Brooke Rollins, secretaria de Agricultura de EEUU, propone «pollo, brócoli y tortita» para sobrevivir a la inflación. No es nutrición: es una propuesta para pasar hambre.
Cuando el poder se queda sin política, se pasa a la pedagogía doméstica. Y cuando la vida se encarece, el mensaje oficial no siempre es «vamos a protegerte», sino «aprende a apañarte».
La reciente sugerencia de Brooke Rollins, secretaria de Agricultura de Estados Unidos, de enfrentar el coste de la vida y cumplir con las guías de salud a base de «un trozo de pollo, un trozo de brócoli y una tortilla de maíz» no es un simple desliz televisivo: es un síntoma.
No porque el pollo sea malo. Ni porque el brócoli sea una conspiración. Ni porque una tortita sea un delito cultural. El problema es el subtexto: la inflación convertida en cuestión de autocontrol y la pobreza rebajada a «elección personal».
La frase ha provocado burlas, indignación y memes. Era inevitable. Pero el escándalo no es el menú en sí. El escándalo es lo que el menú intenta hacer: convertir una crisis estructural en un problema de hábitos individuales.
Es decirle a millones de trabajadores que el problema no son los salarios, ni los alquileres, ni la cadena de precios, sino su plato.
La falacia de la simplicidad: cuando el Estado se lava las manos
Rollins no habla como una persona, habla como un sistema. Un sistema que prefiere una receta rápida antes que tocar lo difícil: el poder adquisitivo real. Por eso el «pollo, brócoli y tortilla» funciona como discurso perfecto: es limpio, televisivo y moralizante.
La trampa es sencilla: si la solución es «comer mejor», entonces el problema ya no es político. Es tuyo. Si no llegas a fin de mes, si engordas, si enfermas, si te falta energía, si te faltan nutrientes… el fallo no es del mercado ni del gobierno: es tuyo por «no saber elegir».
Así se desactiva cualquier discusión seria. No sobre la inflación, sino sobre la dignidad: ¿de verdad un país rico está proponiendo a su clase trabajadora una dieta de supervivencia y llamándola «salud»?
«Que coman pasteles», pero versión fitness
La frase atribuida a María Antonieta ha sobrevivido siglos no porque fuera exacta, sino porque es útil: captura en una línea la ignorancia de la élite frente a la escasez. El «pollo, brócoli y tortilla» es su actualización dietética. Un «que coman pasteles» con macronutrientes. Y lo más venenoso de ese formato no es que sea paternalista: es que renuncia a gobernar. Porque cuando la ciudadanía espera políticas de precios, cadenas de suministro robustas, seguridad alimentaria o protección salarial, lo que recibe es una receta minimalista y un gesto de superioridad moral.
No es austeridad, es disciplina impuesta desde arriba.
Y esa disciplina no vive en el vacío: vive en números. Si se mira el periodo 2023–2026 desde España, el salario mínimo sube un 13,06 por ciento.
Pero la cesta de la compra no se comporta como un bloque homogéneo: hay productos que se estabilizan y otros que se disparan. Leche y pan apenas se mueven y dan un respiro; el pollo sube de manera moderada; y sin embargo las verduras frescas (como el brócoli) y ciertos procesados baratos se vuelven más volátiles, empujando al consumidor hacia lo que alimenta peor pero sale más «predecible» en la caja.
En otras palabras: puedes respirar en básicos, pero lo saludable se encarece justo donde más duele.
El menú de tres dólares (2,58 euros): comer desde una hoja de cálculo

Rollins añadió un detalle que lo delata todo: dijo que tras «más de mil simulaciones» su administración había demostrado que se puede comer sano por tres dólares con ese menú exacto: un trozo de pollo, un trozo de brócoli, una tortita… y «una cosa más».
