de escaños. Tampoco permite atribuir nueve puntos de ventaja a Sanders, a DSA o a una corriente concreta: pregunta qué partido prefieren los votantes en su distrito, no qué posición ocupan dentro de la coalición demócrata.

La prueba del 3 de noviembre tendrá por ello tres resultados distintos. El primero será cuántos candidatos respaldados por Sanders ganan. El segundo, cuántos avalados formalmente por DSA obtienen cargos y dónde. El tercero, más difícil de medir, será si sus propuestas condicionan la agenda de un eventual Congreso demócrata.

Las primarias han mostrado que existe una izquierda con capacidad para organizar campañas, recaudar fondos y derrotar a candidatos del aparato. Las elecciones generales dirán si esa fuerza amplía su territorio o continúa concentrada en distritos seguros. Hasta entonces, hablar de un «voto socialista» nacional sería atribuir una unidad que los datos todavía no demuestran.

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