Esta entrega del Observatorio Trump recoge el giro que el presidente Donald Trump ha dado esta semana a su estrategia frente a Irán: el martes ordenó a su equipo negociador —el vicepresidente JD Vance y los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner— suspender todo contacto con Teherán, según reveló CNN citando a funcionarios estadounidenses.
La orden llegó pese a que, según los mismos funcionarios, las conversaciones habían sido recientemente calificadas de «positivas». La Casa Blanca ha trasladado a sus aliados políticos que el objetivo ya no es forzar un acuerdo rápido, sino ir asfixiando a Irán de forma gradual.
El giro coincide con un endurecimiento regional: los Emiratos Árabes Unidos suspendieron todas sus transacciones comerciales y financieras con Irán, según informó CNN, mientras el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz continúa muy por debajo de lo habitual: apenas seis buques lo cruzaron en las últimas veinticuatro horas, según datos de seguimiento marítimo recogidos por la misma cadena. Trump, sin embargo, aseguró este miércoles que la situación con Irán está «muy bien encaminada» y que el bloqueo naval estadounidense «ha sido extremadamente eficaz», sin descartar reanudar el diálogo «en algún momento».
El coste humano del conflicto sigue en aumento. Según la base de datos de bajas del Departamento de Defensa, citada por CNN, dieciocho militares estadounidenses han muerto y 757 han resultado heridos desde el inicio de las hostilidades. Los precios del petróleo permanecen elevados, y el propio Irán ha reconocido, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, que el bloqueo estadounidense sobre sus puertos ha dificultado notablemente sus importaciones y ha contribuido a la subida de precios internos.
La reacción política inmediata ha llegado por la vía de la oposición partidista formal. El senador Richard Blumenthal, demócrata de Connecticut y miembro de la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado, calificó el cambio de estrategia como la prueba de que la Administración «ha llegado a un callejón sin salida», y comparó la situación con el despliegue indefinido del portaaviones USS Abraham Lincoln, ya registrado en este Observatorio. «Es un juego de gallina peligroso», resumió en declaraciones a CNN.
Esa crítica formal conviene distinguirla del malestar, distinto y anterior, que ya venía fraguándose dentro de las propias filas republicanas. Un grupo de senadores del partido del presidente, que pidieron mantener el anonimato, había trasladado semanas atrás su frustración por lo que consideran mensajes contradictorios de la Casa Blanca sobre el estado real de las reservas de misiles estadounidenses, y habían reclamado explicaciones más claras antes de aprobar nuevas partidas de gasto militar para el conflicto. Se trata, de nuevo, de dos planos distintos: la resistencia institucional dentro de la propia mayoría gobernante no equivale a la oposición formal del Partido Demócrata, aunque ambas coincidan en cuestionar la falta de una estrategia de salida.
Trump, por su parte, insiste en que no tiene prisa. Ha añadido además, en su cuenta de Truth Social, que lanzará una «operación económica aplastante» contra Irán, una amenaza que Teherán ha desestimado calificándola de «distracción» que solo le acarreará «una nueva derrota».
De cara al 3 de noviembre, este Observatorio seguirá si el relato de «asfixia gradual» logra sustituir ante la opinión pública la narrativa de un conflicto sin desenlace claro, o si, por el contrario, el aumento sostenido de bajas y el encarecimiento del combustible terminan de erosionar el respaldo republicano que ya empezaba a resquebrajarse en las encuestas del verano.




