Abriendo la sección Klasikoakde, en esta 74 edición del Festival de Cine de San Sebastián se ha proyectado con copia restaurada la película El desencanto de Jaime Chávarri, una producción de Elias Querejeta que cincuenta años atrás participaba en la competición del festival y que marcó en 1976 la voluntad de resistencia contra el franquismo.
Su productor y el equipo de la película decidieron retirarla de la competición y numerosos periodistas boicotearon la cobertura del certamen a raíz del asesinato en Hondarribia del manifestante Josu Zabala, por disparos de la Guardia Civil.
A guisa de reparación medio siglo después, el Festival ha promovido la proyección de la película y organizado una significativa y pequeña exposición en el museo de San Telmo, con el titulo «Una actitud de defección, el gesto que cambió el rumbo del festival de San Sebastián 1976» en la que se relatan los hechos, con fotos y documentos de la época.
«Como protesta a la brutal represión que viene padeciendo el pueblo vasco y que de modo trágico y terrible se ha concretado una vez más en los últimos acontecimientos públicamente conocidos, quienes participamos en la realización de El desencanto hemos decidido unánimemente retirar la película del XXIV Festival Internacional de Cine de San Sebastián» se afirma en la carta que enviaron a la dirección del festival y a la prensa, el productor Elías Querejeta, el director Jaime Chávarri y buena parte del equipo incluidos Felicidad Blanc y los hermanos Panero.
Numerosos fueron los mensajes de solidaridad con esa protesta, como lo testimonian los telegramas enviados por Maruja Torres, Pilar Miro o Diego Galán, entre otros. La actriz Ángela Molina recusó por su parte la invitación del festival «ante la penosa situación en el país vasco».
La revista satírica El Papus denunciaba «El festival de carcas de San Sebastian», y la revista Destino publicaba un artículo con el titulo: «El martirio de San Sebastian» reclamando una democratización del festival.
Tras la muerte del dictador en 1975, cabe recordar que una violenta represión contra múltiples huelgas y manifestaciones precedió en todo el Estado español a la ulterior negociación de la transición democrática.
Asociaciones de vecinos y colectivos de barrios en Donostia condenaron «la brutal política represiva» y la amenaza del gobierno de organizar el festival en otra ciudad. A raíz de esa ola de protestas el gobierno aceptó por vez primera que el festival fuera organizado por las autoridades de San Sebastián, abriéndose así una nueva era en la organización de este certamen que siempre ha tenido un gran apoyo popular.

El desencanto de Jaime Chávarri una película emblemática
Este documental, cuyo titulo es sinónimo hoy de las limitaciones de la transición democrática, abordaba a través de entrevistas entrecruzadas la historia de la familia Panero. Los testimonios de Felicidad Blanc, viuda del poeta falangista Leopoldo Panero (fallecido en 1962) y de sus tres hijos Juan Luis, Michi y Leopoldo María, evocan con detalle las contradicciones de esa familia de intelectuales y poetas, como eco de una sociedad franquista ya en plena descomposición.
Tuve la ocasión de conocer a Leopoldo Maria Panero en su época de estudiante izquierdista, aunque luego nos perdimos de vista con el tiempo. Los hermanos Panero, como la mayoría de la juventud de esa España franquista, salieron por así decir contestatarios o rojos, frente a las injusticias, la represión, la censura, la corrupción y la decadencia del nacional catolicismo.
Esa concienciación era muy común durante el franquismo a mediados de los años sesenta entre los universitarios hijos de familias franquistas e incluso militares. Pero el más radical de los hermanos fue sin duda Leopoldo María, quien se afirmó como brillante poeta.
El personaje de Felicidad Blanc es así mismo muy singular. Intelectual, escritora y traductora, en su libro de memorias Espejo de sombras se define como una mujer de izquierdas, republicana, pero totalmente aislada en un entorno conservador y casada desde 1941 con un conocido poeta del régimen fascista. A lo largo de la película comprendemos mejor el acoso machista que padeció con su esposo, un hombre que sus hijos definen como brutal y alcohólico, un padre ausente para sus hijos, celoso y castrador para esa mujer inteligente y antaño libre en su juventud.
Con un fino montaje, realizado por José Salcedo, con Teo Escamilla como director de fotografía, Chavarri muestra en sus imágenes en blanco y negro la decadencia de la sociedad franquista, reflejada en ese microcosmos familiar. Las opiniones divergentes de cada hermano sobre la muerte del padre y sobre la crisis provocada por el encarcelamiento de Leopoldo Maria, y su ulterior internamiento en el psiquiátrico de Mondragón, se cruzan con las de su madre que, aunque muy crítica, intenta mantener las apariencias.
El hermano mayor Juan Luis es el que mas defiende la imagen familiar, frente al más critico Michi, el hermano pequeño, quien pronuncia la palabra «desencanto» para referirse a esa experiencia traumática familiar y política de su vida.
El más taciturno y menos hablador es curiosamente Leopoldo Maria en la primera mitad de la película, ya conocido poeta y el más izquierdista de la familia cuando se rodó. Sin embargo, es también el más cáustico a la hora de destruir la hipócrita «leyenda épica de la familia», cuando habla de «un padre brutal» y afirma que «la verdad es mucho mas deprimente».
Leopoldo Maria, ocupa con sus reflexiones la segunda mitad, cuando en principio no quería participar en la película , y ajusta cuentas también con su madre quien «tras una tentativa de suicidio de opereta, decidió internarlo en un hospital psiquiátrico» debido asimismo a su consumo de drogas.
Conviene recordar que el origen de este proyecto era hacer un documental evocando la figura de Leopoldo Panero padre, lo que se transformó en retrato coral y familiar, en el que poco a poco toma protagonismo la figura de Leopoldo Maria.
Entrecruzando los testimonios y disputas sobre sus vivencias con el carismático padre y esposo, la película traza un contradictorio y crítico retrato de Leopoldo Panero padre, pero sobre todo una radiografía de esa esquizofrenia familiar que Leopoldo Maria reivindica como muy positiva frente a la «paranoia» de su hermano mayor.
Todos ellos libran sus mas intimas reflexiones ante la cámara. Una familia reflejo de ese fin de época de una sociedad franquista enferma y decadente. Y un desencanto familiar como eco del desencanto de esa «transición democrática» tras la muerte de Franco en 1975. En resumen un documental genial que vale la pena ver y volver a ver tantos años después.
- Pie de foto: San Sebastián 1976, llegada de la familia Panero a la sede del Festival para la presentación de El desencanto




