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Sólo olas de calor o clima acelerado

Las olas de calor inundan nuestras tierras, azotan la cuenca mediterránea y se extienden por todo el globo terráqueo. No son sólo las temperaturas máximas, también las mínimas; no sólo es en tierra, también en el mar; y parece una aceleración del cambio climático. La acumulación de récords en las temperaturas por todo el globo terráqueo ha llevado a decir -a los científicos del Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea- que el planeta se dirige hacia un «territorio desconocido».

Temperaturas elevadas y olas de calor

Lo que llevamos de julio 2023 ha sido el período más cálido registrado hasta ahora, comparativamente desde 1979 -según un informe de Copernicus-, resultado que se obtiene midiendo la temperatura media diaria del aire en superficie. Este mes de julio se ha convertido no sólo en el más caluroso sino también el mes con temperaturas más altas en términos absolutos. 

Las olas de calor pueden ser extremadamente peligrosas. El año pasado provocaron en Europa 61.672 muertes, en Italia fueron 18.010 muertes, en España 11.324 y en Alemania 8173. En este momento -verano de 2023- las elevadas temperaturas se extienden por los países europeos del sur -España, Italia y Grecia, principalmente- y por los países africanos ribereños del Mediterráneo, en particular, Argelia.

Como consecuencia de las constantes temperaturas tan elevadas se están produciendo graves incendios, por sus dimensiones y su incontrolable avance, especialmente en Grecia. Desde el 18 de julio el fuego arrasa zonas forestales de Ática (Grecia) que sobrevivieron a incendios de años anteriores. Miles de personas han tenido que ser evacuadas de la turística isla de Rodas por un incendio fuera de control.

No sólo aquí, también el resto del globo terráqueo

Las altas temperaturas se extienden por todo el hemisferio norte de la Tierra. En Estados Unidos más de noventa millones de personas -desde Florida hasta Texas, y desde Oklahoma hasta Georgia- sufren el calor extremo con máximas entre los 39,5 grados Celsius o centígrados (°C) y 51,6 °C. En China las olas de calor están presentes desde junio, y Pekín ha alcanzado veintiocho veces los 35 °C este verano, por lo que, mucha gente se viste con prendas especiales que protegen de las radiaciones.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU prevé que, por cada 0,5 °C de incremento de la temperatura media del planeta se produzcan aumentos significativos en la intensidad y frecuencia de las altas temperaturas incluidas las olas de calor.

No sólo las máximas, también las mínimas

El problema se agudiza porque el calor continúa por las noches. Las temperaturas mínimas también son muy elevadas, que no bajan de veinte grados, e incluso por encima de veinticinco grados, en la mitad suroriental peninsular, especialmente en el tercio sureste, y en Baleares.

Por ejemplo, en Madrid, tales episodios se han duplicado desde mediados del siglo pasado. «En treinta años, de los sesenta a los ochenta, se registraron diecisiete noches tropicales al año en el observatorio de El Retiro, mientras que de 1991 a 2020 son 35», destaca el meteorólogo Rubén del Campo, y añade que «desde la primera vez en 1987 a esta década, es decir, en sesenta años hemos pasado de no tener ninguna a una por verano».

Lo mismo sucede en el resto de España: en el conjunto de las diez capitales más pobladas -en las que vive una quinta parte de los habitantes del país- hay diez veces más noches tórridas ahora que en los años ochenta.

No sólo en tierra, también en el mar

La temperatura no sólo aumenta en la superficie terrestre, también en los mares. Como ha avisado la Organización Meteorológica Mundial (OMM): «Estas temperaturas de récord tanto en el océano como en el mar continúan en julio». El 7 de julio se midió 17,24 ºC de temperatura media -en todo el planeta- lo que superó el anterior máximo que se había registrado el 16 de agosto de 2016 con 16,94º C.

Omar Baddur, jefe de Vigilancia Climática de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), destaca que «el calor externo en el océano tiene muchas implicaciones en el tiempo. Acaba por producir esas olas de calor marinas que afectan a los ecosistemas y a la pesca, pero también a los eventos meteorológicos extremos como los huracanes, las precipitaciones torrenciales y las sequías».

En España, según los datos del Sistema de Observación y Predicción Costero de las Islas Baleares (SOCIB), el mar de Alborán está a 25 ºC -tres por encima- y el mar de las Islas Baleares llega a 27 ºC, cuatro más que la media.

No sólo olas de calor, también ser pobre

Julio Díaz, profesor de investigación en el Instituto de Salud Carlos III, tiene claro que el factor de más riesgo para la salud de las altas temperaturas no es ni la edad ni el hecho de tener patologías previas, sino la pobreza: cuanto menor es la renta de los hogares, mayor es el impacto de las olas de calor.

«El principal factor de riesgo en olas de calor es ser pobre», como demuestra uno de los estudios del instituto en el que trabaja. Así en Madrid «el impacto del calor es mayor en los distritos más pobres: Carabanchel y Puente de Vallecas». Otro factor clave es la calidad de la vivienda, porque si una casa está bien acondicionada, «es más difícil sufrir el impacto del calor», afirma.

No somos la gente, son las empresas monopolistas

El petróleo, el gas y el carbón siguen siendo los sectores más contaminantes, con casi la mitad del total de las emisiones industriales. En España -según el Observatorio de la Sostenibilidad- Repsol produce el 12,4 por ciento, Endesa el 10 por ciento, y Naturgy, el 6,6 por ciento de las emisiones, es decir, sólo tres oligopolios se acercan al tercio del total. Su obligación de reducir progresivamente las emisiones lleva años de retraso.

La abogada Sims -en representación de dieciséis municipios en Puerto Rico- trata de conseguir legalmente que los monopolios del petróleo y el gas paguen por la devastación provocada por el cambio climático en Puerto Rico. La demanda va contra Exxon Mobil, Chevron, Royal Dutch Shell y BP, debido a que desde 1965, tales monopolios han producido el cuarenta por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Es urgente la reducción de las emisiones de gases

El cambio climático ya está aquí. Tenemos todavía, sin embargo, margen de maniobra. Lo primero sería suprimir el mercado de emisiones que permite a los países desarrollados seguir emitiendo gases al comprar derechos de emisión a los países en desarrollo. Se trata de reducir las emisiones globales, y los países más desarrollados -los principales emisores- tienen que reducir emisiones urgentemente.

Sin duda, los proyectos de reforestación -algunas campañas masivas como se ha hecho en China y en otras partes del mundo- son positivos y contribuyen a hacer menos grave el problema. Pero por la magnitud de las emisiones, esas medidas no pueden ser capaces de compensarlas, de eliminar el exceso de CO2.

Como otras medidas -la economía circular, el fomento de las renovables y la eficiencia energética- ayudan, van en la buena dirección, contribuyen a reducir las amenazas y los problemas, pero por sí solas no pueden resolverlos. Ni siquiera sumándolas todas. El factor decisivo es reducir las emisiones.

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