Esa coletilla («una cosa más») es el truco clásico del excel: el hueco invisible que hace que el cálculo cierre. Porque a partir de ahí ya no estamos hablando de un menú. Estamos hablando de una ración. De un estándar mínimo diseñado para que cuadre el relato, no para que aguante una vida.
La diferencia entre el plato real y el plato de propaganda no está en los ingredientes. Está en las cantidades, en el contexto y, sobre todo, en la intención. Lo que se vende como «solución saludable» suele ser otra cosa: una legitimación del recorte.
Y ese recorte tiene una ventaja política brutal: no necesita leyes. Solo necesita vergüenza. Que te acostumbres a pedir menos, a comer menos, a vivir menos… y encima a sentirte culpable por exigir algo tan elemental como energía para trabajar y dignidad para existir.
Ese es el punto donde la comparación con Europa deja de ser un debate técnico y se convierte en un diagnóstico moral.
España sube el salario mínimo e intenta compensar parte del golpe del súper. Estados Unidos congela el mínimo federal: la vida sube, el suelo no. El resultado es transparente: aquí se amortigua el impacto; allí se normaliza el empobrecimiento y se le pone nombre bonito.
No es un consejo: es una renuncia. No es una dieta: es una doctrina. Y cuando te dicen que la inflación se combate con un trozo de pollo, lo que están recortando no es la cesta de la compra: es a ti.
En España no tenemos Señora Brooke pero el aumento del precio de la vivienda empuja en la misma dirección en las ciudades grandes y en las costas.
El «Menú Rollins» ($3) en detalle
Aunque los ingredientes parecen los mismos, la cantidad y la intención cambian radicalmente la propuesta de menú diario.
| Concepto | Menú (Método Harvard) | Menú Viral Brooke Rollins ($3) |
| 🍗 Pollo | 150g – 200g (Un cuarto de plato). Cantidad suficiente para un adulto. | «A piece» (Un trozo). En sus simulaciones de coste, esto suele equivaler a unos 60-80g (menos de medio filete). |
| 🥦 Brócoli | Media bolsa / Medio plato. El objetivo es saciarte y llenarte de fibra. | «A piece» (Un ramillete). Una cantidad simbólica para decir que hay verdura, pero insuficiente para saciar. |
| 🌽 Hidrato | Patata/Legumbre/Pan. Variado y saciante. | Una Tortita de maíz. Barata y subvencionada, pero poco valor nutricional por sí sola. |
| ➕ Extra | Aceite de oliva, fruta, lácteo. | «And one other thing» (Y una cosa más). Fue muy vaga, pero sugiere algo barato como un poco de arroz o agua del grifo. |
| 😋 Resultado | Sales comido y nutrido. | Te quedas con hambre a la hora. Es una «ración de supervivencia». |
¿Por qué lo ha dicho? (El contexto político)
Rollins soltó esta frase para defenderse de las críticas por la inflación. Su mensaje subliminal es: «Si la gente se queja de que el carro de la compra es caro, es porque comen demasiado o eligen mal. Si comieran raciones justas (pequeñas) de lo básico, les saldría barato».
Análisis nutricional de su propuesta
Ese menú de «un trozo de cada cosa»:
- Calorías Insuficientes: Apenas llegaría a las 300-400 calorías. Un adulto trabajador necesita entre 600-800 por comida principal.
- Déficit de Proteína: Con un trozo pequeño de pollo no llegas a los requerimientos para mantener masa muscular.
- Hambre asegurada: Al tener poca grasa y poca fibra (poca verdura), el pico de glucosa de la tortita de maíz te hará tener hambre de nuevo muy rápido.
Conclusión para tu bolsillo
Lo que propone la Secretaria de Agricultura es técnicamente posible (sí, vale tres dólares), pero no es un menú de vida real, es un menú de «hoja de cálculo».
Mi consejo: Quédate con el plan de «mitad verduras / cuarto proteína / cuarto hidrato». El plan de Rollins es básicamente una dieta de adelgazamiento forzoso disfrazada de política económica.




